Presidente Tabaré Vázquez |
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PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
TABARÉ VÁZQUEZ, EN LA CONFERENCIA "URUGUAY
EN LA ECONOMIA GLOBAL"
Montevideo, Uruguay
9 de agosto de 2006
PRESIDENTE VÁZQUEZ: Muy buenos días
a todos ustedes. Es un enorme placer estar en la mañana
de hoy aquí junto a tan distinguido auditorio. Y
muy bienvenidos sean quienes nos visitan. En nombre del
pueblo uruguayo, del gobierno de este país y en el
mío propio les doy la más cordial de las bienvenidas
y el deseo de que su estadía en este país
-pequeño pero fraterno- sea muy feliz.
Señora Susan Segal, presidente y
directora ejecutiva de la América Society y del Council
of the Américas; señor Horacio Vilaró,
presidente de la Cámara de Comercio Uruguay - Estados
Unidos; señor ex Presidente de la República
(ví, por lo menos, a mí querido amigo el doctor
Lacalle); señores Ministros; señor presidente
del Frente Amplio, señor Brovetto; señor presidente
del Directorio del Partido Nacional, doctor Larrañaga,
autoridades nacionales, departamentales y diplomáticos,
señor Everett Eissentatt, representante comercial
adjunto de Estados Unidos para América Latina, señoras
y señores, amigas y amigos.
Felicitaciones a la América Society
y al Council of the Americas por realizar este ciclo de
conferencias latinoamericanas y por incluir en asociación
con la Cámara de Comercio Uruguay – Estados
Unidos, a nuestro país entre las sedes de este ciclo.
Sé que las conferencias ya realizadas
en Perú, Chile, Colombia y Brasil han sido exitosas.
Confío en que también lo será esta,
así como las próximas, a realizarse en Argentina
y México respectivamente.
Nuestro reconocimiento, entonces, a las
instituciones involucradas en esta iniciativa por Latinoamérica,
desde Latinoamérica y junto a Latinoamérica.
Y gracias, muchas gracias, por invitarme
a participar en la apertura de esta jornada cuya temática
refiere a "Uruguay en la economía global".
Trataremos de ser breves por tres razones.
La primera: porque tratándose de una intervención
inicial no debe ser ni agobiante ni terminal. Perdón
por lo de terminal, pero es una deformación profesional.
Me refiero a otros "términos".
La segunda: porque la lista de expositores
en esta reunión es tan numerosa como justificada
y todos queremos escuchar a todos los expositores.
Y tercero: que ser breve no significa ser
anodino. En pocos minutos se puede decir muchas cosas o
por lo menos intentar dejar varias en claro y eso es lo
que buscaré hacer.
Amigas y amigos: para nosotros -y muy modestamente
lo planteamos- la globalización tiene algunos rasgos
indelebles. En primer lugar, no es esta globalización
un proceso inédito. En el devenir de la humanidad
hay varios antecedentes al respecto. Para citar apenas un
ejemplo: por estos días se cumplen 514 años
del inicio de la travesía de Cristóbal Colón
hacia las Indias que se encontró el 12 de octubre
de 1492 con una parte del mundo hasta entonces desconocida.
En segundo lugar, este proceso de globalización
-como nosotros pensamos que se trata de algo irreversible,
los avances científicos y tecnológicos que
están en su base no tienen marcha atrás como
no tuvieron marcha atrás la rueda, la ley de la gravedad,
la máquina a vapor, la electricidad o la penicilina.
En tercer lugar, es un proceso ambivalente lleno de promesas
y de posibilidades, pero también de riesgos y siniestras
paradojas, un cambio en que las esperanzas pueden transformarse
en miedo, como ha expresado el filósofo y sociólogo
alemán Ralph Dahreldorf.
Cuarto: es un proceso polifacético
por cuanto abarca una multiplicidad de aspectos económicos,
políticos, sociales, culturales, civilizatorios,
etcétera. Ahora bien: si miramos la dimensión
económica, este proceso en su dimensión económica,
este proceso de globalización, presenta ciertos rasgos
nítidamente marcados.
El primero de ellos: tiene una extensión
sin precedentes de los mercados financieros; segundo, creciente
importancia del mercado internacional y tercero, producción
también creciente de bienes y servicios a través
de empresas transnacionales. Cuarto: relación directa
y vigorosa entre la productividad y la competitividad y
la capacidad de generar conocimiento, procesar información,
avanzar en ciencia y tecnología, innovar, potenciar
la cultura de las personas y de las empresas, etc.
La conjunción de estos rasgos económicos
del proceso de globalización y a su vez la interacción
entre las distintas dimensiones de dicho proceso, plantea
oportunidades e incertidumbres respecto a las cuales los
seres humanos podemos adoptar dos actitudes. Una de ellas
es la resignación. Nos resignamos a aceptar como
viene este proceso; es resignación, entonces, a pelearnos
con la realidad pero renunciando a mejorarla. La resignación,
en última instancia, en transformarnos en testigos
o víctimas de la historia.
La otra actitud es asumir la realidad, participar
en ella, intentar gobernarla, transformarla con los pies
en ella, en esa realidad y la mirada puesta en un horizonte
de paz, libertad, democracia e igualdad. Un horizonte hacia
al cual hay que avanzar creemos nosotros, paso a paso y
por supuesto entre todos. Esta es la actitud del gobierno
de la República que presido.
Amigas y amigos, plantear las posibilidades
del Uruguay en la economía global es preguntar, preguntarnos
cómo hace este país para producir más
y mejor, para ser más competitivo en un mercado internacional
tan grande, dinámico y exigente, para crecer económica
y socialmente, para desarrollarse sin fin como nación.
Creemos que no hay formulas mágicas
ni de recetas infalibles, ni verdades reveladas para responder
a esta interrogante. Hay sí, reitero que desde nuestro
modesto punto de vista, dos coordenadas que en nuestra opinión
son las siguientes: a) un proyecto de país, una estrategia
de país, un estilo de país. La política
comercial del Uruguay no puede estar divorciada de una estrategia
de desarrollo productivo con justicia social. Desarrollo
productivo con justicia social para producir más
y mejor, para competir internacionalmente, tiene que haber
estabilidad macroeconómica, reglas de juego claras
para la inversión, tiene que haber infraestructura
y servicios adecuados; hay que generar más empleos
pero empleos de calidad, hay que invertir en salud, en educación,
en ciencia, en tecnología. Tiene que haber un Estado
eficiente en lo que le compete, pero también tiene
que haber un sector privado dinámico, innovador y
comprometido con ese proyecto de país. b) Principios,
por cierto, que deben reglar nuestra acción y pragmatismo.
Principios y pragmatismo. Las relaciones comerciales no
son un vale todo pero tampoco se pueden ideologizar. Quien
encara las relaciones comerciales entre países con
actitud mercantilista pura, con soberbia, o de manera mendicante,
o crea que los negocios para ser buenos tienen que ser turbios,
se equivoca. Como también se equivoca quien en nombre
de los principios cree que el comercio es un asunto de ideología.
Se equivoca o desconoce el mundo en que vive.
Estas coordenadas que acabo de mencionar
determinan un campo en el cual se ubican dinámicamente
la integración regional, la inserción internacional,
el comercio intrabloque y nuestro comercio más allá
del MERCOSUR. No puedo ni quiero omitir en este ámbito
una referencia a este asunto que seguramente acapara la
atención de muchos –sino todos- los aquí
presentes.
Amigas y amigos, tan comprometidos con la
integración regional y sudamericana seguramente muchos,
todos me atrevo a decir, pero más comprometidos que
nosotros ninguno. Y esto no es retórica ni patrioterismo,
para el Uruguay y para su Gobierno, la integración
regional es una vocación y un mandato y actuamos
en consecuencia. Basta tener en cuenta que más allá
de luces y sombras Uruguay ha tenido participación
decisiva en la ALAC, en la ALADI, en el MERCOSUR, en el
CELA, en CEPAL y más allá de nuestro espacio
latinoamericano en ámbitos globales como el GATT
y la OMC, por citar apenas algunos de los más directamente
vinculados a los aspectos económicos comerciales.
No pretendemos por cierto dar cátedra
de integración, pero aún asumiendo que tenemos
mucho para aprender en esta materia, tampoco necesitamos
tutores en la misma.
Somos, además, plenamente concientes
de los beneficios del multilateralismo en la inserción
internacional de un país como el nuestro y a ese
multilateralismo apostamos con convicción y con voluntad.
Pero a pesar de ello, ciertos resultados están a
la vista y son preocupantemente insatisfactorios.
No es una queja ni es un reproche, pero
es sin duda la realidad que vivimos.
La suspensión de las negociaciones
en la llamada Ronda de Doha de la Organización Mundial
del Comercio, o las dificultades del MERCOSUR, para dar
un tratamiento adecuado a las asimetrías existentes
entre sus integrantes, no son inventos, ni fatalidades,
ni producto de diabólicas conspiraciones. Son datos
de una realidad que indica la distancia que nos separa de
la meta de una integración más profunda, libre
de barreras artificiales como subsidios, créditos
a la exportación, etcétera.
Tampoco es un invento que la integración
aún presenta deficiencias en asuntos claves para
la competitividad, tales como infraestructuras, servicios,
innovación tecnológica, facilitación
del comercio, etcétera.
Como bien señala la CEPAL –voy
a leer textual- "los esquemas de integración
no se están constituyendo en plataforma de aprendizaje
para exportar a terceros mercados, ni en negociaciones serias
y efectivas con grandes socios, tal cual rezaba el predicamento
de integrarse para reforzar el poder negociador con economías
industrializadas".
Y la realidad no es una simple cuestión
de gustos o deseos. La realidad, amigas y amigos, es la
realidad y punto. Y ante esta realidad, los uruguayos, este
queridísimo país, no puede permanecer pasivo:
es nuestro país lO que está en juego y de
él somos nosotros, todos nosotros, los uruguayos,
los responsables. Vamos a perseverar por convicción,
no por obligación, en los esfuerzos para revertir
las deficiencias y dificultades existentes en el MERCOSUR.
Pero simultáneamente a esa tarea,
que no es sencilla ni garantiza buenos resultados ni asegura
que en caso de alcanzarlo ello sea inmediato, seguiremos
trabajando para consolidar, ampliar y profundizar el acceso
de Uruguay y sus productos a otros mercados, integrarnos
a la región a la que pertenecemos -permítanme
decirlo- a la región que somos; no es contradictorio
para nada con integrarnos al mundo global de hoy.
Para nosotros, la pluralidad de esquemas
de cooperación e integración en la región
es decisiva y significa, en un escenario internacional donde
los actores nacionales son cada vez más pequeños,
un factor de estabilidad para evitar la peligrosa tentación
de actuar solos en un mundo de gigantes. No tener esta realidad
en cuenta o ser conscientes de ella pero no operar sobre
la misma seria un acto de enorme irresponsabilidad e irreparables
consecuencias.
En esto no hay misterio, ni puede, ni debiera
haber sorpresas. ¿Qué misterio y qué
sorpresa pueden haber en nuestra América Latina hoy
coexisten, con el MERCOSUR, la Comunidad Andina; la Comunidad
Centroamericana y la Comunidad del Caribe, unos 44 -reitero-
44 por lo menos, documentados, acuerdos comerciales intra,
inter y extrabloques de diverso tipo?
¿Acaso Uruguay no tiene un Tratado
de Libre Comercio con México? ¿Acaso no estamos
trabajando para optimizar el acceso de nuestros productos
a la Unión Europea, China, India, países árabes,
Israel, Estados Unidos? Tampoco hay abdicación de
principios, ni debiera haber conmociones ideológicas.
¿Qué abdicación de principios hubo
en el Tratado de Libre Comercio entre México y Uruguay
o en el que en 1994 subscribieron México, Venezuela
y Colombia?
¿Que cisma ideológico ocasionó
el Tratado de Libre Comercio entre Vietnam -reitero- Vietnam
y Estados Unidos o está provocando el reciente acuerdo
de promoción y protección recíproca
de inversiones entre el CARICOM y Cuba? Amigas y amigos:
el pasado 4 de mayo me reuní con el Presidente de
los Estados Unidos de América. En esa ocasión
resolvimos conformar un grupo bilateral de trabajo para
explorar -reitero- para explorar las posibilidades y los
mecanismos que permitan incrementar y profundizar el intercambio
comercial entre nuestros dos países.
Dicho grupo ya está trabajando y
sus conclusiones serán consideradas por la Comisión
Bilateral de Comercio Uruguay-Estados Unidos, creada en
el año 2002 y cuya próxima reunión
está prevista para octubre de este año aquí,
precisamente en Montevideo.
Hasta aquí los hechos, como suelen
decir nuestros amigos de la prensa. Pero más allá
de estos hechos, es obvio que en materia de comercio bilateral
con Estados Unidos, Uruguay no parte de cero, que en el
presente Estados Unidos sea el principal destino de nuestras
exportaciones da cuenta de un camino recorrido pero también
señala un camino por recorrer.
Ahora bien: permítanme compartir
con ustedes algunas preguntas y respuestas, muy brevemente
expuesto. Primero: estamos dispuestos a recorrer ese camino?
Sí, estamos dispuestos a ello. Tenemos que mejorar
nuestro relacionamiento comercial con los Estados Unidos
de Norteamérica. En segundo lugar, ¿cómo?.
Como ya lo dijimos: con principios y pragmatismo, con un
proyecto de país que implica una homeostasis -perdonen
el término médico también- entre nuestro
derecho al desarrollo como nación, nuestros compromiso
con la integración regional y nuestra necesidad de
acceder, de insertarnos en el espacio económico globalizado
actual y futuro.
No son agendas diferentes o menos aún
contradictorias. Son capítulos complementarios de
una misma agenda, que se llama agenda Uruguay. En tercer
lugar, ¿cuán lejos? Tan lejos como sea posible
en las coordenadas establecidas, y esa posibilidad está
relacionada con la aptitud, capacidad y contenido de negociación
entre las partes.
Y cuarto, y finalmente, ¿por qué?
Porque impulsamos un proyecto de país integrado en
sí mismo, pero también integrado a la región
y también integrado al mundo, porque los acuerdos
comerciales no vienen con garantías de éxito
ni son los planos para construir la felicidad perfecta,
pero son instrumentos que ayudan a lograr los objetivos
que soberana y razonablemente tiene un país como
el nuestro en la economía global.
Los acuerdos comerciales, cualquiera sea
su modalidad y denominación, no son ni un atajo al
paraíso ni un camino al infierno. Son un recurso.
Es una herramienta. Es un instrumento para acceder a mercados
grandes, dinámicos y exigentes. Permítanme
decirlo muy llanamente y en primera persona: yo no tengo
vocación de sigla, más aún, creo que
nadie tiene esa vocación. Ni siguiera los campeones
o especialistas en TLC, ACR, APC, ATA u otras siglas que
refieren a las distintas modalidades de acuerdos comerciales.
Pero yo no estoy dispuesto a cerrar puertas,
ni a descartar a priori explorar caminos que en el contexto
de una agenda de país conduzca a que las uruguayas
y los uruguayos todos, las uruguayas y uruguayos frenteamplistas,
también las uruguayas y los uruguayos blancos, colorados,
independientes, cívicos o sin definición política,
tengan la posibilidad de ejercer plenamente el inalienable
e ineludible derecho a edificar sus propias vidas a partir
de su propio trabajo. Tal es el compromiso que contraje
al asumir la tarea que la ciudadanía me confió
como Presidente de la República Oriental del Uruguay
y como Presidente de todos los uruguayos.
Este tema no lo resuelve sólo una
fuerza política, este tema lo resolvemos entre todos
los uruguayos, porque finalmente la vida es -para decirlo
con palabras de Albert Camus- "libertad para cada uno
y justicia para todos". Amigas y amigos, construir
la realidad es una tarea delicada y pertinaz, pero es también
una hermosa tarea que nos compete a todos en todos los órdenes
y momentos de la vida. Nosotros somos parte de todos y esta
conferencia es uno de esos órdenes y uno de esos
momentos. Si la jornada de hoy es fructífera, si
de aquí salen ideas y propuestas, esta conferencia,
lejos de pasar a la historia como otra más de los
tantos seminarios inocuos que hay a diario en el mundo,
coadyuvará a construir la realidad que la sociedad
uruguaya desea, que la sociedad uruguaya necesita y que
la sociedad uruguaya merece, porque recordemos que la historia
no retrocede, que la historia no se detiene pero que tampoco
la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una
sola vez. Muchas gracias.
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