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Amigos y adversarios lloran la muerte del gigante progresista del Senado

Entierro del senador Edward Kennedy en el Cementerio Nacional de Arlington
Por Bridget Hunter, America.gov  
Publicado: 31 de agosto de 2009 Nota relacionada: El senador Edward Kennedy muere a los 77 años  
El presidente Obama pronuncia su elegía durante el velorio del senador Edward Kennedy en la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Boston, el 30 de agosto del 2009.
Washington — Estados Unidos despidió a un estadista que toda su vida vivió en el punto de mira de la política, al hijo más pequeño de una familia que muchos consideraban como la realeza estadounidense.

Sería más exacto calificar a los Kennedy de los demócratas de Estados Unidos, y en este caso la “d” minúscula es deliberada, por la manera en que sus vidas y sus pérdidas públicas se desarrollaron en el escenario de la historia de Estados Unidos y cómo contribuyeron a conformar la constante evolución de la democracia en Estados Unidos.

La riqueza personal les permitía a los Kennedy tener una vida privilegiada, pero en lugar de ello optaron por servir a su país. El apellido Kennedy está ahora inextricablemente ligado a leyes de gran importancia, como la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Estadounidenses con Discapacidades, y con programas inspiradores como el Cuerpo de Paz, las Olimpíadas Especiales y el programa espacial.

El 30 de agosto, Edward Kennedy, el único de los cuatro hermanos que llegó a tener larga vida, fue formalmente velado en la casa familiar en Cape Cod (Massachusetts), en una catedral de Boston y en las gradas del Capitolio de Estados Unidos, mientras su cadáver hacía el recorrido final para sumarse a los de sus hermanos, enterrados en una colina del Cementerio Nacional de Arlington.

El veterano senador por Massachusetts murió el 25 de agosto a los 77 años de edad, luego de luchar durante un año contra un tumor cerebral.

“Hoy decimos adiós al más joven de los hijos de Rose y Joseph Kennedy. El mundo recordará durante mucho tiempo a su hijo Edward como el heredero de un legado de peso, el defensor de los que no tienen defensores; el alma del Partido Demócrata y el león del Senado estadounidense, un hombre cuyo nombre figura en casi mil leyes y que firmó más de 300 por sí mismo”, dijo el presidente Obama en una elegía que pronunció en la Basílica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Boston.

DESPEDIDA PRESIDENCIAL

Entre los dolientes que llenaron la catedral para la misa de la Resurrección, servicio fúnebre católico, figuraban los titulares actuales y pasados de los más altos cargos del país (presidentes, senadores, gobernadores y jueces), emisarios de gobiernos extranjeros, y la amplia familia Kennedy, que actualmente cuenta con más de 100 miembros, así como gran cantidad de amistades hechas a lo largo de una vida colmada de ternura y buen humor.

Muchos que quienes llenaban los bancos de la iglesia fueron enconados adversarios políticos, por ejemplo el ex presidente Jimmy Carter, al que Kennedy desafío en la candidatura presidencial Demócrata de 1980; el ex presidente George W. Bush, cuya política en Iraq fue objeto de duros ataques por parte de Kennedy, y la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton, que se sintió decepcionada por la decisión de Kennedy de respaldar a Barack Obama en la carrera presidencial de 2008.

La mayoría de los senadores de Estados Unidos, tanto republicanos como demócratas, viajaron a Boston para presentar sus respetos finales, entre ellos John McCain, candidato presidencial del Partido Republicano en 2008, porque, a pesar de las diferencias políticas y filosóficas que muchos tuvieron con Kennedy, su decidido empeño concitó el respeto de sus colegas y su encanto personal se ganó muchos de sus corazones.

“Si bien sus detractores más encarnizados lo consideraban un pararrayos partidario, ese no es el prisma con el que Ted Kennedy veía el mundo, ni tampoco era el prisma con el que sus colegas miraban a Ted Kennedy”, dijo Obama. “Fue producto de una época en que la dicha y la nobleza de la política impedía que las diferencias de partido y plataforma y filosofía se convirtieran en obstáculos a la colaboración y el respeto mutuo, una época en que adversarios aún se consideraban unos a otros como patriotas.

“Fue así como Ted Kennedy se convirtió en el legislador más importante de nuestros tiempos. Lo hizo acatando principios, sí, pero también buscando el compromiso y la causa común, no solo mediante arreglos y tomas y dacas, sino también por medio de la amistad, la bondad y el humor”, agregó. (Véase "Elegía de Obama por la muerte del senador Edward Kennedy")

VIAJE FINAL AL SENADO

Los restos mortales del senador fueron transportados en un vuelo desde Boston hasta la base Andrews de la Fuerza Aérea, en las inmediaciones de Washington. El cortejo fúnebre atravesó luego las calles de la ciudad, llenas de estadounidenses de todas las edades y razas que enarbolaban banderas, tomaban fotos o saludaban en silencio.

En las gradas de la fachada oriental del Capitolio de Estados Unidos actuales y antiguos senadores, junto con sus empleados, esperaron durante horas para acoger la última visita al Senado. Esa escala no se había anunciado anticipadamente al público, pero cuando se supo miles de personas se congregaron en los jardines del Capitolio para dar su último tributo y para escuchar las palabras del capellán de la Cámara de Representantes.

Luego, en un escenario en penumbra, que recordó con tristeza el entierro del senador Robert Kennedy hace más de cuatro décadas, la familia y los amigos cercanos enterraron los restos mortales de Edward Kennedy cerca de las tumbas de sus hermanos, en medio de honores militares y el agradecimiento de una nación.

Un orador en una era cada vez más dependiente de las frases cortas, la elocuencia de Kennedy, profundamente emotiva en el entierro de su hermano asesinado, también sirve como resumen cabal de su propia vida. Porque, al igual que Robert, Edward “no necesitaba ser idealizado ni engrandecido en la muerte más allá de lo que fue en la vida, sino simplemente recordado como un hombre bueno y decente, que se fijo en lo que estaba mal y trató de corregirlo, que vio sufrimiento y trató de curarlo, que vio guerra y trató de frenarla”.

“Quienes lo queríamos y lo traemos hoy para su descanso, recemos que lo que fue para nosotros y lo que deseó para los demás pueda algún día serlo para todo el mundo.

“Como él mismo dijo muchas veces, en muchos lugares de este país, a quienes inspiró y a quienes lo buscaban para tocarlo: ‘algunos hombres miran las cosas como son y el por qué. Yo sueño de cosas que nunca han sido y digo por qué no”.


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