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EMBAJADA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA
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El Embajador Silverstein recibe la "Medalla de la República Oriental del Uruguay".

El Embajador Martin J. Silverstein destacó que, como emisario del Presidente Bush, sus acciones son una extensión del mensaje y las intenciones del mandatario estadounidense.
 
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2 de diciembre, 2004


 Lectura del  
 Decreto Oficial  
[AUDIO]

En la ceremonia realizada hoy en el Edificio Independencia de la Presidencia de la República, el Presidente Jorge Batlle otorgó la distinguida Medalla de la República Oriental del Uruguay al Embajador de los Estados Unidos, Martin J. Silverstein, en reconocimiento por "la intensa y entusiasta labor desarrollada por el señor Embajador generando un estrecho relacionamiento entre Uruguay y los Estados Unidos".

La ceremonia contó con la presencia de varios Ministros de Estado, miembros del cuerpo diplomático, altos funcionarios de la Embajada de los EE.UU. e invitados especiales.

El Embajador Silverstein, es el primer ciudadano estadounidense y primer Embajador de los EE.UU. en recibir esta distinción. Uruguay y los Estados Unidos de América mantienen relaciones diplomáticas desde hace 137 años.

El representante diplomático norteamericano, al hacer uso de la palabra indicó que “como emisario del Presidente Bush, mis acciones son una extensión de su mensaje y de sus intenciones. Cualquier honor que se me atribuye le corresponde a él, ya que sus acciones claras y decisivas fueron la razón por la que Uruguay recibió el histórico préstamo de mil quinientos millones de dólares, el único préstamo de esa clase concedido por mi país en la actual administración. Fue por instrucciones del Presidente Bush que Uruguay volvió a entrar al mercado estadounidense de la carne en tiempo récord, respaldando de nuevo a la economía uruguaya. Y ahora, mientras Uruguay planifica su futuro y su crecimiento en la economía mundial, ha sido por las directivas del Presidente Bush que el único Tratado Bilateral para las Inversiones celebrado durante su gobierno ha sido negociado con Uruguay, para la admiración de otros países más distantes."

Silverstein agregó: "Al Presidente Bush le importa el Uruguay. Le importa esta región. Este bastión de la democracia e integrante responsable de la comunidad mundial mereció nuestro apoyo en aquellos momentos, al igual que ahora.”

El amigo confiable

Al presentar la condecoración, el Presidente Batlle indicó que Estados Unidos fue siempre "el amigo confiable" que Uruguay precisó cada vez que ha tenido un problema serio. "Situaciones han habido en el siglo XIX y en el siglo XX muy importantes, que la historia ha recogido, en las que el Uruguay encontró, cuando lo precisó, ese amigo confiable" dijo Batlle. "Yo le diría, señor Embajador, que volvimos a encontrar el amigo confiable no solamente en su país, sino en usted, que nos dio una mano en momentos verdaderamente difíciles", refiriéndose a la crisis de la aftosa del 2001, y a la crisis financiera regional cuando el Embajador Silverstein "ayudó para que las autoridades superiores que manejaban las finanzas de los Estados Unidos dieran un paso histórico" aprobando un préstamo de mil quinientos millones de dólares para rescatar la economía del Uruguay.

   • DISCURSO DEL PRESIDENTE BATLLE:  [LEER]   [AUDIO]

   • DISCURSO DEL EMBAJADOR MARTIN J. SILVERSTEIN:


[AUDIO]  

Con su permiso, señor Presidente, Ministro Opertti, señor Secretario Dr. Lago.

Gracias, señor Presidente. Agradezco profundamente sus gentiles palabras. Muchas gracias por este honor tan especial, que se convierte en aún más especial por ser la primera vez que se condecora de esta manera a un ciudadano estadounidense.

Cuando llegué al Uruguay en el año 2001, no podía haber previsto el impacto que este país tendría en mi vida y el impacto que mi país tendría en el Uruguay.

La grave crisis financiera vino del otro lado del río unas pocas semanas después de mi llegada. Fue realmente una prueba de fuego. Me siento orgulloso de que mi país haya respondido cuando Uruguay precisaba ayuda.

Como emisario del Presidente Bush, mis acciones son una extensión de su mensaje y de sus intenciones. Cualquier honor que se me atribuye le corresponde a él, ya que sus acciones claras y decisivas fueron la razón por la que Uruguay recibió el histórico préstamo de mil quinientos millones de dólares, el único préstamo de esa clase concedido por mi país en la actual administración. Fue por instrucciones del Presidente Bush que Uruguay volvió a entrar al mercado estadounidense de la carne en tiempo récord, respaldando de nuevo a la economía uruguaya. Y ahora, mientras Uruguay planifica su futuro y su crecimiento en la economía mundial, ha sido por las directivas del Presidente Bush que el único Tratado Bilateral para las Inversiones celebrado durante su gobierno ha sido negociado con Uruguay, para la admiración de otros países más distantes.

Al Presidente Bush le importa el Uruguay. Le importa esta región. Este bastión de la democracia e integrante responsable de la comunidad mundial mereció nuestro apoyo en aquellos momentos, al igual que ahora.

Los éxitos facilitados por nuestra misión diplomática en Uruguay y por la misión uruguaya en Washington D.C. constituyen un esfuerzo de equipo. La excelencia de esa gestión se representa de la mejor manera en mi delegado, James Williard, cuya dedicación al deber refleja las mejores tradiciones del Servicio Exterior de los Estados Unidos, y en el embajador Hugo Fernández Faingold, quien ha abogado sin cansancio y sin tregua a favor de su nación y ha sido mi socio responsable y creativo en todos los temas bilaterales. Les agradezco Jim y Hugo.

No obstante, señor presidente, si me permite decirlo, usted no debería ser modesto respecto de sus propios logros. La historia lo juzgará como uno de los líderes más grandes del Uruguay en un tiempo de crisis sin precedentes. Usted tomó medidas difíciles, decisivas y valientes que preservarán la democracia en Uruguay durante generaciones por venir.

He dicho a menudo, antes y después de llegar al Uruguay, que es mi trabajo aprender a llevarme bien con usted, no su trabajo aprender a llevarse bien conmigo. No obstante, trabajar con usted no ha sido un trabajo, sino un alto honor y una de las experiencias más disfrutables de mi vida. Compartimos nosotros dos muchas memorias muy especiales.

No podría haber llegado a este momento sin el apoyo de mi esposa, Audrey. Este país ya se ha ganado bajo nuestra piel. Hemos festejado aquí cuatro aniversarios de bodas, y hemos tenido la felicidad de ver a nuestros seis hijos florecer con el amor a esta tierra tan especial en sus corazones.

Mirando hacia el futuro del Uruguay y la responsable y pacífica transición del poder, tengo la confianza de que la alianza de nuestras naciones y la amistad de nuestros ciudadanos se hará aún más fuerte. La amistad existe entre los pueblos. Los gobiernos son simples facilitadores.

El mismo amor a la libertad compartido por uruguayos y estadounidenses siempre nos mantendrá unidos.

Gracias a todos ustedes por haber venido hoy. Su presencia me honra.

Gracias de nuevo a usted, señor Presidente. Siempre atesoraré este momento.



 

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