Washington — El acuerdo provisional que permitirá
a Estados Unidos utilizar siete instalaciones militares
colombianas es un medio de formalizar el acceso que el personal
de Estados Unidos ha tenido durante años en los esfuerzos
conjuntos para combatir las actividades de los narcotraficantes.
No es una propuesta que vaya a crear nuevas bases estadounidenses
o aumente la presencia militar estadounidense en el país,
dijo el vicesecretario de Estado adjunto para Asuntos del
Hemisferio Occidental del Departamento de Estado Christopher
McMullen.
Mc Mullen dijo a America.gov que recientemente regresó
de una gira por Argentina, Brasil y Uruguay, principalmente
para explicar a sus gobiernos los términos reales
del acuerdo de cooperación en defensa (DCA) propuesto
entre Estados Unidos y Colombia y la manera en que contrasta
con muchas de las fuertes críticas dirigidas a éste,
particularmente por parte del presidente de Venezuela Hugo
Chávez. (Véase "Enviado
del presidente Obama visita Uruguay").
“Es mucho más inocuo de lo que cualquiera
pueda imaginar, pero el problema es que si hay un vacío
de información la gente especula sobre los contenidos
del acuerdo...y reacciona a los pedazos sueltos de información
así como a la desinformación”, dijo
McMullen.
Según indica una hoja informativa publicada por
el Departamento de Estado el 18 de agosto, el DCA está
diseñado para facilitar la cooperación bilateral
en Colombia en cuestiones de seguridad, “inclusive
la producción y tráfico de narcóticos,
terrorismo, contrabando ilegal de todo tipo y desastres
naturales y catástrofes humanas”. (Véase
"Acuerdo de Cooperación en
Materia de Defensa entre Estados Unidos y Colombia").
Más que crear bases estadounidenses, el acuerdo
permite al personal estadounidense el acceso a siete instalaciones
militares colombianas: dos bases navales, dos instalaciones
del ejército y las tres bases aéreas localizadas
en Palanquero, Apiay y Malambo. “Todas estas instalaciones
militares están y permanecerán bajo control
colombiano”, y las fuerzas armadas colombianas seguirán
a cargo de su comando y control, su administración
y seguridad, indica la hoja informativa.
Según el DCA, todas las actividades realizadas por
personal estadounidense de estas instalaciones tendrán
lugar “solamente con expresa aprobación previa
del gobierno colombiano”, y el acuerdo “no señala,
anticipa o autoriza un aumento de la presencia de personal
militar o civil estadounidense en Colombia”.
El vicesecretario adjunto McMullen dijo que esencialmente
el acuerdo “formaliza el acceso que hemos tenido en
base a cada ocasión necesaria durante la existencia
del Plan Colombia”, y en algunos casos incluso antes.
El Plan Colombia es una estrategia de 10 años de
duración diseñada por Colombia en la que Estados
Unidos ha ayudado al país en su lucha contra el narcotráfico,
la terminación del conflicto civil, el estímulo
del crecimiento económico y el fortalecimiento del
imperio de la ley.
El ímpetu para el DCA, dijo, se debió en
parte a la cantidad de tiempo y esfuerzo que ambos gobiernos
han invertido en establecer los términos del acceso
diario de Estados Unidos a las instalaciones colombianas
por medio de protocolos diplomáticos formales. En
un sentido general, el DCA también sirve de acuerdo
marco para la cooperación entre Estados Unidos y
Colombia y refleja el deseo de ambos países de actualizar
los acuerdos bilaterales de cooperación militar,
algunos de los cuales han estado vigentes desde las décadas
de 1950 y1960.
McMullen destacó que el DCA es estrictamente un
acuerdo bilateral con Colombia pero que es “emblemático
del tipo de cooperación que otros países de
la región deberían llevar a cabo” contra
desafíos compartidos tales como el narcotráfico
y la delincuencia internacional. Una cooperación
multilateral en la región puede ayudar a “reducir
la capacidad de los cárteles de la droga de trabajar
en los espacios que existen entre los países”.
ÉXITO DE COLOMBIA PERMITE COMPARTIR LECCIONES APRENDIDAS,
AMPLIAR LA PARTICIPACIÓN ESTADOUNIDENSE
McMullen destacó que la mayoría de los indicadores
muestran que la productividad de la industria de la cocaína
en Colombia ha “disminuido significativamente”,
durante los últimos siete u ocho años de operaciones
militares que han empujado el cultivo de la coca a zonas
más remotas y marginales en las que el rendimiento
de las cosechas es menor. Al mismo tiempo, los decomisos
de droga han “aumentado drásticamente”,
dijo.
Los éxitos de Colombia en la lucha contra el problema
de la droga y la mejora de la situación de seguridad
frente a grupos rebeldes como las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) han causado que comience a compartir
sus experiencias con sus vecinos, comentó McMullen.
“Está tratando de llevar las lecciones aprendidas
a otros países de la región” por medio
de programas de capacitación de la policía
en Haití, México y América Central
y capacitación de helicópteros a pilotos mexicanos
como parte de la iniciativa de Mérida.
También, el éxito de Colombia ha permitido
que por “primera vez en 45 años” se amplíe
su diálogo bilateral con Estados Unidos “más
allá de los tradicionales temas de la droga y la
seguridad”, expresó McMullen y agregó
que los dos países ahora dialogan sobre cooperación
en materia de cambio climático, como mejorar las
vidas de la población afro colombiana, y óomo
puede Colombia tener un papel más activo en la iniciativa
regional de libre comercio conocida como Caminos hacia la
prosperidad. (Véase "La
prosperidad en las Américas debe medirse por la calidad
de vida de la gente")
Sin embargo, McMullen advirtió que “no podemos
subestimar a las FARC” a pesar del éxito de
Colombia contra el grupo rebelde, particularmente en el
período de 2007 a 2008, con las muertes de comandantes
de alto nivel de las FARC y deserciones en masa de efectivos
de las FARC.
El grupo, fundado en 1964, “ha pasado por crisis
iguales o más serias” que la que experimenta
en la actualidad, y “ha probado ser una organización
muy resistente y adaptable”, dijo McMullen y destacó
que recientemente las FARC han dado muestras de adaptar
su estrategia y tácticas frente a las nuevas realidades
y en respuesta a las actuaciones del gobierno colombiano.
Retiene refugio seguro en los porosos terrenos de jungla
en las fronteras con Ecuador y Panamá y en Venezuela
donde “no sólo tiene refugio seguro sino que
hay indicaciones de que recibe un apoyo activo por parte
de algunos miembros del gobierno venezolano”.
En cuanto al historial de derechos humanos en Colombia,
el vicesecretario adjunto dijo que el gobierno ha venido
realizando “mejoras regulares”, y que “la
trayectoria general ha sido mayormente positiva”,
pero Estados Unidos ha expresado preocupación sobre
asuntos tales como las muertes en Soacha, donde personas
que buscaban empleo fueron identificados erróneamente
como guerrilleros de las FARC y asesinados por el ejército
colombiano. (Véase "El
Depto. de Estado certifica a Colombia en materia de Derechos
Humanos")
“Fue un escenario de derechos humanos que no habíamos
visto con anterioridad, que nos hizo tomar una pausa”,
dijo McMullen, y agregó que los funcionarios estadounidenses
desean asegurar que el incidente fue aislado y no sistémico
y esperan que la investigación del gobierno colombiano
y el castigo a los perpetradores demuestren que “los
colombianos tienen esto bajo control”.