
“El
plan de la administración en este aspecto se basa en
la difícil labor diaria de la diplomacia activa: hacer
frente a la proliferación, fortalecer las capacidades
del OIEA y garantizar que todos los países respeten
los derechos y obligaciones del régimen de no proliferación,
negociar un nuevo tratado con Rusia para reducir nuestros
arsenales nucleares, tratar de lograr la ratificación
del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos (TPCE)
y la negociación inmediata de un Tratado de Prohibición
de la Producción de Materiales Fisionables, llevar
a cabo una revisión del papel que desempeñan
las armas nucleares en la estrategia de defensa de Estados
Unidos y apoyar las prioridades presupuestarias que garanticen
la seguridad y la eficacia de nuestra fuerza de disuasión”,
dijo la secretaria Clinton en un discurso que pronunció
el 21 de octubre en el Instituto estadounidense de la Paz.
A continuación una traducción del discurso:
(comienza la transcripción)
Declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Rodham
Clinton en el Instituto estadounidense de la Paz
21 de octubre de 2009
Hotel Renaissance Mayflower
Washington D.C.
SECRETARIA CLINTON: Buenos días. Gracias. Muchas
gracias. Para mi es un gran honor que me haya presentado
el embajador Moose. George y yo hemos tenido el privilegio
de trabajar juntos en el pasado, y aguardo con interés
su buen consejo y asesoramiento a medida que vayamos avanzando
en muchas de estas cuestiones importantes. Quiero dar las
gracias al embajador Solomon. Dick ha realizado una labor
extraordinaria, como ya saben, tanto en su función
previa en el Departamento de Estado como ahora, por supuesto,
en el Instituto estadounidense de la Paz. Tara: gracias
por tu liderazgo y tu compromiso con estos temas.
En el público se ven muchas caras conocidas, personas
que han estado en primera línea de la política
exterior estadounidense en lo que respecta a la resolución
de conflictos y otros asuntos específicos. También
quiero en particular dar las gracias a dos personas que
realmente se esforzaron para asumir nuevas responsabilidades
en nombre de la administración Obama, una de ellas
estaba en el consejo de administración de USIP y
es ahora la subsecretaria María Otero, y también
la subsecretaria Ellen Tauscher, quienes— con quienes
estoy encantada de que sean parte del equipo del Departamento
de Estado. (Aplausos). Y sentada ahí en primera fila
se encuentra uno de mis referentes: Betty Bumpers, quien
defendió la idea de la paz mundial a capa y espada
y de poner fin a las conductas tan problemáticas
y amenazantes entre los países. Estoy contentísima
de verla.
Es un honor haber sido invitada a dictar la Segunda conferencia
anual Dean Acheson. El Instituto cuenta con muchos amigos
en el Departamento de Estado y aguardamos con interés
el día en que seamos no sólo amigos, sino
vecinos también. Sé que el nuevo edificio
[del Instituto], frente al nuestro, facilitará la
colaboración aún más estrecha en nuestros
esfuerzos conjuntos para consolidar la paz y poner fin a
los conflictos. Sé también que el lunes celebraron
el 25 aniversario [del Instituto]. Gracias por la extraordinaria
labor y el liderazgo que han proporcionado durante las últimas
dos décadas y media, incluyendo el trabajo que han
hecho para revisar nuestra postura nuclear.
El Instituto ha contribuido a impulsar el debate sobre
política exterior en materia de armas nucleares,
la prevención de conflictos y muchas otras cuestiones
importantes, y sigue desempeñando esa función
esencial. Ahora bien, algunos quizá recuerden que
las declaraciones del secretario Gates en esta ocasión
el año pasado, cuando abogó de manera resoluta
–y yo agregaría, de modo muy convincente–
a favor de otorgar recursos adicionales al Departamento
de Estado fueron un acontecimiento decisivo. Que un secretario
de Defensa se presente ante un público distinguido
como este y se pronuncie decididamente en favor de nuestra
capacidad civil es un hecho que sigue resonando en Washington.
Al defender el aumento del presupuesto para un Departamento
distinto del suyo, el secretario Gates explicó que
estaba devolviendo el favor, porque cuando los recortes
presupuestarios amenazaban con eliminar tropas estadounidenses
después de la Segunda Guerra Mundial, el entonces
secretario de Estado, Dean Acheson, sostuvo que era necesario
que Estados Unidos tuviera fuerzas armadas sólidas.
Acheson intervino también en otra cuestión
fundamental de la política exterior, donde su posición
trascendió las lealtades burocráticas y sus
acciones ofrecen un telón de fondo histórico
útil para el tema que voy examinar hoy.
A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, Acheson
era subsecretario de Estado. El secretario de Estado—el
secretario de Guerra, Henry Stimson, era un destacado defensor
de la limitación de las armas nucleares. Pero Stimson
tenía un duro contrincante en el entonces secretario
de Estado James F. Byrnes, quien deseaba aprovechar la ventaja
nuclear de Estados Unidos al máximo. Acheson miró
más allá de los confines de su burocracia
y se sumó al secretario de Guerra en su postura a
favor de la limitación de los armamentos. Reconoció
que el mundo estaba en una encrucijada y vio que Estados
Unidos tenía la obligación y el interés
de trabajar con otros países para frenar la propagación
de las armas más peligrosas de la historia.
Pues bien, hoy nos encontramos de nuevo en una encrucijada.
Durante la Guerra Fría, se temía la guerra
nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
En octubre de 1962, el mundo casi llego a eso, pero el presidente
Kennedy se dio cuenta de que una guerra nuclear era imposible
de ganar. Con el tiempo, él y sucesivos gobiernos
tomaron medidas para mitigar ese riesgo y para reducir la
propagación de armas nucleares.
Actualmente nos enfrentamos a una amenaza distinta, más
difusa y quizá aún más peligrosa. El
alcance y la intensidad de los actuales problemas de la
proliferación nuclear son alarmantes. La comunidad
internacional no pudo evitar que Corea del Norte desarrollara
armas nucleares. Ahora participamos en iniciativas diplomáticas
cuyo propósito es deshacer esta circunstancia. Irán
sigue haciendo caso omiso de las resoluciones del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas que exigen que suspenda
sus actividades de enriquecimiento y que cumpla con sus
obligaciones internacionales.
El Organismo Internacional de Energía Atómica
(OIEA) no tiene ni las herramientas ni la autoridad para
llevar a cabo su misión con eficacia. Lo vimos en
el fracaso de dicha institución para detectar la
planta clandestina de enriquecimiento de Irán y el
proyecto de reactor de Siria. Redes ilícitas de proliferación,
en las que participan tanto Estados como protagonistas no
estatales, mantienen un comercio nuclear y eluden las leyes
destinadas a protegernos contra la exportación e
importación de materiales nucleares.
Mediante el Programa de cooperación de reducción
de la amenaza del senador Lugar, hemos desactivado o destruido
miles de armas nucleares. Pero enormes arsenales de materiales
nucleares potencialmente peligrosos siguen siendo vulnerables
al robo o al desvío. Con la necesidad de energía
cada vez mayor en el mundo y la amenaza del cambio climático,
la demanda de energía nuclear va en aumento, y es
necesario continuar facilitando el uso legítimo y
pacífico de la energía nuclear. No obstante,
este aumento no ha estado acompañado de las medidas
correspondientes que reduzcan los riesgos de la proliferación
de armas nucleares.
Sabemos también que, a menos que se dé marcha
atrás a estas tendencias –y pronto–,
nos encontraremos con un mundo en el que cada vez más
países tendrán armas nucleares y donde habrá
más probabilidades de que los terroristas consigan
las mismas.
El presidente Obama reconoce este peligro. En abril, en
Praga, presentó la visión de Estados Unidos
para hacer frente a estos desafíos. Reiteró
la esencia del acuerdo del régimen mundial de no
proliferación, instando a todos los Estados a cumplir
con sus responsabilidades, y lanzó un desafío
para todos los países al proponer un mundo libre
de armas nucleares. Además, el mes pasado, cuando
el presidente Obama se convirtió en el primer presidente
de Estados Unidos en presidir una sesión del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas, se aprobó por
unanimidad una resolución que establece un sólido
programa de no proliferación y limitación
de armamentos.
La consecución de estos objetivos no es un acto
de idealismo iluso, ni de lealtad ciega a los principios.
Se trata más bien de asumir las responsabilidades
para impedir el uso de las armas más peligrosas del
mundo, y se trata también de responsabilizar a los
demás. Las políticas que nos permitan lograr
este objetivo deben estar a la altura de su cometido: han
de ser duras, inteligentes y estar impulsadas por los intereses
fundamentales de Estados Unidos. Como ha reconocido el presidente,
puede que no alcancemos la ambición de un mundo sin
armas nucleares, ni en nuestros tiempos ni en el futuro,
pero creemos no obstante que la dedicación a este
objetivo mejorará nuestra seguridad nacional y la
estabilidad internacional.
También creemos que Estados Unidos debe mantener
un arsenal nuclear seguro, protegido y eficaz para disuadir
a cualquier adversario y garantizar la defensa de nuestros
aliados y socios mientras nos dedicamos a nuestros objetivos.
Todos los países tienen la obligación de
ayudar a abordar los desafíos que plantean las armas
nucleares, comenzando con los estados que poseen estas armas.
Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad y como
únicos Estados con armas nucleares reconocidos por
el Tratado de No Proliferación (TNP), todos tenemos
la responsabilidad de frenar la erosión del régimen
de no proliferación y hacer frente a la crisis actual
de cumplimiento, en la que algunos países, al parecer,
creen que pueden violar sus obligaciones y desafiar al Consejo
de Seguridad con impunidad.
Los Estados que no poseen armas nucleares también
tienen la responsabilidad de dedicar sus esfuerzos a evitar
una mayor proliferación. Esa responsabilidad no termina
con su decisión de renunciar a sus propias ambiciones
de armas y de aceptar las salvaguardias a fin de demostrar
la sinceridad de su decisión, sino que ha de continuarse
con la participación activa en los esfuerzos destinados
a impedir que nuevos países crucen el umbral nuclear,
ya que su propia seguridad y bienestar se ven profundamente
afectados por el resultado de dichos esfuerzos.
Todos los Estados con material o tecnología nucleares
tienen la responsabilidad de protegerlos contra el robo
o la transferencia ilícita. Ahora bien, si todos
los países cumplen con estas responsabilidades, como
hacemos nosotros, podemos revitalizar el régimen
de no proliferación en las próximas décadas.
La piedra angular de ese régimen, el TNP, sigue siendo
sólida y no necesita modificarse. Pero como hemos
hecho durante 40 años, tenemos que aprovechar esa
base fundamental con suplementos al tratado y actualizando
el régimen general con medidas destinadas a afrontar
los nuevos desafíos.
El plan de la Administración en este aspecto se
basa en la difícil labor diaria de la diplomacia
activa: hacer frente a la proliferación, fortalecer
las capacidades del OIEA y garantizar que todos los países
respeten los derechos y obligaciones del régimen
de no proliferación, negociar un nuevo tratado con
Rusia para reducir nuestros arsenales nucleares, tratar
de lograr la ratificación del Tratado de Prohibición
Completa de Ensayos (TPCE) y la negociación inmediata
de un Tratado de Prohibición de la Producción
de Materiales Fisionables, llevar a cabo una revisión
del papel que desempeñan las armas nucleares en la
estrategia de defensa de Estados Unidos y apoyar las prioridades
presupuestarias que garanticen la seguridad y la eficacia
de nuestra fuerza de disuasión.
Ahora bien, soy muy consciente del difícil camino
que tenemos por delante para mantener el TNP, restablecer
el consenso internacional en cuanto a la no proliferación,
y recobrar la vitalidad del régimen mundial de no
proliferación. El progreso no será fácil.
A veces, nuestros logros puede que sean incompletos y poco
satisfactorios, pero estamos comprometidos a concluir esta
tarea, y creemos que el mundo depende de nuestro éxito.
La realidad es que la amenaza nuclear no puede contenerse
si actuamos solos. Ya sea que queramos evitar el contrabando
de materiales nucleares peligrosos, establecer un nuevo
marco internacional de cooperación en energía
nuclear civil, aumentar el presupuesto del OIEA, o persuadir
a los gobiernos que tienen ambiciones de armas nucleares
a abandonar su deseo, sólo podremos alcanzar nuestros
objetivos mediante la cooperación con los demás.
Sin embargo, en los últimos años la polarización
sobre cuestiones de no proliferación dentro de la
comunidad internacional entre los Estados con armas nucleares
y los que no las tienen ha creado obstáculos a la
cooperación que se necesita.
La superación de estos obstáculos debe partir
de la premisa de que la amenaza nuclear es un peligro que
enfrentan conjuntamente todos los países, y que la
prevención de la propagación de armas nucleares
no sirve sólo los intereses de los Estados que poseen
armas nucleares, como se afirma a veces. Los Estados que
no tienen armas nucleares tienen tanto o más que
perder si las armas se propagan o se utilizan de nuevo.
La misma lógica se aplica a nuestros esfuerzos destinados
a combatir la amenaza del terrorismo nuclear. Si estallara
una bomba nuclear terrorista en cualquier lugar del mundo,
las consecuencias económicas, políticas, ecológicas
y sociales serían enormes en todo el mundo.
Es fácil abogar por un enfoque unilateral que haga
caso omiso de la cooperación necesaria para abordar
los desafíos universales. Pero hemos visto los resultados
fracasados de este enfoque. El camino más difícil,
pero el más productivo, es lograr la participación
de nuestros aliados y socios de todo el mundo en la dura
labor de la diplomacia. Porque, como ha dicho el presidente
Obama, debemos seguir un camino que se base en los derechos
y responsabilidades de todos los países. Debemos
seguir fortaleciendo cada uno de los tres pilares de la
no proliferación mundial que se refuerzan mutuamente:
la prevención de la propagación de armas nucleares,
la promoción del desarme y la facilitación
del uso pacífico de la energía nuclear. A
estos tres pilares habría que añadir un cuarto:
la prevención del terrorismo nuclear. Impedir que
los terroristas adquieran el arma definitiva no era una
preocupación central cuando se negoció el
TNP, pero sí lo es hoy y debe seguir siendo una de
nuestras máximas prioridades de seguridad nacional.
A medida que avancemos en este programa, podremos reducir
el tamaño y el alcance de la amenaza de la proliferación
a nuestro país, nuestros hijos y a generaciones futuras.
La campaña diplomática que dirige Estados
Unidos se inició con la lucha contra las amenazas
de proliferación inmediatas y con el tiempo tratará
de mejorar la verificación, endurecer las sanciones,
desbaratar las redes de proliferación ilícitas,
reducir la amenaza del terrorismo nuclear y permitir a los
países disfrutar de los beneficios de la energía
nuclear con fines pacíficos, al tiempo que se despliegan
salvaguardias contra la proliferación.
Frustrar las ambiciones nucleares de Corea del Norte e
Irán es fundamental para apuntalar el régimen
de no proliferación. En el marco de las conversaciones
de las seis partes, estamos dispuestos a reunirnos bilateralmente
con Corea del Norte, pero el regreso de Corea del Norte
a la mesa de negociación no es suficiente. No se
levantarán las sanciones actuales hasta que Pyongyang
tome medidas verificables e irreversibles hacia la desnuclearización
total. Sus dirigentes no deben hacerse ilusiones de que
Estados Unidos tendrá relaciones normales, sin sanciones,
con una Corea del Norte que posea armas nucleares.
Junto con los demás miembros permanentes del Consejo
de Seguridad de la ONU y Alemania, Estados Unidos está
aplicando un doble enfoque hacia Irán. Si Irán
se toma en serio las medidas prácticas para abordar
las profundas preocupaciones de la comunidad internacional
sobre su programa nuclear seguiremos dialogando a nivel
multilateral y bilateral para analizar la amplia gama de
cuestiones que han dividido a Irán y Estados Unidos
por mucho tiempo. La puerta está abierta a un futuro
mejor para Irán, pero el proceso de participación
no puede estar completamente abierto. No estamos dispuestos
a hablar por el simple hecho de hablar.
Como señaló el presidente Obama después
de la reunión del 1 de octubre en Ginebra, parece
que hemos comenzado bien, pero a este comienzo le tienen
que seguir medidas constructivas. En particular, se necesitan
medidas rápidas para aplicar el plan para utilizar
el uranio enriquecido a un bajo nivel de Irán para
abastecer de combustible al reactor de investigación
de Teherán, que se utiliza para fabricar isótopos
médicos.
El aumento de la capacidad del OIEA para verificar si los
Estados están participando en actividades nucleares
ilícitas es fundamental para el fortalecimiento del
régimen de no proliferación. El protocolo
adicional del OIEA, que permite inspecciones más
agresivas con poco aviso previo debe ser universal y por
medio de esfuerzos concertados que persuadan a los Estados
que se resisten a que participen.
Nuestra experiencia con el programa nuclear de Iraq antes
de la Guerra del Golfo de 1991 demostró que los derechos
y recursos del OIEA tienen que actualizarse. El protocolo
adicional incorpora esas lecciones. Si no hacemos de este
protocolo la norma mundial, el mundo habrá dejado
de prestar atención a las lecciones de la historia,
con lo cual todos estaremos en peligro. El OIEA debe hacer
uso pleno de las autoridades de verificación vigentes,
incluidas las inspecciones especiales. Pero también
se le deben dar nuevas autoridades, incluyendo la capacidad
para investigar actividades sospechosas relativas a las
armas nucleares, incluso cuando no haya materiales nucleares
presentes. Si esperamos que el OIEA sea el baluarte del
régimen de no proliferación, debemos darle
los recursos que necesita para llevar a cabo su labor.
No basta con mejorar la capacidad del OIEA para descubrir
violaciones de las salvaguardias. Los violadores potenciales
deben saber que si se los descubre, pagarán un precio
muy caro. Ciertamente ese no es el caso ahora. A pesar de
los esfuerzos de Estados Unidos, el historial de la comunidad
internacional en asegurar el cumplimiento en años
recientes es inaceptable. Deben mejorarse los mecanismos
y procedimientos de cumplimiento. Deberíamos considerar
la adopción de sanciones automáticas por violaciones
de los acuerdos de salvaguardia – por ejemplo, suspendiendo
toda cooperación nuclear internacional o proyectos
de cooperación técnica del OIEA hasta que
se restablezca el cumplimiento.
Y puesto que el papel del Consejo de Seguridad es tan importante
en cuestiones de cumplimiento, estamos trabajando para restablecer
el consenso entre los cinco miembros permanentes en lo que
respecta a la aplicación del TNP.
Debemos utilizar también herramientas financieras
y jurídicas para interrumpir las redes de proliferación
ilícita. Esto significará controles más
estrictos de los envíos de fletes, una fuente importante
del comercio ilegal, así como fortalecer las restricciones
del Grupo de Proveedores Nucleares para la transferencia
de tecnología de enriquecimiento y reprocesamiento.
Un régimen de no proliferación, vigorizado,
debería permitir que los países, especialmente
los países en desarrollo, disfruten de los beneficios
pacíficos de la energía nuclear, a la vez
que proporciona incentivos para que no construyan sus propias
instalaciones de enriquecimiento y reprocesamiento. Esas
instalaciones son intrínsecamente capaces de producir
tanto combustible para reactores nucleares como núcleos
fisionables de armas nucleares y no se debe permitir que
proliferen.
Sin embargo, tenemos que asegurar que los estados tengan
acceso a combustible nuclear, un derecho que el TNP les
garantiza. La mejor manera de lograr esta meta es ampliando
las opciones del ciclo de combustible. Las garantías
multilaterales de suministro de combustible, los depósitos
internacionales de combustible y los depósitos de
combustible nuclear gastado pueden aumentar la confianza
de los estados que inicien o se embarquen en ampliar sus
programas de energía nuclear. Estas iniciativas los
alentarán a realizar planes nucleares civiles y legítimos
sin asumir el riesgo y el gasto de construir sus propias
instalaciones de ciclo de combustible. Pondremos en práctica
bancos internacionales de combustible y arreglos efectivos
de servicio de combustible como componentes clave de nuestra
política de no proliferación.
Ahora bien, no podemos separar la amenaza de la proliferación
de armas nucleares del desafío del desarme nuclear
– ambos son parte de la premisa central del TNP. Todos
los países enfrentan el peligro común de las
armas nucleares. Pero los estados que tienen armas nucleares
– y especialmente Estados Unidos y Rusia – tienen
la obligación de reducir sus arsenales de armas.
La administración Obama trata activamente de tomar
esas medidas. Estamos negociando con los rusos un acuerdo
que reemplazará al Tratado START que se vence pronto
y que reducirá significativamente las fuerzas nucleares
de ambas partes. Preparará el camino también
para recortes aun mayores en el futuro.
Permítame que deje bien claro que: Estados Unidos
está interesado en un acuerdo que siga al START porque
reforzará nuestra seguridad nacional. Nosotros y
Rusia desplegamos muchas más armas nucleares de las
que necesitamos o pudiéramos utilizar potencialmente
sin destruir nuestro modo de vida. Podemos reducir nuestros
arsenales de armas nucleares sin poner en riesgo a nuestro
país, a nuestras tropas desplegadas o nuestros aliados.
Aferrarnos a las armas nucleares por encima de nuestras
necesidades de seguridad no hace a Estados Unidos más
seguro. Pero el estatus quo nuclear no es ni deseable ni
sostenible. Ofrece a otros países el motivo o la
excusa para buscar sus propias opciones nucleares.
La manera correcta de reducir nuestro exceso de fuerzas
nucleares está en paralelo con Rusia. Las reducciones
mutuas verificables mediante un tratado que siga al START
nos ayudarán a crear confianza y evitar sorpresas.
Trabajamos arduamente para asegurar que el nuevo acuerdo
tenga en cuenta inspecciones y otros mecanismos que nos
permitan crear confianza. No nos hacemos ilusiones de que
este acuerdo vaya a persuadir a Irán y a Corea del
Norte de terminar sus actividades nucleares ilícitas,
pero sí demostrará que Estados Unidos cumple
con sus obligaciones bajo el Tratado de No Proliferación
Nuclear de trabajar por el desarme nuclear. Al hacerlo así,
ayudará a convencer al resto de la comunidad internacional
de que fortalezca los controles a la proliferación
y sea más estricta con los estados que se burlan
de sus compromisos de no proliferación.
Por la misma razón, Estados Unidos trata de comenzar
lo más pronto posible las negociaciones de un Tratado
de Prohibición de la Producción de Materiales
Fisionables (FMCT) con provisiones apropiadas de observación
y verificación. Un tratado universal FMCT detendrá
la producción de plutonio y uranio altamente enriquecido
para armas, al limitar el tamaño de los arsenales
ya existentes y reducir el riesgo de que grupos terroristas
tengan acceso algún día a los arsenales de
materiales fisionables.
No obstante, debemos hacer más que reducir la cantidad
de nuestras armas nucleares. Debemos reducir también
el papel que éstas desempeñan en nuestra seguridad.
A este respecto, la Revisión de la Posición
Nuclear actualmente en curso será un hito histórico.
Calibrará con más exactitud el papel, el tamaño
y la composición de nuestras reservas nucleares a
los entornos internacionales de la amenaza actual y futura.
Y proporcionará una reevaluación fundamental
de la posición, los niveles y la doctrina de la fuerza
nuclear de Estados Unidos. Al realizarlo en cooperación
con nuestros aliados, examinará el papel de las armas
nucleares en disuadir las amenazas de hoy y revisará
nuestras políticas declaratorias con respecto a las
circunstancias en las que Estados Unidos consideraría
el uso de armas nucleares.
Como parte de la RPN, Revisión de la Posición
Nuclear, tenemos que responder a preguntas claves: ¿cuál
es el propósito fundamental del arsenal de armas
nucleares de Estados Unidos? ¿Ayudará nuestra
postura de disuasión a que Estados Unidos aliente
a otros a reducir sus arsenales y a hacer avanzar nuestra
agenda de no proliferación? ¿Cómo podemos
dar confianza a nuestros aliados de una manera que refuerce
nuestros objetivos de no proliferación?
Creemos que ahora es el momento de considerar nuevas perspectivas
del papel del arsenal de armas nucleares de Estados Unidos;
no podemos darnos el lujo de continuar dependiendo de ideas
recicladas de la Guerra Fría. Somos sinceros en nuestra
búsqueda de la paz y la seguridad en un mundo sin
armas nucleares. Pero hasta que lleguemos a ese punto del
horizonte donde la última arma nuclear haya sido
eliminada, tenemos que fortalecer el consenso nacional de
que Estados Unidos mantendrá la infraestructura nuclear
necesaria para asegurar una disuasión segura y efectiva
sin ensayos nucleares.
De modo que además de apoyar un presupuesto nuclear
complejo y robusto en 2011, apoyaremos también un
nuevo Programa de Gestión de Arsenales que se enfoque
en mantener capacidades. Esto es lo que los líderes
militares, que tienen la responsabilidad de nuestra fuerza
disuasiva estratégica, necesitan para defender a
nuestro país. El general Chilton, el comandante del
Comando Estratégico de Estados Unidos STRATCOM, ha
dicho repetidas veces que él no necesita nuevas capacidades
de armas nucleares – pero que debe estar seguro de
las capacidades que tenemos.
A medida que establecemos esa confianza mediante la Gestión
de Arsenales, hacemos preparativos también para lograr
la aprobación del Senado del Tratado de Prohibición
Completa de los Ensayos y trabajamos mundialmente para convencer
a otros estados que aún no apoyan el tratado de que
lo pongan en vigencia. La puesta en vigor de ese tratado
fortalecerá el régimen mundial de no proliferación
y, al hacerlo, aumentará nuestra propia seguridad.
Durante casi dos décadas, y más de cuatro
administraciones consecutivas, Estados Unidos ha observado
una moratoria de los ensayos nucleares. O sea, que ya estamos
cumpliendo con la obligación fundamental del Tratado.
Un tratado de prohibición de los ensayos que entre
en vigor permitirá que Estados Unidos y otros desafíen
a los estados que realizan actividades sospechosas de ensayos
nucleares -– incluyendo la opción de pedir
inspecciones en el lugar para asegurar que no se realice
ningún ensayo en ninguna parte. La ratificación
del TPCE alentaría también a la comunidad
internacional a proceder con otras medidas esenciales de
no proliferación. Y que no quepa ninguna duda, otros
estados – de manera correcta o no – consideran
la ratificación del TPCE por parte de Estados Unidos
como una indicación de nuestro compromiso con el
consenso de la no proliferación.
En los meses venideros, varios acontecimientos importantes
pueden acelerar el progreso en nuestra agendas de no proliferación
y control de armas. En abril, el presidente Obama auspiciará
una Cumbre Mundial de Seguridad Nuclear, un acontecimiento
sin precedentes que ayudará a promover una comprensión
común de la amenaza del terrorismo nuclear y a crear
apoyo internacional a medios efectivos de contrarrestar
esa amenaza. El mes siguiente, la Conferencia de Revisión
del TNP, que se realiza cada cinco años, tratatará
lograr el consenso entre las partes de TNP en cuanto a un
programa de trabajo para fortalecer el régimen del
TNP. Esperamos que estas reuniones ofrezcan una plataforma
de lanzamiento para nuestros esfuerzos mundiales para enfrentar
este desafío.
Las amenazas nucleares que la comunidad internacional enfrenta
hoy no pueden exagerarse. Representan un grave desafío.
Y al igual que respecto a otras amenazas mundiales, particularmente
el cambio climático, todos estamos en la misma situación.
A menos que actuemos decisivamente y actuemos ahora, la
situación puede empeorar de manera catastrófica
e irreversible.
Al observar las amenazas nucleares actuales y las presiones
que sufre el régimen de no proliferación mundial,
algunos expertos han sacado conclusiones pesimistas acerca
de nuestro futuro nuclear. Hablan de cascadas nucleares
y terroristas que consiguen la bomba. Según ellos,
una mayor proliferación es inevitable; y detenerla
es inútil.
Más proliferación y terrorismo nuclear no
son conclusiones inevitables. Estos peligros pueden obstruirse
y prevenirse. Pero para contrarrestar estas amenazas se
requiere que nos demos cuenta de que todos los estados tienen
un interés común en revigorizar el régimen
de no proliferación – y que todos los estados
tienen la responsabilidad de adelantar ese esfuerzo.
Dean Acheson reconoció estas verdades en su día.
No han menguado con el paso del tiempo. Y Estados Unidos
hará todo lo que pueda para continuar este trabajo,
y asegurar que estos esfuerzos tengan éxito.
Ahora que estamos en esta nueva encrucijada, el sendero
hacia adelante está claro. Es un sendero que conduce
desde las calles de Praga, a través de los hitos
de los que he hablado de hoy, y finalmente, un día,
a un mundo sin armas nucleares.
Justo como Acheson hizo en su tiempo, debemos enfrentar
este desafío actuando con firmeza, sabiamente, con
esperanza, y en concierto con otras naciones. Y una vez
más, si lo hacemos así, el liderazgo estadounidense
asegurará nuestra seguridad y la paz de las generaciones
futuras.
Muchas gracias a todos.
(termina la transcripción)