“El presidente Obama nos ha obligado a pensar fuera
de los esquemas habituales. Ha iniciado una nueva era de participación
fundada en intereses comunes, valores compartidos y respeto
mutuo. A partir de ahora, y aprovechando las virtudes singulares
de Estados Unidos, debemos adelantar esos intereses a través
de las alianzas, y promover los valores universales a través
del poder de nuestro ejemplo y la potenciación de las
personas. Así, podremos forjar el consenso mundial
que se necesita para derrotar las amenazas, hacer frente a
los peligros y aprovechar las oportunidades del siglo XXI.
Estados Unidos siempre será un líder en el mundo
con tal de que sigamos siendo fieles a nuestros ideales y
adoptemos estrategias que se corresponden a los tiempos en
que vivimos”, declaró la secretaria Clinton en
su discurso pronunciado el 15 de julio en la sede del Consejo
de Relaciones Exteriores en Washington.
A continuación una traducción del texto del
discurso:
(comienza el texto)
DEPARTAMENTO DE ESTADO DE EE.UU.
Oficina del Portavoz
Para publicación inmediata
15 de julio de 2009
DECLARACIONES
Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton
Discurso sobre política exterior pronunciado en el
Consejo de
Relaciones Exteriores
15 de julio de 2009
Washington, D.C.
SECRETARIA CLINTON: Muchas gracias, Richard. Estoy encantada
de estar aquí en la nueva sede. He visitado a menudo
la sede en la ciudad de Nueva York, pero es buena idea tener
una oficina del Consejo aquí mismo, a una manzana
del Departamento de Estado. El Consejo nos asesora mucho,
con lo cual ahora no tengo que desplazarme tan lejos para
que me digan lo que deberíamos de estar haciendo
y cómo deberíamos pensar acerca del futuro.
Richard acaba de pronunciar lo que podría calificarse
como una versión reducida de mis comentarios en lo
que se refiere a los asuntos que enfrentamos. Pero viendo
el público aquí presente, repleto no sólo
de amigos y colegas, sino también de personas que
han ejercido cargos en las anteriores administraciones,
es evidente que no existe un momento en el que no haya tareas
por hacer.
Poco después de comenzar a trabajar en el Departamento
de Estado, un anterior secretario de Estado me llamó
y me ofreció el siguiente consejo: no intentes abarcar
demasiado. Me pareció una amonestación inteligente,
si sólo fuera posible. Pero el panorama internacional
hoy en día es implacable: dos guerras, el conflicto
en Oriente Medio, las amenazas persistentes del extremismo
violento y la proliferación nuclear, la recesión
mundial, el cambio climático, las hambrunas y enfermedades,
y la brecha cada vez mayor entre los ricos y los pobres.
Todos estos desafíos afectan la seguridad y prosperidad
de Estados Unidos, y amenazan también la estabilidad
y el progreso mundiales.
Sin embargo no son motivo para desesperarse sobre el futuro.
Las mismas fuerzas que complican nuestros problemas: la
interdependencia económica, las fronteras abiertas
y la rápida circulación de información,
capitales, productos, servicios y personas; son también
parte de la solución. Ahora que más estados
afrontan desafíos comunes, tenemos la oportunidad
y la profunda responsabilidad de ejercer el liderazgo estadounidense
para resolver los problemas junto con los demás.
Ése es el elemento vital de la misión de Estados
Unidos en el mundo actual.
Ahora bien, algunos consideran que el auge de otros países
y nuestras dificultades económicas internas son indicios
de que el poder de Estados Unidos ha disminuido. Otros sencillamente
no se fían de nosotros como líderes, porque
consideran que Estados Unidos es una potencia que no rinde
cuentas, que impone con demasiada rapidez su voluntad a
expensas de los intereses de los demás y de nuestros
principios. Pues bien, se equivocan.
La cuestión no es si nuestro país pueda o
deba dirigir, sino cómo ejercerá su papel
de líder en el siglo XXI. Las ideologías rígidas
y viejas fórmulas ya no rigen. Necesitamos un nuevo
modelo de cómo Estados Unidos empleará su
poder para proteger nuestro país; ampliar la prosperidad
compartida y ayudar a más personas en más
lugares a mantenerse fiel al potencial que Dios les ha otorgado.
El presidente Obama nos ha obligado a pensar fuera de los
esquemas habituales. Ha iniciado una nueva era de participación
fundada en intereses comunes, valores compartidos y respeto
mutuo. A partir de ahora, y aprovechando las virtudes singulares
de Estados Unidos, debemos adelantar esos intereses a través
de las alianzas, y promover los valores universales a través
del poder de nuestro ejemplo y la potenciación de
las personas. Así, podremos forjar el consenso mundial
que se necesita para derrotar las amenazas, hacer frente
a los peligros y aprovechar las oportunidades del siglo
XXI. Estados Unidos siempre será un líder
en el mundo con tal de que sigamos siendo fieles a nuestros
ideales y adoptemos estrategias que se corresponden a los
tiempos en que vivimos. Por tanto, ejerceremos el liderazgo
estadounidense para crear alianzas y resolver los problemas
que ningún país puede resolver por sí
solo, y procuraremos implantar políticas que movilicen
a más socios y produzcan resultados.
No obstante, primero debo decir que si bien las ideas que
conforman nuestra política exterior son de importancia
crítica, para mi esto no es sólo un ejercicio
intelectual. Durante más de 16 años he tenido
la oportunidad, en realidad el privilegio, de representar
a nuestro país en el exterior en calidad de Primera
Dama, como senadora y ahora como secretaria de Estado. He
visto los vientres de niños hambrientos, niñas
a las que se ha vendido en el mercado de la trata humana,
hombres que se mueren de enfermedades que se pueden curar,
mujeres a las que se les niega su derecho a tener propiedad
o a votar, y jóvenes sin estudios ni trabajo asolados
por una sensación de futilidad sobre sus futuros.
También he podido ver que la esperanza, el trabajo
arduo y la inventiva pueden superar las peores dificultades.
Durante casi 36 años me he desempeñado como
defensora de niños, mujeres y familias aquí
dentro del país. He viajado por todo el país
para conocer las inquietudes cotidianas de nuestros ciudadanos.
He conocido a padres que se esfuerzan por mantener sus empleos,
pagar la hipoteca, pagar los gastos de universidad de sus
hijos y costearse el seguro médico.
Lo que he hecho y visto me ha convencido de que nuestra
política exterior tiene que producir resultados para
el pueblo, tanto para el obrero de una fábrica de
automóviles de Detroit cuyo futuro dependerá
de la recuperación de la economía a nivel
mundial; como para el agricultor o pequeño propietario
de empresa en un país en desarrollo cuya falta de
oportunidades impulsan la inestabilidad política
y el estancamiento económico; así como para
las familias cuyos seres queridos arriesgan la vida por
defender a nuestro país en Iraq o Afganistán,
y en otras partes; o para niños en todas partes que
se merecen un futuro más prometedor. Estas son las
personas –cientos de millones aquí en Estados
Unidos y miles de millones en el mundo– cuya vida
y experiencia, esperanzas y sueños han de tenerse
en cuenta en las decisiones que tomamos y las medidas que
siguen a éstas. Estas son las personas que me inspiran
a mí y a mis colegas en la labor que intentamos hacer
todos los días.
Al abordar nuestras prioridades de la política exterior,
tenemos que hacer frente al mismo tiempo a cuestiones urgentes,
importantes y de largo plazo. Pero incluso cuando nos vemos
obligados a realizar varias tareas a la vez –expresión
estrechamente ligada al género (risas)– debemos
tener prioridades, tema que el presidente Obama ha mencionado
en discursos pronunciados en Praga, El Cairo, Moscú
y Accra. Queremos hacer retroceder la propagación
de las armas nucleares, impedir su uso y crear un mundo
libre de la amenaza que plantean. Deseamos aislar y derrotar
a los terroristas y oponernos a los extremistas violentos,
y al mismo tiempo llegar a los musulmanes de todo el mundo.
Queremos alentar y facilitar las gestiones dirigidas a buscar
y alcanzar la paz global en Oriente Medio. Queremos lograr
la recuperación económica mundial y el crecimiento
mediante el fortalecimiento de nuestra propia economía,
la promoción de un sólido programa de desarrollo,
la ampliación del comercio libre y justo y el impulso
de inversiones que creen puestos de trabajo decentes. Queremos
luchar contra el cambio climático, aumentar la seguridad
energética y sentar las bases de un futuro próspero
con energía limpia. Deseamos apoyar y animar a los
gobiernos democráticos que protegen los derechos
y que producen resultados para sus pueblos. Tenemos la intención
de defender los derechos humanos en todo el mundo.
La libertad, la democracia, la justicia y la oportunidad
son la base de nuestras prioridades. Algunos nos acusan
de utilizar estos ideales para justificar acciones que contradicen
su significado mismo. Otros afirman que a menudo somos demasiado
condescendientes e imperialistas, y que sólo pretendemos
ampliar nuestro poder a expensas de los demás. Efectivamente,
estas percepciones han alimentado el antiamericanismo, pero
no reflejan lo que somos. Sin duda hemos perdido terreno
en los últimos años, pero el daño es
temporal. Es como mi codo, mejora cada día. (Risas).
Ya sea en América Latina o en el Líbano,
en Irán o en Liberia, los que se inspiran en la democracia,
los que entienden que la democracia es algo más que
celebrar elecciones –que también deben proteger
los derechos de las minorías y la libertad de prensa,
desarrollar poderes judiciales, legislativos y ejecutivos
que sean fuertes, competentes e independientes, y comprometerse
a que la democracia logre resultados– éstas
son las personas que encontrarán que los estadounidenses
son amigos, no adversarios. Como el presidente Obama dejó
claro la semana pasada en Ghana, este gobierno defenderá
el gobierno responsable y transparente, y apoyará
a quienes intenten crear instituciones democráticas
dondequiera que vivan.
Nuestro enfoque de política exterior debe reflejar
el mundo tal como es, no como era antes. No tiene sentido
adaptar un concierto de poderes que data del siglo XIX o
una estrategia de equilibrio de poderes del siglo XX. No
podemos volver a la contención que caracterizaba
la Guerra Fría o al unilateralismo.
Hoy tenemos que reconocer dos hechos ineludibles que definen
nuestro mundo: en primer lugar, ningún país
puede afrontar los retos del mundo solo. Los problemas son
demasiado complejos. Demasiados jugadores compiten por la
influencia, desde potencias emergentes hasta empresas y
cárteles de criminales; desde organizaciones no gubernamentales
hasta al Qaeda; desde los medios de comunicación
controlados por el Estado hasta particulares que utilizan
Twitter.
En segundo lugar, la mayoría de los países
se preocupan de las mismas amenazas globales, desde la no
proliferación hasta las luchas contra enfermedades
y contra el terrorismo, pero también hacen frente
a obstáculos muy reales, por razones de historia,
geografía, ideología e inercia. Se enfrentan
a estos obstáculos y se interponen en el camino de
convertir intereses comunes en acciones comunes.
Por lo cual estos dos hechos exigen una estructura mundial
distinta en la que los estados tengan claros incentivos
para la colaboración y estén a la altura de
sus responsabilidades, así como fuertes trabas para
situarse en los márgenes o sembrar la discordia y
la división.
Por tanto, ejerceremos el liderazgo de Estados Unidos para
superar lo que los expertos de política exterior
en lugares como el Consejo denominan “los problemas
de la acción colectiva” y lo que yo denomino
los obstáculos a la cooperación. Porque al
igual que ningún país puede hacer frente a
estos retos por sí solo, ningún problema puede
resolverse sin contar con Estados Unidos.
Lo haremos de la siguiente manera: trabajaremos a través
de instituciones existentes y las reformaremos. Pero haremos
más. Emplearemos nuestro poder para convocar, nuestra
capacidad para conectar a países de todo el mundo
y estrategias de política exterior racionales para
crear alianzas destinadas a resolver los problemas. Transcenderemos
a los estados y crearemos oportunidades para que instituciones
no estatales y particulares puedan contribuir a las soluciones.
Creemos que este enfoque hará avanzar nuestros intereses
al unificar a diversos socios en torno a preocupaciones
comunes. Esto hará más difícil que
los demás ignoren sus responsabilidades o abusen
del poder, y ofrecerá un lugar en la mesa a cualquier
país, grupo o ciudadano dispuesto a asumir su parte
correspondiente de la carga. En pocas palabras, dirigiremos
al inducir una mayor cooperación entre mayor número
de actores y al reducir la competencia, lo cual inclinará
la balanza de un mundo con potencias que concentran el poder
hacia un mundo con diversos socios que lo comparten.
Ahora bien, sabemos que este enfoque no es una panacea.
Seguiremos siendo claros en cuanto a nuestro propósito.
No todos en el mundo nos desean lo mejor ni comparten nuestros
valores e intereses. Algunos tratarán de socavar
nuestras acciones deliberadamente. En esos casos, nuestras
alianzas se convertirán en coaliciones de poder que
frenen o impidan esas acciones negativas.
A estos enemigos y enemigos en potencia, permítanme
decirles que nuestro enfoque en la diplomacia y el desarrollo
no es una alternativa a nuestro arsenal de seguridad nacional.
Nuestra voluntad a establecer un diálogo no es un
signo de debilidad que haya de explotarse. No dudaremos
en defender decididamente a nuestros amigos, nuestros intereses
y, sobre todo, a nuestro pueblo cuando sea necesario con
el poder militar más fuerte del mundo. No buscamos
esta opción, ni tampoco expreso una amenaza; es una
promesa que hacemos a todos los estadounidenses.
La creación de una estructura de cooperación
mundial nos obliga a diseñar políticas adecuadas
y a utilizar herramientas adecuadas. Cito a menudo el poder
inteligente porque es un elemento fundamental de nuestros
planteamientos y nuestra toma de decisiones. Se refiere
al uso inteligente de todos los medios disponibles, entre
ellos nuestra capacidad para convocar y conectar. Se refiere
también a nuestra fuerza económica y militar,
nuestra capacidad de iniciativa empresarial e innovación,
y la capacidad y credibilidad de nuestro nuevo presidente
y de su equipo. También se refiere a la aplicación
del sentido común de toda la vida en la formulación
de políticas. Es una mezcla de principios y pragmatismo.
El poder inteligente se traduce en enfoques de política
específicos en cinco aspectos. En primer lugar, tenemos
la intención de actualizar y crear medios de cooperación
con nuestros socios; en segundo lugar, intentaremos obtener
la participación de quienes están en desacuerdo
con nosotros; en tercer lugar, elevaremos el desarrollo
como un pilar básico del poder estadounidense; en
cuarto lugar, integraremos las acciones militar y civiles
en las zonas de conflicto; y en quinto lugar, aprovecharemos
las fuentes clave del poder estadounidense, entre estas
nuestro poder económico y el poder de nuestro ejemplo.
Nuestro primer planteamiento es crear estos mecanismos
de cooperación más sólidos con nuestros
aliados históricos, con potencias emergentes y con
instituciones multilaterales, y a continuación, como
ya he dicho, emprender esa cooperación de manera
pragmática y basada en los principios. No consideramos
que estén en oposición, sino que se complementan.
Hemos comenzado por darle un nuevo impulso a nuestra base
de alianzas que quedó raída en los últimos
años. En Europa, esto significa mejorar las relaciones
bilaterales, conseguir una colaboración más
productiva con la Unión Europea y la revitalización
de la OTAN. Creo que la OTAN es la alianza más grande
de la historia, pero se creó para la Guerra Fría.
La nueva OTAN es una comunidad democrática de casi
mil millones de personas que se extiende desde el Báltico
en el este, hasta Alaska en el oeste. Estamos intentando
actualizar sus conceptos estratégicos para que sea
igual de eficaz en este siglo que en el pasado.
Al mismo tiempo, colaboramos con nuestros principales aliados
de tratados, como Japón y Corea, Australia, Tailandia,
las Filipinas y otros socios para fortalecer nuestras relaciones
bilaterales, así como las instituciones transpacíficas.
Somos al mismo tiempo un país transatlántico
y transpacífico.
También se hará especial hincapié
en animar a las principales potencias mundiales y a las
potencias emergentes: China, India, Rusia y Brasil, así
como Turquía, Indonesia y Sudáfrica, a ser
socios de pleno derecho para abordar la agenda mundial.
Quiero recalcar la importancia de esta tarea y mi compromiso
personal con ella. Estos estados son de vital importancia
para el logro de soluciones a los problemas compartidos
y para promover nuestras prioridades: la no proliferación,
la lucha contra el terrorismo, el crecimiento económico,
el cambio climático, entre otros. En colaboración
con estos países nos mantendremos firmes en nuestros
principios a la vez que buscamos terreno común.
Esta semana voy a viajar a la India, donde el ministro
de Asuntos Exteriores Krishna y yo sentaremos las bases
de un amplio programa que proponga un enfoque de gobierno
en pleno para nuestra relación bilateral. A finales
de este mes, el secretario Geithner y yo dirigiremos conjuntamente
nuestro nuevo diálogo estratégico y económico
con China. Éste abarcará no sólo las
cuestiones económicas, sino también la gama
de desafíos estratégicos que afrontamos juntos.
En el otoño, viajaré a Rusia con el propósito
de contribuir al avance de la comisión presidencial
binacional que el ministro de Relaciones Exteriores Lavrov
y yo copresidiremos.
Estas reuniones no garantizan resultados, pero ponen en
marcha los procesos y relaciones que ampliarán nuestras
posibilidades de cooperación y reducirán los
ámbitos de discrepancia. Sabemos que seguramente
el progreso no se logrará rápidamente, ni
sin baches en el camino, pero estamos decididos a emprender
este camino y a permanecer en él.
Ahora bien, nuestras instituciones de ámbito mundial
y regional se crearon para un mundo que se ha transformado,
por lo que también han de ser reformadas y transformadas.
Como dijo el presidente tras la reciente reunión
del G8 en Italia, deseamos instituciones que “combinen
la eficiencia y capacidad de acción con la inclusión”.
Desde la ONU hasta el Banco Mundial, desde el FMI hasta
el G8 y el G20, desde la OEA y la Cumbre de las Américas
hasta la ASEAN y APEC, todas estas instituciones y otras
desempeñan una función, pero su vitalidad
y relevancia dependen de su legitimidad y representatividad,
así como de la capacidad de sus miembros para actuar
rápida y responsablemente cuando surgen problemas.
También entablaremos contactos más allá
de los gobiernos, porque creemos que las alianzas con personas
desempeñan un papel fundamental en nuestra diplomacia
del siglo XXI. El discurso del presidente Obama en El Cairo
es un poderoso ejemplo de la comunicación directa
con el pueblo. Realizamos el seguimiento con un amplio programa
de intercambios educativos, programas de extensión
e iniciativas empresariales. En todos los países
que visito, busco oportunidades de fortalecer la sociedad
civil y comunicarme con los ciudadanos, ya sea en una asamblea
municipal en Bagdad, una primicia en ese país, o
apareciendo en programas de televisión que alcancen
una amplia audiencia y a los jóvenes, o asistiendo
a una reunión con activistas democráticos,
viudas de guerra o estudiantes.
He nombrado enviados especiales que se centrarán
en varios problemas específicos, incluida la primera
embajadora para Asuntos Mundiales de la Mujer y un embajador
que elabore nuevas alianzas público-privadas y entable
contacto con las comunidades de la diáspora en Estados
Unidos para aumentar las oportunidades en sus países
de origen. En el Departamento de Estado estamos intentando
asegurar que nuestro gobierno utilice las tecnologías
más innovadoras, no sólo para comunicarnos
a través de las fronteras, no sólo para mantener
estas tecnologías actuales, sino sobre todo para
ampliar las oportunidades para aquellos que, con demasiada
frecuencia, permanecen al margen. Estamos adoptando estas
medidas porque al entablar un contacto directo con las personas
se les anima a aceptar la cooperación con nosotros,
haciendo que nuestras alianzas con sus gobiernos y con ellos
sean más fuertes y más duraderas.
También hemos empezado a adoptar una postura más
flexible y pragmática con nuestros socios. No estaremos
de acuerdo en todas las cuestiones. El que nos mantengamos
firmes en nuestros principios no nos impide que colaboremos
cuando podamos. Por lo tanto, no vamos a decir a nuestros
socios: o lo tomas o lo dejas, ni vamos a insistir en que
están o con nosotros o contra nosotros. En el mundo
actual eso es práctica deficiente global.
A modo de ejemplo cito nuestra diplomacia en relación
con Corea del Norte. Hemos invertido una cantidad significativa
de recursos diplomáticos para lograr el consenso
del Consejo de Seguridad en respuesta a los actos de provocación
de Corea del Norte. Hablé numerosas veces con mis
homólogos de Japón, Corea del Sur, Rusia y
China, preguntándoles acerca de sus inquietudes,
estableciendo claramente nuestros principios y delimitaciones,
y buscando un camino a seguir. Los resultados a corto plazo
fueron dos resoluciones unánimes del Consejo de Seguridad
con firmes medidas y consecuencias para Corea del Norte
y, a continuación, el seguimiento con la participación
activa de China, Rusia y la India y nosotros mismos para
persuadir a otros de que cumplan con las resoluciones. Creemos
que el resultado a largo plazo será un esfuerzo conjunto
más duro hacia la desnuclearización completa
y verificable de la península coreana.
Para cultivar a plenitud estas asociaciones hace falta
tiempo y paciencia. También se requiere constancia.
Eso no significa posponer los asuntos urgentes. Tampoco
es una justificación para demorar esfuerzos que pueden
tomar años para dar resultado. En una de mis observaciones
predilectas, Max Weber dijo: "la política es
el barrenar largo y lento de tablas duras. Requiere tanto
pasión como perspectiva". La perspectiva dicta
pasión y paciencia. Y por supuesto, la pasión
nos impide hallar excusas para no hacer nada.
Sé muy bien que el tiempo por sí solo no
cura todas las heridas; consideren el conflicto palestino-israelí.
Es por eso que no perdimos tiempo para comenzar un esfuerzo
intensivo desde el primer día para hacer realidad
los derechos de los palestinos e israelíes de vivir
en paz y seguridad en dos estados, lo que va en favor de
los intereses de Estados Unidos y del mundo. Hemos venido
trabajando con los israelíes para tratar con el asunto
de los asentamientos, aliviar las condiciones de vida de
los palestinos y crear circunstancias que puedan llevar
al establecimiento de un estado palestino viable. En las
últimas décadas, las administraciones estadounidenses
han mantenido posturas constantes en cuanto a la cuestión
de los asentamientos. Y si bien esperamos acción
por parte de Israel, reconocemos que estas decisiones son
políticamente desafiantes.
Sabemos que el progreso hacia la paz no puede ser únicamente
responsabilidad de Estados Unidos – ni de Israel.
Para terminar con el conflicto se requiere acción
de todas las partes. Los palestinos tienen la responsabilidad
de mejorar y ampliar las medidas positivas que ya tomaron
en cuanto a la seguridad; actuar enérgicamente contra
la incitación; y abstenerse de cualquier acción
que hiciera menos probables unas negociaciones significativas.
Los estados árabes tienen la responsabilidad de
apoyar a la Autoridad palestina con palabras y con actos,
tomar medidas para mejorar las relaciones con Israel, y
preparar a sus públicos para que abracen la paz y
acepten el lugar de Israel en la región. La propuesta
de paz saudita, apoyada por más de veinte países,
fue un paso positivo; pero creemos que se necesita más.
Por eso pedimos a los que aceptan la propuesta que tomen
medidas significativas ahora. Anwar Sadat y el rey Hussein
cruzaron umbrales importantes y su valor y visión
movilizaron a quienes apoyan la paz en Israel y prepararon
el terreno para acuerdos duraderos. Al dar apoyo a los palestinos
y ofrecer a los israelíes una apertura, aunque sea
modesta, los estados árabes puedan tener el mismo
impacto. Así que les digo a todas las partes: No
es suficiente con enviar mensajes de paz. Deben actuar también
contra las culturas de odio, intolerancia y falta de respeto
que perpetúan el conflicto.
Nuestro segundo enfoque de política es liderar con
diplomacia, aún en los casos de adversarios o países
con quienes no estamos de acuerdo. Creemos que al hacerlo
así se avanzan nuestros intereses y nos situamos
en una mejor posición de liderazgo con nuestros otros
socios. No podemos tener miedo ni no querer involucrarnos.
Pero algunos sugieren que esto es una indicación
de que somos ingenuos o de que aceptamos la represión
de estos países contra sus propios pueblos. Creo
que eso es incorrecto. Siempre que la participación
haga avanzar nuestros intereses y nuestros valores, es imprudente
descartarla. Las negociaciones pueden proporcionar información
sobre los cálculos de los regímenes y las
posibilidades – incluso si parecieran remotas –
de que un régimen vaya a alterar finalmente su conducta
a cambio de los beneficios de ser aceptado en la comunidad
internacional. Libia es un ejemplo. Si se agota la opción
del diálogo, es más probable también
que haga que nuestros socios estén más dispuestos
a ejercer presión si falla la persuasión.
Teniendo esto en cuenta, quisiera decir unas pocas palabras
acerca de Irán. Vimos la energía de las elecciones
de Irán con gran admiración, únicamente
para horrorizarnos por la manera en que el gobierno utilizó
la violencia para acallar las voces del pueblo iraní,
y luego trató de ocultar sus acciones al detener
a periodistas y ciudadanos extranjeros, y expulsarlos, y
cortar el acceso a la tecnología. Como hemos dejado
bien sentado junto con nuestros socios del G8, estas acciones
son deplorables e inaceptables.
Sabemos muy bien lo que heredamos con respecto a Irán,
porque tratamos con esa herencia todos los días.
Sabemos que con negarse a tratar con la República
Islámica no se ha conseguido alterar la marcha iraní
hacia un arma nuclear, reducir el apoyo iraní al
terrorismo, ni mejorar el trato de Irán a sus ciudadanos.
Ni el presidente ni yo nos hacemos la ilusión de
que ese diálogo con la República Islámica
garantice cualquier tipo de éxito, y las perspectivas
ciertamente han cambiado en las semanas que siguieron a
las elecciones. Pero comprendemos también la importancia
de ofrecer una participación con Irán y darles
a sus líderes una opción clara: unirse a la
comunidad internacional como miembro responsable o continuar
en el sendero hacia un mayor aislamiento.
Las conversaciones directas proporcionan el mejor vehículo
para presentar y explicar esa opción. Es por eso
que les ofrecimos a los líderes de Irán una
oportunidad bien definida: Irán no tiene derecho
a la capacidad militar nuclear, y estamos decididos a impedir
eso; pero tiene derecho a la energía nuclear civil
si restablece la confianza en la comunidad internacional
de que utilizará sus programas exclusivamente para
propósitos pacíficos.
Irán puede llegar a ser un actor constructivo en
la región si deja de amenazar a sus vecinos y de
apoyar el terrorismo. Puede asumir una posición responsable
en la comunidad internacional si cumple con sus obligaciones
en cuanto a los derechos humanos. La opción es clara.
Seguimos dispuestos a participar con Irán, pero la
oportunidad de actuar es ahora. La oportunidad no estará
disponible indefinidamente.
Nuestro tercer enfoque de política, y una prioridad
personal para mí como secretaria, es elevar e integrar
el desarrollo como pilar principal del poder estadounidense.
Al mejorar las condiciones materiales de las vidas de las
personas en todo el mundo, impulsamos nuestra seguridad,
nuestra prosperidad y nuestros valores. Estos esfuerzos
sientan las base también para una cooperación
mundial más grande, al crear la capacidad de nuevos
socios y abordar desde sus raíces los problemas que
compartimos.
Uno de los principales propósitos de la Revisión
Cuatrienal de Diplomacia y Desarrollo que anuncié
la semana pasada, es explorar cómo diseñar,
financiar y aplicar efectivamente la ayuda exterior y de
desarrollo como parte de una política exterior más
amplia. Hay que ser realistas. Hemos dedicado al desarrollo
un porcentaje más pequeño de nuestro presupuesto
de gobierno que casi cualquier otro país avanzado.
Y muy poco de lo que hemos gastado ha contribuido a un progreso
verdadero y duradero. Gran parte del dinero nunca ha llegado
a su objetivo, sino que se ha quedado aquí en Estados
Unidos para pagar salarios o financiar gastos de operaciones
de contratos. Estoy comprometida a lograr más asociaciones
con las ONG, pero quiero que más de nuestros dólares
de impuestos se usen efectivamente y produzcan resultados
palpables.
Al intentar lograr asociaciones para el desarrollo más
ágiles, efectivas y creativas, nos centraremos en
soluciones dirigidas por los países, como las que
estamos iniciando con Haití en recuperación
y desarrollo sostenible, y con los estados africanos contra
el hambre mundial. Estas iniciativas no deben ser diseñadas
sólo para ayudar a los países a salir de aprietos
– son un instrumento para ayudar a los países
a ser independientes.
Nuestra agenda de desarrollo se centrará en las
mujeres como impulsoras del crecimiento económico
y la estabilidad social. Las mujeres por mucho tiempo han
sido la mayoría que en el mundo carecía de
salud, educación, y estaban desnutridas. Son también
la mayoría del mundo pobre. La recesión mundial
ha tenido un efecto desproporcionado en las mujeres y las
ninas, lo que a su vez repercute en las familias, en las
comunidades e incluso en las regiones. Hasta que a las mujeres
del mundo se les reconozcan sus derechos – y se les
de oportunidades de educación, asistencia médica
y empleo con justa paga – el progreso y la prosperidad
mundiales tendrán su propia barrera invisible.
Nuestro cuarto enfoque es asegurar que nuestros esfuerzos
civiles y militares se realicen de una manera coordinada
y se complementen allí donde estemos involucrados
en conflictos. Esta es la parte central de nuestra estrategia
en Afganistán e Iraq, donde integramos nuestros esfuerzos
con los esfuerzos de los socios internacionales.
En Afganistán y Pakistán, nuestro objetivo
es disturbar, desmantelar y finalmente derrotar a al Qaeda
y a sus aliados extremistas, e impedir su retorno a cualquiera
de los dos países. Pero los estadounidenses a menudo
preguntan, ¿por qué les pedimos a nuestros
jóvenes hombres y mujeres que arriesguen sus vidas
en Afganistán cuando el liderazgo de al Qaeda está
en el vecino Pakistán? Y esa pregunta merece una
buena respuesta: Nosotros y nuestros aliados luchamos en
Afganistán porque el talibán protege a al
Qaeda y depende de ellos para recibir apoyo, a veces coordinando
actividades. Es decir, para eliminar a al Qaeda, debemos
luchar también contra el talibán.
Comprendemos que no todos los que luchan con el talibán
apoyan a al Qaeda, ni creen en las políticas extremistas
del talibán cuando estuvo en el poder. Nosotros y
nuestros aliados afganos estamos dispuestos a acoger a cualquiera
que apoye al talibán y renuncie a al Qaeda, deponga
las armas y esté dispuesto a participar en la sociedad
libre y abierta que la Constitución afgana garantiza.
Para lograr nuestras metas, el presidente Obama va a enviar
ahora 17.000 soldados adicionales y 4.000 entrenadores militares
a Afganistán. Igualmente importante, enviamos cientos
de empleados civiles estadounidenses directamente contratados
por nosotros para dirigir un nuevo esfuerzo de fortalecer
al gobierno afgano, ayudar a reconstruir el sector agrícola
que una vez fue vigoroso, crear empleos, impulsar el estado
de derecho, ampliar las oportunidades para las mujeres y
capacitar a la policía afgana. Nadie debería
dudar de nuestro compromiso con Afganistán y con
su pueblo. Pero es el pueblo afgano el que determinará
su propio futuro.
Al seguir adelante, no debemos olvidar que el éxito
en Afganistán requiere también la estrecha
cooperación del vecino Pakistán, país
que visitaré este otoño. Pakistán está
sometido a intensa presión de grupos extremistas.
La cooperación trilateral entre Afganistán,
Pakistán y Estados Unidos ha creado confianza y ha
producido progreso en varios frentes políticos. Nuestra
seguridad nacional, así como el futuro de Afganistán,
dependen de un Pakistán estable, democrático
y económicamente viable. Aplaudimos la nueva determinación
pakistaní de tomar medidas contra los militantes
que amenazan su democracia y nuestra seguridad compartida.
En Iraq, venimos reforzando nuestros programas de diplomacia
y desarrollo a la vez que procedemos con la salida responsable
de nuestras tropas. El mes pasado, nuestras tropas de combate
se replegaron con éxito fuera de pueblos y ciudades.
Nuestro enfoque principal ahora es cambiar de las cuestiones
de seguridad a los esfuerzos civiles que promuevan la capacidad
iraquí; como apoyar el trabajo de los ministerios
iraquíes y ayudar en sus esfuerzos de lograr unidad
nacional. Desarrollamos una relación económica
y política a largo plazo con Iraq tal como lo estipula
el Acuerdo de Estructura Estratégica de Estados Unidos
e Iraq. Este acuerdo es la base de nuestra futura cooperación
con Iraq y el pueblo iraquí, y espero con interés
discutir ese acuerdo y la manera de aplicarlo con el primer
ministro Maliki cuando venga a Washington la semana próxima.
Nuestro quinto enfoque es apoyar los recursos tradicionales
de nuestra influencia, incluyendo la fuerza económica
y el poder de nuestro ejemplo. Renovamos nuestros valores
al prohibir la tortura y comenzar el cierre de la instalación
de detención de la Bahía de Guantánamo.
Hemos sido sinceros acerca de la medida de responsabilidad
que tenemos en cuanto a problemas como el tráfico
de drogas en México y el cambio climático
mundial. Cuándo reconocí lo obvio acerca de
nuestro papel en el conflicto actual de México con
los narcotraficantes, algunos nos criticaron. Pero nos malinterpretaron.
Nuestra capacidad de aceptar responsabilidad y nuestra voluntad
de cambiar, de hacer lo correcto, son características
de nuestra grandeza como nación y son recursos estratégicos
que pueden ayudarnos a forjar coaliciones que sirvan a nuestros
intereses.
Ello es realmente cierto cuando se trata de prioridades
como la no proliferación y el cambio climático.
El presidente Obama está comprometido con la idea
de un mundo sin armas nucleares y una serie de pasos concretos
para reducir la amenaza y la propagación de esas
armas, entre ellos trabajar con el Senado para ratificar
el acuerdo START y el Tratado de Prohibición Completa
de Ensayos (Nucleares), tomar una responsabilidad mayor
dentro de la Estructura del Tratado de no Proliferación
y convocar a los líderes del mundo a reunirse aquí
en Washington el año próximo para una cumbre
nuclear. Ahora debemos instar a otros a tomar medidas prácticas
para hacer avanzar nuestra agenda compartida de no proliferación.
Nuestra administración está comprometida
también a efectuar fuertes reducciones de emisiones
de gases de efecto invernadero, con un plan que cambiará
drásticamente la manera en que producimos, consumimos
y conservamos energía, y que en el proceso creará
un aumento enorme de nueva inversión y millones de
empleos. Debemos urgir a todas las naciones a que cumplan
con sus obligaciones y aprovechen las oportunidades de un
futuro de energía limpia.
Estamos restableciendo nuestra economía nacional
para aumentar nuestra fuerza y capacidad en el extranjero,
especialmente en estos momentos de confusión económica.
Esto no es una prioridad tradicional para una secretaria
de Estado, pero yo apoyo enérgicamente la recuperación
y el crecimiento de Estados Unidos como pilar de nuestro
liderazgo mundial. Estoy comprometida a restaurar un papel
significativo para el Departamento de Estado dentro del
enfoque de todo el gobierno para la elaboración de
política económica internacional. Trabajaremos
para asegurar que nuestro liderazgo económico: comercio
e inversión, condonación de deuda, garantías
de préstamo, ayuda técnica y prácticas
laborales correctas; apoye nuestros objetivos de política
exterior. Cuando está acompañado de un sólido
esfuerzo de desarrollo, nuestro alcance económico
puede darnos una forma mejor de globalización, reduciendo
la amarga oposición de los últimos años
y sacando de la pobreza a millones de personas más.
Por último, estoy decidida a asegurar que los hombres
y mujeres de nuestro Servicio Exterior y nuestros funcionarios
públicos tengan los recursos que necesitan para aplicar
nuestras prioridades de manera efectiva y segura. Por eso
designé por primera vez un vicesecretario de Administración
de Recursos. Es por eso que trabajamos tan arduamente para
asegurar fondos adicionales para el Departamento de Estado
y USAID. Es por eso que nos hemos puesto en camino de duplicar
la ayuda exterior en los próximos años. Y
es por eso que venimos aplicando un plan para aumentar drásticamente
el número de diplomáticos y expertos en desarrollo.
Así como nunca negaríamos municiones a las
tropas estadounidenses que se dirigen a la batalla, tampoco
podemos enviar a nuestro personal civil al terreno mal equipado.
Si no invertimos en diplomacia y desarrollo, acabaremos
por pagar mucho más por los conflictos y sus consecuencias.
Como dijo el secretario Gates, la diplomacia es un instrumento
imprescindible de seguridad nacional, como lo ha sido desde
que Franklin, Jefferson y Adams lograron apoyo extranjero
para el ejército de Washington.
Todo esto implica una agenda muy ambiciosa. Pero el mundo
no nos da el lujo de escoger o de esperar. Como dije al
principio, debemos hacernos cargo de lo urgente, lo importante
y lo que es a largo plazo, todo a la vez.
Somos testigos y también protagonistas de un cambio
significativo. No podemos y no debemos ser observadores
pasivos. Estamos decididos a canalizar las corrientes del
cambio hacia un mundo libre de extremismo violento, armas
nucleares, calentamiento mundial, pobreza y abusos contra
los derechos humanos, y sobre todo, un mundo en el que más
personas en más lugares puedan vivir de acuerdo al
potencial que Dios les ha otorgado.
La arquitectura de cooperación que deseamos construir
impulsará todas estas metas, al utilizar nuestro
poder no para dominar ni dividir sino para resolver problemas.
Es la arquitectura de progreso para Estados Unidos y todos
los países.
Hace más de 230 años, Thomas Paine dijo,
"Dentro de nuestra capacidad está la posibilidad
de comenzar el mundo otra vez". Hoy, en una era nueva
y muy diferente, tenemos que utilizar ese poder. Creo que
tenemos la estrategia correcta, las prioridades correctas
y las políticas correctas, tenemos al presidente
adecuado y tenemos al pueblo estadounidense, diverso, dedicado
y abierto al futuro.
Ahora todo lo que tenemos que hacer es cumplir. Muchas
gracias a todos. (aplausos)
(termina el texto)