Washington — Estados Unidos ha reanudado la tarea de
ayudar a los países pobres en vías de desarrollo
para que aumenten su producción agrícola, implantando
nuevamente una política que había abandonado
hace casi tres décadas, dijo la secretaria de Estado
Hillary Rodham Clinton.
“En 1981 nos salimos de las inversiones en la productividad
agrícola, en favor de la ayuda alimentaria de emergencia”,
dijo Clinton, en un discurso pronunciado el 25 de septiembre
ante la Iniciativa Global Clinton en Nueva York. “La
revitalización de la agricultura no será tarea
fácil. De hecho, esta es una de las iniciativas diplomáticas,
y de desarrollo, más amplias y ambiciosas que jamás
haya emprendido nuestro país”.
El ex-presidente Bill Clinton, en sus comentarios para
presentar a su esposa, dijo que Estados Unidos y otros países
ricos abandonaron las políticas de desarrollo agrícola
destinadas a los países pobres, con la “ingenua
noción” de que los países ricos simplemente
enviarían comida a los países hambrientos
en maneras que aportarían beneficios económicos
a los países exportadores de alimentos.
“Esa idea persistió por igual en sucesivos
gobiernos Republicanos y Demócratas, incluido el
mío”, afirmó el ex-presidente, que concluyó
su mandato en 2001.
La secretaria Clinton dijo que la administración
Obama se comprometió en la Cumbre del G8 realizada
en julio, a invertir un mínimo de 3.500 millones
de dólares durante los próximos tres años
para ayudar a los países pobres a mejorar la producción
de alimentos. Esa es la contribución de Estados Unidos
al compromiso total del G8 de 20.000 millones de dólares
destinados a combatir el hambre en los países pobres.
Más de mil millones de personas, es decir la sexta
parte de la población mundial, padece de hambre crónica,
y los abastecimientos alimentarios en todo el mundo tendrán
que aumentar en un 50 por ciento en las próximas
dos décadas para atender la demanda, según
informa el gobierno de Estados Unidos.
Clinton afirmó que el pequeño agricultor
típico del mundo es una mujer que vive en un pueblo
del África subsahariana, Asia o América Latina,
que cultiva una parcela de la que no dueña. Esta
agricultora se levanta antes del amanecer, camina kilómetros
para recoger agua y trabaja todo el día en el campo,
a veces cargando con un bebé a la espalda.
“Si tiene suerte, ninguna sequía ni plaga
de insectos destrozará sus cultivos y podrá
cosechar lo suficiente para alimentar a su familia y tal
vez le quede algo para vender. Pero no hay carreteras al
mercado más cercano, y de todos modos no hay a quien
venderle el producto. Las demás personas son igual
de pobres que ella”, dijo Clinton.
A diferencia de esta agricultora, un hombre joven vive
en una ciudad atestada de gente, a 120 kilómetros,
sin trabajo o con un trabajo por el que le pagan centavos,
dijo Clinton. Cuando va al mercado encuentra alimentos que
se están pudriendo, o a un costo fuera de su alcance.
“Está hambriento y con frecuencia furioso.
El esfuerzo diario para cosechar, comprar o vender alimentos
es la lucha que define sus vidas”.
Según Clinton, la política de desarrollo
agrícola de la administración Obama se basará
en cinco principios:
• Permitir que cada país defina sus necesidades
de inversión agrícola
• Atender las causas subyacentes del hambre y colocar
a la mujer en el centro de los esfuerzos para encontrar
las soluciones. “Hemos visto una y otra vez, en las
microfinanzas y en otros programas, que las mujeres son
empresarias, responsables y prácticas. Invierten
sus ganancias en sus familias y comunidades. Y devuelven
los préstamos a una tasa más elevada que la
normal”, afirmó.
• Mejorar la coordinación a nivel de país,
región y global, para evitar la duplicación
de los esfuerzos.
• Utilizar a las organizaciones de desarrollo multilateral,
como el Banco Mundial.
• Mantener la trayectoria trazada. “Puede que
tarde años, incluso décadas, llegar a la meta
final, pero tenemos que darlo todo en el tiempo que tenemos”,
aseveró Clinton.
“Esta es una de las iniciativas diplomáticas,
y de desarrollo, más amplias y ambiciosas que jamás
haya emprendido nuestro país”, dijo Clinton,
quien agregó: “Pero puede hacerse, y se hará”.