Los vehículos propulsados por hidrógeno y los híbridos, que combinan electricidad y biocombustibles para reducir las emisiones nocivas, ya están en las carreteras. Se está estudiando el hidrógeno como fuente alternativa de energía, y los conductores estadounidenses ya están utilizando algunos modelos nuevos. Esta minifurgoneta HydroGen3 de General Motors se exhibe ante el capitolio de East Lansing, en Michigan. Su motor de pila de combustible de hidrógeno sólo emite agua. | |
|
Washington — Cuando se le preguntó si los vehículos
híbridos que funcionan con gasolina y electricidad
y los vehículos híbridos que se enchufan a la
corriente reflejan la tecnología más prometedora
para la fabricación de automóviles Rob Farrington
hizo una pausa. No era que no supiera la respuesta, después
de todo dirige el grupo de estudio para vehículos avanzados,
en el Laboratorio Nacional de Energía Renovable, en
Golden, Colorado; era que la pregunta no se refería
al tema real.
“La solución más prometedora a nuestra
dependencia del petróleo importado y para el cambio
climático es hacer que la gente use otra clase de
transporte, distinta al vehículo individual”,
dijo.
¿Como las bicicletas?
Si, ir en bicicleta, caminar, compartir viajes y trabajar
desde la casa, son partes de la solución.
“Esas son las cosas para las cuales ya tenemos infraestructura
y no hay ningún costo adicional involucrado”,
dijo.
Pero sobre todo, lo que quería significar es la
necesidad del transporte público.
“No es una solución tecnológica, no
es algo que esté de moda. Pero cuanto antes lo consideremos
seriamente, tanto mejor”, añadió.
La mayor parte de los expertos consideran que se requerirá
aplicar una mezcla avanzada de tecnologías automotrices,
mejor transporte público y otras alternativas diferentes
a la conducción individual de vehículos para
alcanzar las ambiciosas metas establecidas por el presidente
Obama para el año 2020: el recorte del 14 por ciento
en las emisiones de gases de efecto invernadero por debajo
de los niveles de 2005 y el ahorro de 1.800 millones de
barriles de petróleo por medio de la eficiencia de
los combustibles para los automóviles. Los automóviles
para pasajeros y los vehículos ligeros utilizan más
del 45 por ciento de la demanda de petróleo en Estados
Unidos y emiten el 17 por ciento de los gases de efecto
invernadero, lo que contribuye al calentamiento global.
Hacer del transporte público una alternativa viable
a manejar todos los días al trabajo requerirá
mucha inversión en la infraestructura. Es posible
que el Congreso incremente de manera importante los fondos
para la infraestructura del transporte público cuando
a fines de este año debata una ley para el transporte.
Sin embargo los proyectos para el transporte suelen exigir
mucho tiempo para completarse.
De acuerdo con los analistas
es poco posible que la tecnología híbrida
que se enchufa a la red eléctrica, con la cual el
presidente está particularmente entusiasmado, tenga
un impacto importante en el mercado en las próximas
décadas, a pesar del llamamiento de la Casa Blanca
de poner en circulación un millón de esos
vehículos para el año 2015.
Farrington aseveró que tomaría 25 años
reemplazar la flota entera de automóviles de pasajeros
en Estados Unidos, si cada vehículo vendido hoy fuera
un híbrido o un híbrido para enchufarlo a
la electricidad. Los híbridos ya están en
el mercado desde hace casi 10 años, pero apenas son
el 3 por ciento de los vehículos vendidos actualmente.
Es más, sus fabricantes todavía no han obtenido
ganancias con ellos según dice Dave McCurdy, presidente
de la Alianza de Fabricantes de Automóviles.
Para maximizar el ahorro en combustible y reducir las emisiones
en el período más breve es preciso enfocarse
en la mejora de los vehículos convencionales impulsados
por combustión interna de gasolina y lograr un uso
menor del automóvil individual, afirman los expertos.
Sin embargo los encargados de diseñar políticas
prefieren hablar de la “transformación”
del transporte y de tecnologías “transformativas”,
según John Heywood, investigador de tecnología
para vehículos del Instituto Tecnológico de
Massachusetts.
“Para los políticos la 'mejora' de los vehículos
y la 'conservación' de combustible no crea el mismo
entusiasmo que la ‘transformación’”,
dijo.
La mayor parte de los analistas coinciden en que debe acelerarse
la investigación de tecnologías automotrices,
y elogian a la administración por asignar considerables
fondos para ello. Pero Farrington advirtió en contra
de centrarse únicamente en la tecnología,
de la que dijo que no alienta a aplicar el necesario cambio
cultural hacia una mayor dependencia del transporte público
y de construir comunidades más compactas en las que
se pueda caminar, construidas en torno a conmutadores de
transporte masivo.
Parte del problema es la falta de estrategias nacionales
integrales y uniformes en materia de energía y transporte,
aseveró McCurdy en una reunión pública
realizada el 18 de junio.
En una reunión anterior, realizada en junio, Beth
Osborne, vice secretaria adjunta de Transporte, dijo que
la administración está trabajando con determinación
para proponer esas estrategias, pero ello enfrenta la formidable
tarea de desmontar las paredes burocráticas que separan
a las diferentes agencias, que tienen poder sobre diversos
aspectos de temas relacionados, dijo.
Los intentos para plantear esas estrategias se complican
aún más por el hecho de que no siempre son
compatibles las metas para aumentar la seguridad energética
y reducir el calentamiento global. Por ejemplo Estados Unidos
puede ampliar una variedad de fuentes seguras de combustibles,
fomentando la producción de petróleo pesado
en su propio territorio y en Canadá, aumentando la
seguridad energética, pero esa producción
exige intensa energía y provocaría daños
medioambientales.
Hasta hace pocos años los biocombustibles, principalmente
el etanol, eran considerados como una solución a
los problemas energéticos y climáticos de
Estados Unidos. El Congreso, motivado por preocupaciones
de seguridad ordenó en el año 2007 quintuplicar
su producción. Actualmente el Congreso está
analizando un proyecto de ley que exigiría que por
lo menos el 80 por ciento de los nuevos automóviles
puedan operar, para el año 2015, con mezclas de biodiesel
con etanol o metanol. Los fabricantes de automóviles
se han comprometido a que la mitad de todos los vehículos
fabricados para el año 2013 tengan esa capacidad.
Sin embargo un número de estudios han planteado
dudas sobre la capacidad de que los biocombustibles, especialmente
el etanol basado en el maíz, tengan ventajas para
ayudar al clima.
Esos estudios “nos han hecho más cautelosos”,
aseveró Heywood.
Es por ello que él y Farrington han recomendado
el desarrollo “muy agresivo” de la próxima
generación de biocombustibles basados en biomasas
celulósicas, cuyos beneficios se espera que sean
más evidentes para el clima.