El Embajador Silverstein recibe la "Medalla de la República
Oriental del Uruguay". El Embajador Martin J. Silverstein
destacó que, como emisario del Presidente Bush, sus acciones
son una extensión del mensaje y las intenciones del mandatario
estadounidense.
En la ceremonia realizada hoy en el Edificio
Independencia de la Presidencia de la República,
el Presidente Jorge Batlle otorgó la distinguida
Medalla de la República Oriental del Uruguay al Embajador
de los Estados Unidos, Martin J. Silverstein, en reconocimiento
por "la intensa y entusiasta labor
desarrollada por el señor Embajador generando un
estrecho relacionamiento entre Uruguay y los Estados Unidos".
La ceremonia contó con la presencia
de varios Ministros de Estado, miembros del cuerpo diplomático,
altos funcionarios de la Embajada de los EE.UU. e invitados
especiales.
El Embajador Silverstein, es el primer ciudadano
estadounidense y primer Embajador de los EE.UU. en recibir
esta distinción. Uruguay y los Estados Unidos de
América mantienen relaciones diplomáticas
desde hace 137 años.
El representante diplomático norteamericano,
al hacer uso de la palabra indicó que “como
emisario del Presidente Bush, mis acciones son una extensión
de su mensaje y de sus intenciones. Cualquier honor que
se me atribuye le corresponde a él, ya que sus acciones
claras y decisivas fueron la razón por la que Uruguay
recibió el histórico préstamo de mil
quinientos millones de dólares, el único préstamo
de esa clase concedido por mi país en la actual administración.
Fue por instrucciones del Presidente Bush que Uruguay volvió
a entrar al mercado estadounidense de la carne en tiempo
récord, respaldando de nuevo a la economía
uruguaya. Y ahora, mientras Uruguay planifica su futuro
y su crecimiento en la economía mundial, ha sido
por las directivas del Presidente Bush que el único
Tratado Bilateral para las Inversiones celebrado durante
su gobierno ha sido negociado con Uruguay, para la admiración
de otros países más distantes."
Silverstein agregó: "Al Presidente
Bush le importa el Uruguay. Le importa esta región.
Este bastión de la democracia e integrante responsable
de la comunidad mundial mereció nuestro apoyo en
aquellos momentos, al igual que ahora.”
El amigo confiable
Al presentar la condecoración, el
Presidente Batlle indicó que Estados Unidos fue siempre
"el amigo confiable" que Uruguay precisó
cada vez que ha tenido un problema serio. "Situaciones
han habido en el siglo XIX y en el siglo XX muy importantes,
que la historia ha recogido, en las que el Uruguay encontró,
cuando lo precisó, ese amigo confiable" dijo Batlle.
"Yo le diría, señor Embajador, que volvimos a encontrar
el amigo confiable no solamente en su país, sino en usted,
que nos dio una mano en momentos verdaderamente difíciles",
refiriéndose a la crisis de la aftosa del 2001, y
a la crisis financiera regional cuando el Embajador Silverstein
"ayudó para que las autoridades superiores que manejaban
las finanzas de los Estados Unidos dieran un paso histórico"
aprobando un préstamo de mil quinientos millones
de dólares para rescatar la economía del Uruguay.
Con su permiso, señor Presidente,
Ministro Opertti, señor Secretario Dr. Lago.
Gracias, señor Presidente. Agradezco
profundamente sus gentiles palabras. Muchas gracias por
este honor tan especial, que se convierte en aún
más especial por ser la primera vez que se condecora
de esta manera a un ciudadano estadounidense.
Cuando llegué al Uruguay en el año
2001, no podía haber previsto el impacto que este
país tendría en mi vida y el impacto que mi
país tendría en el Uruguay.
La grave crisis financiera vino del otro
lado del río unas pocas semanas después de
mi llegada. Fue realmente una prueba de fuego.
Me siento orgulloso de que mi país haya respondido
cuando Uruguay precisaba ayuda.
Como emisario del Presidente Bush, mis acciones
son una extensión de su mensaje y de sus intenciones.
Cualquier honor que se me atribuye le corresponde a él,
ya que sus acciones claras y decisivas fueron la razón
por la que Uruguay recibió el histórico préstamo
de mil quinientos millones de dólares, el único
préstamo de esa clase concedido por mi país
en la actual administración. Fue por instrucciones
del Presidente Bush que Uruguay volvió a entrar al
mercado estadounidense de la carne en tiempo récord,
respaldando de nuevo a la economía uruguaya. Y ahora,
mientras
Uruguay planifica su futuro y su crecimiento en la economía
mundial, ha sido por las directivas del Presidente Bush
que el único Tratado Bilateral para las Inversiones
celebrado durante su gobierno ha sido negociado con Uruguay,
para la admiración de otros países más
distantes.
Al Presidente Bush le importa el Uruguay.
Le importa esta región. Este bastión de la
democracia e integrante responsable de la comunidad mundial
mereció nuestro apoyo en aquellos momentos, al igual
que ahora.
Los éxitos facilitados por nuestra
misión diplomática en Uruguay y por la misión
uruguaya en Washington D.C. constituyen un esfuerzo de equipo.
La excelencia de esa gestión se representa de la
mejor manera en mi delegado, James Williard, cuya dedicación
al deber refleja las mejores tradiciones del Servicio Exterior
de los Estados Unidos, y en el embajador Hugo Fernández
Faingold, quien ha abogado sin cansancio y sin tregua a
favor de su nación y ha sido mi socio responsable
y creativo en todos los temas bilaterales. Les agradezco
Jim y Hugo.
No obstante, señor presidente, si
me permite decirlo, usted no debería ser modesto
respecto de sus propios logros. La historia lo juzgará
como uno de los líderes más grandes del Uruguay
en un tiempo de crisis sin precedentes. Usted tomó
medidas difíciles, decisivas y valientes que preservarán
la democracia en Uruguay durante generaciones por venir.
He dicho a menudo, antes y después
de llegar al Uruguay, que es mi trabajo aprender a llevarme
bien con usted, no su trabajo aprender a llevarse bien conmigo.
No obstante, trabajar con usted no ha sido un trabajo, sino
un alto honor y una de las experiencias más disfrutables
de mi vida. Compartimos nosotros dos muchas memorias muy
especiales.
No podría haber llegado a este momento
sin el apoyo de mi esposa, Audrey. Este país ya se
ha ganado bajo nuestra piel. Hemos festejado aquí
cuatro aniversarios de bodas, y hemos tenido la felicidad
de ver a nuestros seis hijos florecer con el amor a esta
tierra tan especial en sus corazones.
Mirando hacia el futuro del Uruguay y la
responsable y pacífica transición del poder,
tengo la confianza de que la alianza de nuestras naciones
y la amistad de nuestros ciudadanos se hará aún
más fuerte. La amistad existe entre los pueblos.
Los gobiernos son simples facilitadores.
El mismo amor a la libertad compartido por
uruguayos y estadounidenses siempre nos mantendrá
unidos.
Gracias a todos ustedes por haber venido
hoy. Su presencia me honra.
Gracias de nuevo a usted, señor Presidente.
Siempre atesoraré este momento.