Para un billón de personas en el mundo, el esfuerzo
de cultivar, comprar o vender alimentos es la lucha crucial
de su diario vivir. Esto es importante para todos.
Pensemos en el pequeño agricultor típico
en el mundo. Vive en una zona rural, se levanta antes del
amanecer y para obtener agua tiene que caminar grandes distancias.
Si la sequia, las plagas o las pestes no destruyen su cosecha,
podrá ganar lo suficiente como para alimentar a su
familia e incluso vender lo que le sobra. Pero para llegar
al mercado más cercano no hay camino y nadie en los
alrededores tiene dinero suficiente para comprar su producción.
Mientras tanto hay un hombre joven que vive en una populosa
ciudad ubicada a varios kilómetros de este agricultor.
Tiene un trabajo en donde le pagan muy poco. Va al mercado,
pero los productos son malos o tienen un precio fuera de
su alcance.
El agricultor tiene alimentos extra para vender y él
quiere comprarle. Pero esta simple transacción no
puede llevarse a cabo por complejos motivos que van más
allá de las posibilidades de ambos.
Afrontar el desafío del hambre global es clave para
la “seguridad alimentaria” –fortalecer
a los granjeros del mundo para que puedan sembrar y tener
cosechas abundantes, puedan cuidar ganado adecuadamente
o puedan pescar – y luego asegurarse de que los alimentos
producidos lleguen a aquellos que más lo necesitan.
La seguridad alimentaria es la suma de varios temas: sequías
e inundaciones causadas por el cambio climático,
vaivenes de la economía global que afectan los precios
de los alimentos y las subas del precio del petróleo
que aumentan los costos del transporte.
Por lo tanto cuando hablamos de seguridad alimentaria no
estamos hablando únicamente de alimentos sino de
seguridad. El hambre crónico es una amenaza para
las personas, los gobiernos, la sociedad y las fronteras.
Las personas que pasan hambre o están desnutridas
y que no pueden hacerse cargo de sus familias, experimentan
desesperación lo que a veces genera tensión,
conflictos y también violencia. Desde el 2007, hubieron
disturbios por esta causa en más de 60 países.
El fracaso de la agricultura en muchas partes del mundo
tiene, además, un fuerte impacto en la economía
global. La agricultura es la única o la principal
fuente de ingresos de más de las tres cuartas partes
de la población indigente. Cuando diariamente hay
muchos que trabajan y no pueden progresar, el mundo entero
retrocede.
La Administración Obama considera el hambre crónico
como una de las prioridades de su política exterior.
Otros países están junto a nosotros en esta
iniciativa. Las naciones más industrializadas han
destinado $22 billones de dólares durante tres años
para fomentar el crecimiento económico a través
de la agricultura. El 26 de setiembre pasado, junto al Secretario
General de las Naciones Unidas, Bank Ki-Moon reunimos a
líderes de más de 130 países para lograr
apoyo internacional.
Nuestra iniciativa será divulgada. Invertimos demasiado
tiempo y dólares en proyectos de desarrollo que no
se plasmaron en resultados concretos. Pero aprendimos de
nuestros esfuerzos. Sabemos que las mejores estrategias
surgen de los que están más próximos
a los problemas, no de gobiernos extranjeros o instituciones
a miles de kilómetros. Sabemos que el desarrollo
funciona mejor cuando es visto como inversión y no
como ayuda.
Con estas lecciones en mente, basaremos nuestra iniciativa
de seguridad alimentaria en cinco principios.
En primer lugar no hay un modelo único para todas
las agriculturas por lo que trabajaremos junto a otros países
para crear e implementar sus planes.
En segundo lugar, apuntaremos a las causas profundas del
hambre invirtiendo en todo, desde mejores semillas a seguros
para pequeños agricultores. Apuntalaremos la capacidad
y perseverancia de las mujeres, que son mayoría entre
los agricultores del mundo.
Tercero, haremos hincapié en la coordinación
en cada país, a nivel regional y global ya que no
hay entidad que pueda, por sí sola, erradicar el
hambre.
Cuarto, daremos apoyo a instituciones multilaterales cuyo
alcance y recursos sean incomparables.
Por último, abogamos por un compromiso responsable
a largo plazo. Invertiremos en herramientas de monitoreo
y evaluación que permitan que nuestros esfuerzos
sean transparentes.
Complementaremos nuestro compromiso proporcionando asistencia
alimentaria cuando ocurran catástrofes y desastres
– tal como lo que está ocurriendo actualmente
en el Cuerno de Africa, donde la sequía, la pérdida
de las cosechas y la guerra civil causaron una devastadora
crisis humanitaria.
Revitalizar la agricultura global no será una tarea
fácil. De hecho, esta iniciativa es una de las más
ambiciosas tareas de desarrollo que la diplomacia de nuestro
país haya emprendido. Pero se puede hacer y vale
la pena. Si lo logramos, nuestro futuro será más
próspero y pacífico que nuestro pasado.
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