(Esta columna de Robert Zoellick, representante de Comercio
de Estados Unidos, se publicó en el Financial Times
el 22 de septiembre y es del dominio público.)
Los minutos finales de la sesión de
la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún
fueron sintomáticos de toda la reunión: quedamos
estancados después de que los representantes de los
países menos desarrollados, africanos y del Caribe,
informaron que sus colegas habían rechazado toda
negociación para actualizar las reglas de 1947 sobre
procedimientos aduaneros.
La ruptura ocurrió con respecto a
medidas que simplemente habrían facilitado el comercio
y ayudado a los países que carecen de salida al mar,
al asegurar la pronta liberación de bienes, publicación
de procedimientos y decisiones oportunas e imparciales sobre
cuestiones aduaneras. Estas medidas sensatas responden al
interés de todos; rechazarlas fue una declaración
política. Tristemente, esta decisión fue emblemática
de una cultura más amplia de protesta que definió
la victoria en términos de actos políticos
en vez de resultados económicos.
Mientras el secretario de Relaciones Exteriores
de México y presidente de la reunión, Luis
Ernesto Derbez, clausuraba la sesión, representantes
de países en desarrollo influyentes se adelantaron
para decir que querían seguir. Reconocieron correctamente
que el texto del borrador ofrecía una oportunidad
excelente de presionar a la Unión Europea (UE) para
que eliminara los subsidios a las exportaciones agrícolas;
de lograr grandes reducciones en los subsidios agrícolas
en Estados Unidos, la UE y otros países; de imponer
un límite a los aranceles japoneses increíblemente
altos, y de abrir los mercados agrícolas a los países
desarrollados y en desarrollo por igual. Pero llegaron demasiado
tarde.
La noche anterior, un país tras otro
se había expresado despectivamente del texto del
borrador, el proceso de negociación y otros países.
La Asamblea General de las Naciones Unidas tiene su función,
pero no ofrece un modelo eficaz para las negociaciones comerciales.
Unos pocos ministros señalaron que la retórica
cada vez más extremista haría más difícil
para todos - especialmente para los grupos de países
en desarrollo con muchos miembros más pequeños
- considerar compromisos realistas. Es improbable que los
países que se sienten victimizados acuerden cosa
alguna.
Cancún podía haber seguido
un curso diferente. Sólo unas semanas antes habíamos
trabajado juntos para resolver la difícil cuestión
de asegurar que los países en desarrollo pobres pudieran
conseguir acceso a medicinas de bajo costo y que salvan
vidas, al tiempo que se protegía la propiedad intelectual.
Pero en Cancún las tácticas de los negativistas
frustraron a quienes habrían reducido los subsidios
y aranceles agrícolas, impulsando la reforma de la
política agraria en Estados Unidos, la UE, Japón
y otras partes. Pasaron por alto una oportunidad de abrir
gradualmente a otros países en desarrollo los mercados
de los países en desarrollo. Bloquearon las redes
mundiales de origen y producción que integran en
beneficio mutuo a las empresas de los países desarrollados
y en desarrollo. Y se apartaron de las reglas sobre apertura
y transparencia que combaten el favoritismo y la corrupción.
Países en desarrollo claves de nivel
medio usaron la retórica de la resistencia como táctica
para presionar a los países desarrollados y para
desviar la atención de sus propias barreras comerciales.
El arancel agrícola general promedio de la India
es del 112 por ciento, el de Egipto del 62 por ciento y
el de Brasil del 37 por ciento, comparado con el promedio
de Estados Unidos del 12 por ciento. Deberíamos ser
capaces de reducir estas barreras mientras protegemos a
las naciones más pobres y proveemos flexibilidad
para las sensibilidades especiales en los países
más grandes.
Después de que Estados Unidos presionó
a la Unión Europea a desarrollar una estructura agrícola
que pueda lograr reducciones de subsidios y aranceles agrícolas
mucho más allá de los logrados en la última
negociación comercial mundial, les pedimos a Brasil
y a otras potencias agrícolas que trabajasen con
nosotros. Brasil declinó, volviéndose en cambio
hacia la India, que nunca ha apoyado la apertura de mercados,
a fin de hacer hincapié en la división norte-sur
en vez de en la reforma agrícola mundial.
Los países en desarrollo más
pequeños resistieron la reducción de aranceles
de Estados Unidos y de la Unión Europea porque calcularon
que ellos podrían perder las ventajas ofrecidas por
los programas especiales estadounidenses y de la UE que
eliminan aranceles solamente sobre sus exportaciones. Desafortunadamente,
estos programas bien intencionados de preferencias comerciales
han debilitado el impulso a la apertura en ambas direcciones,
perpetuando la dependencia.
Cuatro países africanos insistieron
en una "compensación" de entre 250 a 1.000
millones de dólares anuales, y la eliminación
unilateral de los subsidios al algodón. En el curso
de los últimos 50 años las negociaciones mundiales
han progresado porque los países pudieron canjear
reducciones de productos e incluso sectores para lograr
un resultado equilibrado. Estados Unidos no tiene subsidios
de exportación para el algodón y propuso la
eliminación de todos los subsidios de exportación.
Nos comprometimos a reducir los subsidios internos al algodón
como parte de un programa general que también habría
reducido los subsidios europeos y chino al algodón,
junto con todos los subsidios agrícolas. En vez de
tomar al algodón como un símbolo, queríamos
hacer una realidad del desarrollo por medio de resultados
concretos para los productores y exportadores de algodón
y fabricantes de productos de algodón, junto con
todos los agricultores.
Las tácticas del enfrentamiento incluyeron
un ataque a uno de los pocos mecanismos que puede usar la
OMC para empujar a sus 148 miembros hacia un consenso: la
presentación por la presidencia de un texto para
discusión y negociación. Brasil, la India
y otros se negaron siquiera a considerar un texto agrícola
preparado por el presidente uruguayo de la OMC y presentado
por el director general tailandés de la OMC. Incluso
después de que el infatigable ministro de Singapur
había preparado, trabajando incesantemente con todas
las partes, un nuevo borrador agrícola que reflejara
un compromiso equilibrado, Brasil y sus colegas presentaron
una lista masiva de cambios requeridos. Si actuaban con
seriedad en cuanto a negociar un compromiso para 148 países,
excedieron su jugada al no señalar esa intención.
Regresaron a sus países sin reducción alguna
en subsidios o aranceles.
Cuando clausuraba la reunión de Cancún,
el presidente de la conferencia, Derbez, pidió a
los países que volvieran a evaluar las perspectivas
para el 15 de diciembre. Sabemos bien lo que piden los países
en desarrollo, pero no hemos oído si las economías
en desarrollo más competitivas reducirán sus
altas barreras. No sabemos si otros países en desarrollo
que bloquearon la acción en Cancún ahora aceptarán
programas que les piden poco o nada. Estados Unidos está
dispuesto a trabajar con el texto del borrador a través
de toda la agenda. Sin embargo, a medida que las negociaciones
de Doha van a la deriva hacia el próximo año,
reconocemos que una nueva Comisión Europea podría
reflejar perspectivas diferentes.
Muchos países - desarrollados
y en desarrollo - quedaron consternados por la transformación
de la OMC en un foro para las políticas de protesta.
Algunos resistieron la presión para unirse a la agitación
de vecinos en desarrollo más grandes. Desde luego,
las posiciones negociadoras difirieron. Pero la división
clave en Cancún fue entre los que quieren hacer y
los que no lo quieren hacer. Durante dos años Estados
Unidos ha promovido mercados abiertos a nivel mundial, en
nuestro hemisferio y con subregiones o países individuales.
Estados Unidos no esperará mientras los miembros
de la OMC ponderan el futuro: avanzaremos hacia el comercio
libre con los países que estén dispuestos
a hacer las cosas.
(Distribuido por la Oficina de Programas
de Información Internacional, Departamento de Estado
de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://usinfo.state.gov/espanol)