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Discurso de la secretaria Clinton en el Instituto de la Paz

Habla sobre la no proliferación nuclear y la cooperación internacional
 
Publicado: 23 de octubre de 2009  
“El plan de la administración en este aspecto se basa en la difícil labor diaria de la diplomacia activa: hacer frente a la proliferación, fortalecer las capacidades del OIEA y garantizar que todos los países respeten los derechos y obligaciones del régimen de no proliferación, negociar un nuevo tratado con Rusia para reducir nuestros arsenales nucleares, tratar de lograr la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos (TPCE) y la negociación inmediata de un Tratado de Prohibición de la Producción de Materiales Fisionables, llevar a cabo una revisión del papel que desempeñan las armas nucleares en la estrategia de defensa de Estados Unidos y apoyar las prioridades presupuestarias que garanticen la seguridad y la eficacia de nuestra fuerza de disuasión”, dijo la secretaria Clinton en un discurso que pronunció el 21 de octubre en el Instituto estadounidense de la Paz.

A continuación una traducción del discurso:

(comienza la transcripción)

Declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton en el Instituto estadounidense de la Paz

21 de octubre de 2009
Hotel Renaissance Mayflower
Washington D.C.

SECRETARIA CLINTON: Buenos días. Gracias. Muchas gracias. Para mi es un gran honor que me haya presentado el embajador Moose. George y yo hemos tenido el privilegio de trabajar juntos en el pasado, y aguardo con interés su buen consejo y asesoramiento a medida que vayamos avanzando en muchas de estas cuestiones importantes. Quiero dar las gracias al embajador Solomon. Dick ha realizado una labor extraordinaria, como ya saben, tanto en su función previa en el Departamento de Estado como ahora, por supuesto, en el Instituto estadounidense de la Paz. Tara: gracias por tu liderazgo y tu compromiso con estos temas.

En el público se ven muchas caras conocidas, personas que han estado en primera línea de la política exterior estadounidense en lo que respecta a la resolución de conflictos y otros asuntos específicos. También quiero en particular dar las gracias a dos personas que realmente se esforzaron para asumir nuevas responsabilidades en nombre de la administración Obama, una de ellas estaba en el consejo de administración de USIP y es ahora la subsecretaria María Otero, y también la subsecretaria Ellen Tauscher, quienes— con quienes estoy encantada de que sean parte del equipo del Departamento de Estado. (Aplausos). Y sentada ahí en primera fila se encuentra uno de mis referentes: Betty Bumpers, quien defendió la idea de la paz mundial a capa y espada y de poner fin a las conductas tan problemáticas y amenazantes entre los países. Estoy contentísima de verla.

Es un honor haber sido invitada a dictar la Segunda conferencia anual Dean Acheson. El Instituto cuenta con muchos amigos en el Departamento de Estado y aguardamos con interés el día en que seamos no sólo amigos, sino vecinos también. Sé que el nuevo edificio [del Instituto], frente al nuestro, facilitará la colaboración aún más estrecha en nuestros esfuerzos conjuntos para consolidar la paz y poner fin a los conflictos. Sé también que el lunes celebraron el 25 aniversario [del Instituto]. Gracias por la extraordinaria labor y el liderazgo que han proporcionado durante las últimas dos décadas y media, incluyendo el trabajo que han hecho para revisar nuestra postura nuclear.

El Instituto ha contribuido a impulsar el debate sobre política exterior en materia de armas nucleares, la prevención de conflictos y muchas otras cuestiones importantes, y sigue desempeñando esa función esencial. Ahora bien, algunos quizá recuerden que las declaraciones del secretario Gates en esta ocasión el año pasado, cuando abogó de manera resoluta –y yo agregaría, de modo muy convincente– a favor de otorgar recursos adicionales al Departamento de Estado fueron un acontecimiento decisivo. Que un secretario de Defensa se presente ante un público distinguido como este y se pronuncie decididamente en favor de nuestra capacidad civil es un hecho que sigue resonando en Washington.

Al defender el aumento del presupuesto para un Departamento distinto del suyo, el secretario Gates explicó que estaba devolviendo el favor, porque cuando los recortes presupuestarios amenazaban con eliminar tropas estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial, el entonces secretario de Estado, Dean Acheson, sostuvo que era necesario que Estados Unidos tuviera fuerzas armadas sólidas. Acheson intervino también en otra cuestión fundamental de la política exterior, donde su posición trascendió las lealtades burocráticas y sus acciones ofrecen un telón de fondo histórico útil para el tema que voy examinar hoy.

A la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, Acheson era subsecretario de Estado. El secretario de Estado—el secretario de Guerra, Henry Stimson, era un destacado defensor de la limitación de las armas nucleares. Pero Stimson tenía un duro contrincante en el entonces secretario de Estado James F. Byrnes, quien deseaba aprovechar la ventaja nuclear de Estados Unidos al máximo. Acheson miró más allá de los confines de su burocracia y se sumó al secretario de Guerra en su postura a favor de la limitación de los armamentos. Reconoció que el mundo estaba en una encrucijada y vio que Estados Unidos tenía la obligación y el interés de trabajar con otros países para frenar la propagación de las armas más peligrosas de la historia.

Pues bien, hoy nos encontramos de nuevo en una encrucijada. Durante la Guerra Fría, se temía la guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En octubre de 1962, el mundo casi llego a eso, pero el presidente Kennedy se dio cuenta de que una guerra nuclear era imposible de ganar. Con el tiempo, él y sucesivos gobiernos tomaron medidas para mitigar ese riesgo y para reducir la propagación de armas nucleares.

Actualmente nos enfrentamos a una amenaza distinta, más difusa y quizá aún más peligrosa. El alcance y la intensidad de los actuales problemas de la proliferación nuclear son alarmantes. La comunidad internacional no pudo evitar que Corea del Norte desarrollara armas nucleares. Ahora participamos en iniciativas diplomáticas cuyo propósito es deshacer esta circunstancia. Irán sigue haciendo caso omiso de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que exigen que suspenda sus actividades de enriquecimiento y que cumpla con sus obligaciones internacionales.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no tiene ni las herramientas ni la autoridad para llevar a cabo su misión con eficacia. Lo vimos en el fracaso de dicha institución para detectar la planta clandestina de enriquecimiento de Irán y el proyecto de reactor de Siria. Redes ilícitas de proliferación, en las que participan tanto Estados como protagonistas no estatales, mantienen un comercio nuclear y eluden las leyes destinadas a protegernos contra la exportación e importación de materiales nucleares.

Mediante el Programa de cooperación de reducción de la amenaza del senador Lugar, hemos desactivado o destruido miles de armas nucleares. Pero enormes arsenales de materiales nucleares potencialmente peligrosos siguen siendo vulnerables al robo o al desvío. Con la necesidad de energía cada vez mayor en el mundo y la amenaza del cambio climático, la demanda de energía nuclear va en aumento, y es necesario continuar facilitando el uso legítimo y pacífico de la energía nuclear. No obstante, este aumento no ha estado acompañado de las medidas correspondientes que reduzcan los riesgos de la proliferación de armas nucleares.

Sabemos también que, a menos que se dé marcha atrás a estas tendencias –y pronto–, nos encontraremos con un mundo en el que cada vez más países tendrán armas nucleares y donde habrá más probabilidades de que los terroristas consigan las mismas.

El presidente Obama reconoce este peligro. En abril, en Praga, presentó la visión de Estados Unidos para hacer frente a estos desafíos. Reiteró la esencia del acuerdo del régimen mundial de no proliferación, instando a todos los Estados a cumplir con sus responsabilidades, y lanzó un desafío para todos los países al proponer un mundo libre de armas nucleares. Además, el mes pasado, cuando el presidente Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en presidir una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se aprobó por unanimidad una resolución que establece un sólido programa de no proliferación y limitación de armamentos.

La consecución de estos objetivos no es un acto de idealismo iluso, ni de lealtad ciega a los principios. Se trata más bien de asumir las responsabilidades para impedir el uso de las armas más peligrosas del mundo, y se trata también de responsabilizar a los demás. Las políticas que nos permitan lograr este objetivo deben estar a la altura de su cometido: han de ser duras, inteligentes y estar impulsadas por los intereses fundamentales de Estados Unidos. Como ha reconocido el presidente, puede que no alcancemos la ambición de un mundo sin armas nucleares, ni en nuestros tiempos ni en el futuro, pero creemos no obstante que la dedicación a este objetivo mejorará nuestra seguridad nacional y la estabilidad internacional.

También creemos que Estados Unidos debe mantener un arsenal nuclear seguro, protegido y eficaz para disuadir a cualquier adversario y garantizar la defensa de nuestros aliados y socios mientras nos dedicamos a nuestros objetivos.

Todos los países tienen la obligación de ayudar a abordar los desafíos que plantean las armas nucleares, comenzando con los estados que poseen estas armas. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad y como únicos Estados con armas nucleares reconocidos por el Tratado de No Proliferación (TNP), todos tenemos la responsabilidad de frenar la erosión del régimen de no proliferación y hacer frente a la crisis actual de cumplimiento, en la que algunos países, al parecer, creen que pueden violar sus obligaciones y desafiar al Consejo de Seguridad con impunidad.

Los Estados que no poseen armas nucleares también tienen la responsabilidad de dedicar sus esfuerzos a evitar una mayor proliferación. Esa responsabilidad no termina con su decisión de renunciar a sus propias ambiciones de armas y de aceptar las salvaguardias a fin de demostrar la sinceridad de su decisión, sino que ha de continuarse con la participación activa en los esfuerzos destinados a impedir que nuevos países crucen el umbral nuclear, ya que su propia seguridad y bienestar se ven profundamente afectados por el resultado de dichos esfuerzos.

Todos los Estados con material o tecnología nucleares tienen la responsabilidad de protegerlos contra el robo o la transferencia ilícita. Ahora bien, si todos los países cumplen con estas responsabilidades, como hacemos nosotros, podemos revitalizar el régimen de no proliferación en las próximas décadas. La piedra angular de ese régimen, el TNP, sigue siendo sólida y no necesita modificarse. Pero como hemos hecho durante 40 años, tenemos que aprovechar esa base fundamental con suplementos al tratado y actualizando el régimen general con medidas destinadas a afrontar los nuevos desafíos.

El plan de la Administración en este aspecto se basa en la difícil labor diaria de la diplomacia activa: hacer frente a la proliferación, fortalecer las capacidades del OIEA y garantizar que todos los países respeten los derechos y obligaciones del régimen de no proliferación, negociar un nuevo tratado con Rusia para reducir nuestros arsenales nucleares, tratar de lograr la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos (TPCE) y la negociación inmediata de un Tratado de Prohibición de la Producción de Materiales Fisionables, llevar a cabo una revisión del papel que desempeñan las armas nucleares en la estrategia de defensa de Estados Unidos y apoyar las prioridades presupuestarias que garanticen la seguridad y la eficacia de nuestra fuerza de disuasión.

Ahora bien, soy muy consciente del difícil camino que tenemos por delante para mantener el TNP, restablecer el consenso internacional en cuanto a la no proliferación, y recobrar la vitalidad del régimen mundial de no proliferación. El progreso no será fácil. A veces, nuestros logros puede que sean incompletos y poco satisfactorios, pero estamos comprometidos a concluir esta tarea, y creemos que el mundo depende de nuestro éxito. La realidad es que la amenaza nuclear no puede contenerse si actuamos solos. Ya sea que queramos evitar el contrabando de materiales nucleares peligrosos, establecer un nuevo marco internacional de cooperación en energía nuclear civil, aumentar el presupuesto del OIEA, o persuadir a los gobiernos que tienen ambiciones de armas nucleares a abandonar su deseo, sólo podremos alcanzar nuestros objetivos mediante la cooperación con los demás. Sin embargo, en los últimos años la polarización sobre cuestiones de no proliferación dentro de la comunidad internacional entre los Estados con armas nucleares y los que no las tienen ha creado obstáculos a la cooperación que se necesita.

La superación de estos obstáculos debe partir de la premisa de que la amenaza nuclear es un peligro que enfrentan conjuntamente todos los países, y que la prevención de la propagación de armas nucleares no sirve sólo los intereses de los Estados que poseen armas nucleares, como se afirma a veces. Los Estados que no tienen armas nucleares tienen tanto o más que perder si las armas se propagan o se utilizan de nuevo. La misma lógica se aplica a nuestros esfuerzos destinados a combatir la amenaza del terrorismo nuclear. Si estallara una bomba nuclear terrorista en cualquier lugar del mundo, las consecuencias económicas, políticas, ecológicas y sociales serían enormes en todo el mundo.

Es fácil abogar por un enfoque unilateral que haga caso omiso de la cooperación necesaria para abordar los desafíos universales. Pero hemos visto los resultados fracasados de este enfoque. El camino más difícil, pero el más productivo, es lograr la participación de nuestros aliados y socios de todo el mundo en la dura labor de la diplomacia. Porque, como ha dicho el presidente Obama, debemos seguir un camino que se base en los derechos y responsabilidades de todos los países. Debemos seguir fortaleciendo cada uno de los tres pilares de la no proliferación mundial que se refuerzan mutuamente: la prevención de la propagación de armas nucleares, la promoción del desarme y la facilitación del uso pacífico de la energía nuclear. A estos tres pilares habría que añadir un cuarto: la prevención del terrorismo nuclear. Impedir que los terroristas adquieran el arma definitiva no era una preocupación central cuando se negoció el TNP, pero sí lo es hoy y debe seguir siendo una de nuestras máximas prioridades de seguridad nacional.

A medida que avancemos en este programa, podremos reducir el tamaño y el alcance de la amenaza de la proliferación a nuestro país, nuestros hijos y a generaciones futuras. La campaña diplomática que dirige Estados Unidos se inició con la lucha contra las amenazas de proliferación inmediatas y con el tiempo tratará de mejorar la verificación, endurecer las sanciones, desbaratar las redes de proliferación ilícitas, reducir la amenaza del terrorismo nuclear y permitir a los países disfrutar de los beneficios de la energía nuclear con fines pacíficos, al tiempo que se despliegan salvaguardias contra la proliferación.

Frustrar las ambiciones nucleares de Corea del Norte e Irán es fundamental para apuntalar el régimen de no proliferación. En el marco de las conversaciones de las seis partes, estamos dispuestos a reunirnos bilateralmente con Corea del Norte, pero el regreso de Corea del Norte a la mesa de negociación no es suficiente. No se levantarán las sanciones actuales hasta que Pyongyang tome medidas verificables e irreversibles hacia la desnuclearización total. Sus dirigentes no deben hacerse ilusiones de que Estados Unidos tendrá relaciones normales, sin sanciones, con una Corea del Norte que posea armas nucleares.

Junto con los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, Estados Unidos está aplicando un doble enfoque hacia Irán. Si Irán se toma en serio las medidas prácticas para abordar las profundas preocupaciones de la comunidad internacional sobre su programa nuclear seguiremos dialogando a nivel multilateral y bilateral para analizar la amplia gama de cuestiones que han dividido a Irán y Estados Unidos por mucho tiempo. La puerta está abierta a un futuro mejor para Irán, pero el proceso de participación no puede estar completamente abierto. No estamos dispuestos a hablar por el simple hecho de hablar.

Como señaló el presidente Obama después de la reunión del 1 de octubre en Ginebra, parece que hemos comenzado bien, pero a este comienzo le tienen que seguir medidas constructivas. En particular, se necesitan medidas rápidas para aplicar el plan para utilizar el uranio enriquecido a un bajo nivel de Irán para abastecer de combustible al reactor de investigación de Teherán, que se utiliza para fabricar isótopos médicos.

El aumento de la capacidad del OIEA para verificar si los Estados están participando en actividades nucleares ilícitas es fundamental para el fortalecimiento del régimen de no proliferación. El protocolo adicional del OIEA, que permite inspecciones más agresivas con poco aviso previo debe ser universal y por medio de esfuerzos concertados que persuadan a los Estados que se resisten a que participen.

Nuestra experiencia con el programa nuclear de Iraq antes de la Guerra del Golfo de 1991 demostró que los derechos y recursos del OIEA tienen que actualizarse. El protocolo adicional incorpora esas lecciones. Si no hacemos de este protocolo la norma mundial, el mundo habrá dejado de prestar atención a las lecciones de la historia, con lo cual todos estaremos en peligro. El OIEA debe hacer uso pleno de las autoridades de verificación vigentes, incluidas las inspecciones especiales. Pero también se le deben dar nuevas autoridades, incluyendo la capacidad para investigar actividades sospechosas relativas a las armas nucleares, incluso cuando no haya materiales nucleares presentes. Si esperamos que el OIEA sea el baluarte del régimen de no proliferación, debemos darle los recursos que necesita para llevar a cabo su labor.

No basta con mejorar la capacidad del OIEA para descubrir violaciones de las salvaguardias. Los violadores potenciales deben saber que si se los descubre, pagarán un precio muy caro. Ciertamente ese no es el caso ahora. A pesar de los esfuerzos de Estados Unidos, el historial de la comunidad internacional en asegurar el cumplimiento en años recientes es inaceptable. Deben mejorarse los mecanismos y procedimientos de cumplimiento. Deberíamos considerar la adopción de sanciones automáticas por violaciones de los acuerdos de salvaguardia – por ejemplo, suspendiendo toda cooperación nuclear internacional o proyectos de cooperación técnica del OIEA hasta que se restablezca el cumplimiento.

Y puesto que el papel del Consejo de Seguridad es tan importante en cuestiones de cumplimiento, estamos trabajando para restablecer el consenso entre los cinco miembros permanentes en lo que respecta a la aplicación del TNP.

Debemos utilizar también herramientas financieras y jurídicas para interrumpir las redes de proliferación ilícita. Esto significará controles más estrictos de los envíos de fletes, una fuente importante del comercio ilegal, así como fortalecer las restricciones del Grupo de Proveedores Nucleares para la transferencia de tecnología de enriquecimiento y reprocesamiento. Un régimen de no proliferación, vigorizado, debería permitir que los países, especialmente los países en desarrollo, disfruten de los beneficios pacíficos de la energía nuclear, a la vez que proporciona incentivos para que no construyan sus propias instalaciones de enriquecimiento y reprocesamiento. Esas instalaciones son intrínsecamente capaces de producir tanto combustible para reactores nucleares como núcleos fisionables de armas nucleares y no se debe permitir que proliferen.

Sin embargo, tenemos que asegurar que los estados tengan acceso a combustible nuclear, un derecho que el TNP les garantiza. La mejor manera de lograr esta meta es ampliando las opciones del ciclo de combustible. Las garantías multilaterales de suministro de combustible, los depósitos internacionales de combustible y los depósitos de combustible nuclear gastado pueden aumentar la confianza de los estados que inicien o se embarquen en ampliar sus programas de energía nuclear. Estas iniciativas los alentarán a realizar planes nucleares civiles y legítimos sin asumir el riesgo y el gasto de construir sus propias instalaciones de ciclo de combustible. Pondremos en práctica bancos internacionales de combustible y arreglos efectivos de servicio de combustible como componentes clave de nuestra política de no proliferación.

Ahora bien, no podemos separar la amenaza de la proliferación de armas nucleares del desafío del desarme nuclear – ambos son parte de la premisa central del TNP. Todos los países enfrentan el peligro común de las armas nucleares. Pero los estados que tienen armas nucleares – y especialmente Estados Unidos y Rusia – tienen la obligación de reducir sus arsenales de armas. La administración Obama trata activamente de tomar esas medidas. Estamos negociando con los rusos un acuerdo que reemplazará al Tratado START que se vence pronto y que reducirá significativamente las fuerzas nucleares de ambas partes. Preparará el camino también para recortes aun mayores en el futuro.

Permítame que deje bien claro que: Estados Unidos está interesado en un acuerdo que siga al START porque reforzará nuestra seguridad nacional. Nosotros y Rusia desplegamos muchas más armas nucleares de las que necesitamos o pudiéramos utilizar potencialmente sin destruir nuestro modo de vida. Podemos reducir nuestros arsenales de armas nucleares sin poner en riesgo a nuestro país, a nuestras tropas desplegadas o nuestros aliados.

Aferrarnos a las armas nucleares por encima de nuestras necesidades de seguridad no hace a Estados Unidos más seguro. Pero el estatus quo nuclear no es ni deseable ni sostenible. Ofrece a otros países el motivo o la excusa para buscar sus propias opciones nucleares.

La manera correcta de reducir nuestro exceso de fuerzas nucleares está en paralelo con Rusia. Las reducciones mutuas verificables mediante un tratado que siga al START nos ayudarán a crear confianza y evitar sorpresas. Trabajamos arduamente para asegurar que el nuevo acuerdo tenga en cuenta inspecciones y otros mecanismos que nos permitan crear confianza. No nos hacemos ilusiones de que este acuerdo vaya a persuadir a Irán y a Corea del Norte de terminar sus actividades nucleares ilícitas, pero sí demostrará que Estados Unidos cumple con sus obligaciones bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear de trabajar por el desarme nuclear. Al hacerlo así, ayudará a convencer al resto de la comunidad internacional de que fortalezca los controles a la proliferación y sea más estricta con los estados que se burlan de sus compromisos de no proliferación.

Por la misma razón, Estados Unidos trata de comenzar lo más pronto posible las negociaciones de un Tratado de Prohibición de la Producción de Materiales Fisionables (FMCT) con provisiones apropiadas de observación y verificación. Un tratado universal FMCT detendrá la producción de plutonio y uranio altamente enriquecido para armas, al limitar el tamaño de los arsenales ya existentes y reducir el riesgo de que grupos terroristas tengan acceso algún día a los arsenales de materiales fisionables.

No obstante, debemos hacer más que reducir la cantidad de nuestras armas nucleares. Debemos reducir también el papel que éstas desempeñan en nuestra seguridad. A este respecto, la Revisión de la Posición Nuclear actualmente en curso será un hito histórico. Calibrará con más exactitud el papel, el tamaño y la composición de nuestras reservas nucleares a los entornos internacionales de la amenaza actual y futura. Y proporcionará una reevaluación fundamental de la posición, los niveles y la doctrina de la fuerza nuclear de Estados Unidos. Al realizarlo en cooperación con nuestros aliados, examinará el papel de las armas nucleares en disuadir las amenazas de hoy y revisará nuestras políticas declaratorias con respecto a las circunstancias en las que Estados Unidos consideraría el uso de armas nucleares.

Como parte de la RPN, Revisión de la Posición Nuclear, tenemos que responder a preguntas claves: ¿cuál es el propósito fundamental del arsenal de armas nucleares de Estados Unidos? ¿Ayudará nuestra postura de disuasión a que Estados Unidos aliente a otros a reducir sus arsenales y a hacer avanzar nuestra agenda de no proliferación? ¿Cómo podemos dar confianza a nuestros aliados de una manera que refuerce nuestros objetivos de no proliferación?

Creemos que ahora es el momento de considerar nuevas perspectivas del papel del arsenal de armas nucleares de Estados Unidos; no podemos darnos el lujo de continuar dependiendo de ideas recicladas de la Guerra Fría. Somos sinceros en nuestra búsqueda de la paz y la seguridad en un mundo sin armas nucleares. Pero hasta que lleguemos a ese punto del horizonte donde la última arma nuclear haya sido eliminada, tenemos que fortalecer el consenso nacional de que Estados Unidos mantendrá la infraestructura nuclear necesaria para asegurar una disuasión segura y efectiva sin ensayos nucleares.

De modo que además de apoyar un presupuesto nuclear complejo y robusto en 2011, apoyaremos también un nuevo Programa de Gestión de Arsenales que se enfoque en mantener capacidades. Esto es lo que los líderes militares, que tienen la responsabilidad de nuestra fuerza disuasiva estratégica, necesitan para defender a nuestro país. El general Chilton, el comandante del Comando Estratégico de Estados Unidos STRATCOM, ha dicho repetidas veces que él no necesita nuevas capacidades de armas nucleares – pero que debe estar seguro de las capacidades que tenemos.

A medida que establecemos esa confianza mediante la Gestión de Arsenales, hacemos preparativos también para lograr la aprobación del Senado del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos y trabajamos mundialmente para convencer a otros estados que aún no apoyan el tratado de que lo pongan en vigencia. La puesta en vigor de ese tratado fortalecerá el régimen mundial de no proliferación y, al hacerlo, aumentará nuestra propia seguridad.

Durante casi dos décadas, y más de cuatro administraciones consecutivas, Estados Unidos ha observado una moratoria de los ensayos nucleares. O sea, que ya estamos cumpliendo con la obligación fundamental del Tratado. Un tratado de prohibición de los ensayos que entre en vigor permitirá que Estados Unidos y otros desafíen a los estados que realizan actividades sospechosas de ensayos nucleares -– incluyendo la opción de pedir inspecciones en el lugar para asegurar que no se realice ningún ensayo en ninguna parte. La ratificación del TPCE alentaría también a la comunidad internacional a proceder con otras medidas esenciales de no proliferación. Y que no quepa ninguna duda, otros estados – de manera correcta o no – consideran la ratificación del TPCE por parte de Estados Unidos como una indicación de nuestro compromiso con el consenso de la no proliferación.

En los meses venideros, varios acontecimientos importantes pueden acelerar el progreso en nuestra agendas de no proliferación y control de armas. En abril, el presidente Obama auspiciará una Cumbre Mundial de Seguridad Nuclear, un acontecimiento sin precedentes que ayudará a promover una comprensión común de la amenaza del terrorismo nuclear y a crear apoyo internacional a medios efectivos de contrarrestar esa amenaza. El mes siguiente, la Conferencia de Revisión del TNP, que se realiza cada cinco años, tratatará lograr el consenso entre las partes de TNP en cuanto a un programa de trabajo para fortalecer el régimen del TNP. Esperamos que estas reuniones ofrezcan una plataforma de lanzamiento para nuestros esfuerzos mundiales para enfrentar este desafío.

Las amenazas nucleares que la comunidad internacional enfrenta hoy no pueden exagerarse. Representan un grave desafío. Y al igual que respecto a otras amenazas mundiales, particularmente el cambio climático, todos estamos en la misma situación. A menos que actuemos decisivamente y actuemos ahora, la situación puede empeorar de manera catastrófica e irreversible.

Al observar las amenazas nucleares actuales y las presiones que sufre el régimen de no proliferación mundial, algunos expertos han sacado conclusiones pesimistas acerca de nuestro futuro nuclear. Hablan de cascadas nucleares y terroristas que consiguen la bomba. Según ellos, una mayor proliferación es inevitable; y detenerla es inútil.

Más proliferación y terrorismo nuclear no son conclusiones inevitables. Estos peligros pueden obstruirse y prevenirse. Pero para contrarrestar estas amenazas se requiere que nos demos cuenta de que todos los estados tienen un interés común en revigorizar el régimen de no proliferación – y que todos los estados tienen la responsabilidad de adelantar ese esfuerzo.

Dean Acheson reconoció estas verdades en su día. No han menguado con el paso del tiempo. Y Estados Unidos hará todo lo que pueda para continuar este trabajo, y asegurar que estos esfuerzos tengan éxito.

Ahora que estamos en esta nueva encrucijada, el sendero hacia adelante está claro. Es un sendero que conduce desde las calles de Praga, a través de los hitos de los que he hablado de hoy, y finalmente, un día, a un mundo sin armas nucleares.

Justo como Acheson hizo en su tiempo, debemos enfrentar este desafío actuando con firmeza, sabiamente, con esperanza, y en concierto con otras naciones. Y una vez más, si lo hacemos así, el liderazgo estadounidense asegurará nuestra seguridad y la paz de las generaciones futuras.

Muchas gracias a todos.

(termina la transcripción)


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