El presidente Barack Obama se dirige al Parlamento de Ghana, en Accra, el 11 de
julio de 2009. | |
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El presidente de Estados Unidos Barack Obama pronunció
un discurso ante el Parlamento de Ghana, en Accra, el 11 de
julio.
A continuación una traducción del discurso
del presidente:
(comienza la transcripción)
LA CASA BLANCA
Oficina del Secretario de Prensa
Accra, Ghana
AUDIO (en inglés)
EL PRESIDENTE: (Toque de trompeta). Esto me gusta. Muchas
gracias. Muchas gracias. Creo que el Congreso necesita una
de estas trompetas. (Risas). Suena muy bien. Suena como
si Louis Armstrong estuviera ahí. (Risas).
Buenas tardes a todos. Es un gran honor para mí
estar en Accra y hablar ante los representantes del pueblo
de Ghana. (Aplausos). Estoy profundamente agradecido por
la bienvenida que he recibido, igual que Michelle y Malia
y Sasha Obama. La historia de Ghana es rica, los lazos entre
nuestros dos países son fuertes y me enorgullece
que ésta sea mi primera visita al África subsahariana
como presidente de los Estados Unidos de América.
(Aplausos).
Deseo agradecerles a la Sra. Presidenta de la Cámara
y a todos los miembros de la Cámara de Representantes
que sean nuestros anfitriones hoy. Deseo agradecerle al
presidente Mills su excepcional liderazgo. A los ex presidentes:
Jerry Rawlings, al ex presidente Kufuor, al vicepresidente,
al juez jefe del Tribunal Supremo; muchas gracias a todos
por su extraordinaria hospitalidad y por las maravillosas
instituciones que han establecido aquí en Ghana.
Estoy hablando ante ustedes al final de un largo viaje.
Empecé en Rusia para una cumbre entre dos grandes
potencias. Viajé a Italia para una reunión
de las principales economías del mundo. Y he venido
a Ghana por una sencilla razón: El siglo XXI será
configurado no sólo por lo que habrá de suceder
en Roma, Moscú o Washington, sino que por lo que
ocurra también aquí en Accra. (Aplausos).
Esta es la simple verdad de una época en la que
las fronteras entre los pueblos se ven abrumadas por nuestras
conexiones. Su prosperidad puede contribuir a expandir la
prosperidad de América. Su salud y seguridad pueden
contribuir a la salud y seguridad del mundo. Y la fuerza
de su democracia puede ayudar a avanzar los derechos humanos
de personas en todas partes.
Es por ello que no veo a los países y los pueblos
de África como un mundo aparte; veo a África
como una parte fundamental de nuestro mundo interconectado
– (aplausos) – como asociados de los Estados
Unidos en beneficio del futuro que todos deseamos para nuestros
hijos. Esta asociación debe estar basada en responsabilidad
y respeto mutuos, y es sobre esto que deseo hablarles hoy.
Debemos empezar con la simple premisa de que el futuro
de África depende de los africanos.
Digo esto conociendo perfectamente el pasado trágico
que algunas veces ha atormentado a esta parte del mundo.
Después de todo, llevo en mí la sangre de
África, igual que mi familia, (aplausos), la historia
de mi familia incluye tanto la tragedia como los triunfos
de la historia africana en general.
Algunos de ustedes saben que mi abuelo fue un cocinero
de los británicos en Kenia, y si bien fue un anciano
respetado en su aldea, sus empleadores lo llamaron “muchacho”
durante una gran parte de su vida. Estuvo en la periferia
de la lucha por la liberación de Kenia, pero aún
así estuvo brevemente encarcelado durante los tiempos
de la represión. En su vida, el colonialismo no era
simplemente la creación de fronteras artificiales
o condiciones comerciales injustas; era algo que se experimentaba
personalmente, día tras día, año tras
año.
Mi padre creció arreando cabras en una pequeña
aldea, a una distancia imposible de las universidades estadounidenses
donde vendría a obtener una educación. Alcanzó
la mayoría de edad en un momento de extraordinaria
promesa para África. Las luchas libradas por la generación
de su propio padre dieron vida a nuevos países, empezando
aquí mismo en Ghana. (Aplausos). Los africanos se
estaban educando y se imponían en nuevas formas,
y la historia estaba en marcha.
Pero a pesar del progreso realizado – y hubo progresos
considerables en muchas partes de África –
sabemos también que una gran parte de esa promesa
queda todavía por realizarse. Países como
Kenia tenían una economía per cápita
mayor que la de Corea del Sur cuando yo nací. Estos
países quedaron muy atrás. Partes del continente
africano han sido devastadas por enfermedades y conflictos.
En muchos lugares, la esperanza de la generación
de mi padre se tornó en cinismo, hasta en desesperación.
Es fácil acusar y culpar de estos problemas a otros.
Sí, un mapa colonial que no tenía sentido
ayudó a fomentar los conflictos. Muchas veces el
Oeste se dirigió a África como patrocinador
o fuente de recursos, en lugar de socio; pero el Oeste no
es responsable de la destrucción de la economía
de Zimbabwe durante la década pasada, ni de las guerras
en que se recluta a niños como combatientes. Durante
la vida de mi padre, fue en parte el tribalismo, el patrocinio
y el nepotismo de una Kenia independiente los que descarrilaron
su carrera, y sabemos que este tipo de corrupción
sigue siendo un hecho diario en la vida de demasiadas personas.
Pero sabemos también que ésta no es toda
la historia. Aquí en Ghana, ustedes nos muestran
una cara de África que el mundo pasa por alto demasiadas
veces al ver solamente tragedias o una necesidad de recibir
caridad. El pueblo de Ghana ha trabajado arduamente para
establecer la democracia sobre una base más firme,
con repetidas transferencias pacíficas de poder aún
en elecciones estrechamente reñidas. (Aplausos).
Y a propósito, puedo decir que por eso la minoría
merece tanto reconocimiento como la mayoría. Con
un gobierno mejorado y una sociedad civil emergente, la
economía de Ghana ha registrado tasas de crecimiento
impresionantes. (Aplausos).
Este progreso puede no presentar el drama de las luchas
de liberación del siglo XX, pero téngase la
seguridad de que por último será más
significativo; ya que igual que es importante salir del
control de otros países, es incluso más importante
crear un país propio.
Creo, por lo tanto, que este momento es tan prometedor
para Ghana y para África como el momento en que mi
padre alcanzó la mayoría de edad y surgieron
nuevos países. Este es un nuevo momento de gran promesa.
Sólo que esta vez, hemos aprendido que no serán
gigantes como Nkrumah y Kenyatta los que determinarán
el futuro de África. En cambio, serán ustedes
quienes lo determinarán: los hombres y las mujeres
del parlamento de Ghana (aplausos); la gente que ustedes
representan. Serán los jóvenes rebosantes
de talento y energía y esperanza los que podrán
reclamar el futuro que tantos en generaciones anteriores
nunca realizaron.
Ahora, para cumplir esta promesa, debemos reconocer primero
la verdad fundamental que ustedes han gestado en Ghana:
que el desarrollo depende de un buen gobierno. (Aplauso).
Este es el ingrediente que ha faltado en demasiados lugares,
por demasiado tiempo. Este es el cambio que puede liberar
el potencial de África; y esta es una responsabilidad
que solamente los africanos pueden asumir.
En lo que respecta a Estados Unidos y al Oeste, nuestro
compromiso no debe medirse solamente en los dólares
que gastamos. He prometido aumentos sustanciales en nuestra
ayuda al exterior, lo que va en interés de África
y en interés de Estados Unidos. Pero la verdadera
señal del éxito no está en que seamos
una fuente de socorro perpetuo que ayude a la gente sólo
a sobrevivir; está en que seamos socios de la creación
de capacidad para un cambio transformacional. (Aplausos).
Esta responsabilidad mutua debe ser el fundamento de nuestra
sociedad. Me concentraré hoy en cuatro áreas
que son de importancia crítica para el futuro de
África y de todo el mundo en desarrollo: la democracia,
la oportunidad, la salud y la resolución pacífica
de conflictos.
Primero, debemos apoyar a los gobiernos democráticos
fuertes y sostenibles. (Aplausos).
Tal como dije en El Cairo, cada país da vida a la
democracia de su propia manera y de acuerdo con sus propias
tradiciones. Sin embargo la historia ofrece un claro veredicto:
los gobiernos que respetan la voluntad de su propio pueblo,
que gobiernan con consentimiento y no por la fuerza, son
más prósperos, más estables, y tienen
mayor éxito que los gobiernos que no lo hacen.
Esto trata de algo más que simplemente celebrar
elecciones. Trata también de lo que ocurre en el
período entre elecciones. (Aplausos). La represión
puede adquirir muchas formas y demasiados países,
incluso aquellos que tienen elecciones, son atormentados
por problemas que condenan a su población a la pobreza.
Ningún país va a crear riqueza si sus líderes
explotan la economía para enriquecerse a sí
mismos – (aplausos) – o si la policía,
si la policía puede ser comprada por los narcotraficantes.
(Aplausos). Ninguna empresa comercial desea invertir en
un lugar donde el gobierno se lleva el veinte por ciento
de las ganancias – (aplausos) – o donde el director
de la autoridad portuaria es corrupto. Nadie desea vivir
en una sociedad en la que el imperio de la ley cede el paso
al imperio de la brutalidad y el soborno. (Aplausos). Eso
no es democracia, eso es tiranía, aún si ocasionalmente
se produce una elección en ese lugar. Este es el
momento para que este estilo de gobierno termine. (Aplausos).
En el siglo XXI, las instituciones capaces, fidedignas
y transparentes son la clave del éxito: parlamentos
fuertes; fuerzas policiales honradas; jueces independientes
(aplausos); una prensa independiente; un sector privado
vibrante; una sociedad civil. (Aplausos). Estas son las
cosas que dan vida a la democracia, porque esto es lo que
cuenta en la vida diaria de la gente.
Ahora, una y otra vez, el pueblo de Ghana ha elegido el
gobierno constitucional en lugar de la autocracia, y ha
demostrado tener un espíritu democrático que
permite que se manifieste la energía de su pueblo.
(Aplausos). Vemos esto en los líderes que aceptan
la derrota gentilmente – el hecho de que los opositores
del presidente Mills estuvieran anoche a su lado para saludarme
cuando bajé del avión dice volúmenes
acerca de Ghana (aplausos); vencedores que resisten los
llamados para ejercer fuerza contra la oposición
en formas injustas. Vemos este espíritu en periodistas
valientes como Anas Aremeyaw, que arriesgó su vida
para informar de la verdad. Lo vemos en policías
como Patience Quaye, que ayudó a enjuiciar al primer
traficante de personas en Ghana. (Aplausos). Lo vemos en
los jóvenes que dicen lo que piensan acerca del patrocinio,
y que participan en el proceso político.
En todas partes de África, hemos visto innumerables
ejemplos de gente que toma el control de su destino, y que
efectúa cambios desde abajo hacia arriba. Lo vimos
en Kenia, donde la sociedad civil y el sector empresarial
se unieron para ayudar a poner fin a la violencia postelectoral.
Lo vimos en Sudáfrica, donde tres cuartas partes
del país votaron en la elección reciente –
la cuarta desde que terminó el apartheid. Lo vimos
en Zimbabwe, donde la Red de Apoyo Electoral se enfrentó
a una represión brutal para defender el principio
de que el voto de una persona es su derecho sagrado.
Ahora, que no quepa la menor duda: la historia está
del lado de estos africanos valientes, no de aquellos que
se valen de golpes de estado o cambios de la constitución
para mantenerse en el poder. (Aplausos). África no
necesita hombres fuertes, necesita instituciones fuertes.
(Aplausos).
Estados Unidos no procura imponer ningún sistema
de gobierno a ningún otro país. La verdad
esencial de la democracia está en que cada país
determine su propio destino. Pero lo que Estados Unidos
hará es aumentar la ayuda a personas responsables
y a instituciones responsables, con la atención enfocada
en apoyar al buen gobierno; los parlamentos, que previenen
los abusos del poder y aseguran que las voces de la oposición
sean oídas (aplausos); el estado de derecho, que
asegura una administración equitativa de la justicia;
la participación cívica, de manera que los
jóvenes se involucren; y las soluciones concretas
contra la corrupción, como la responsabilidad forense
y los servicios de automatización (aplausos), el
fortalecimiento de las líneas directas, la protección
de aquellos que desvelan situaciones ilegales con el fin
de aumentar la transparencia y la rendición de cuentas.
Nosotros proporcionamos este apoyo. He ordenado a mi administración
que preste mayor atención a la corrupción
en nuestros informes sobre los derechos humanos. La gente
en todas partes debería tener el derecho de iniciar
un negocio o de obtener educación sin pagar un soborno.
(Aplausos). Tenemos la responsabilidad de apoyar a aquellos
que actúan en forma responsable y de aislar a aquellos
que no lo hacen, y eso es exactamente lo que Estados Unidos
hará.
Ahora bien, esto conduce directamente al segundo aspecto
de nuestra asociación: sostener el desarrollo que
proporcione oportunidades para mayor número de personas.
Con una mejor forma de gobierno, no tengo dudas de que
África guarda la promesa de una base más amplia
de prosperidad. Véase el éxito extraordinario
de los africanos en mi país, Estados Unidos. Les
está yendo muy bien, pues tienen el talento, tienen
el espíritu emprendedor. La pregunta es, ¿cómo
nos aseguramos de que los africanos tengan éxito
aquí en sus propios países? El continente
es rico en recursos naturales. Desde empresarios de teléfonos
celulares hasta los pequeños granjeros, los africanos
han demostrado tener la capacidad y la dedicación
para crear sus propias oportunidades, pero también
deben romperse los viejos hábitos. La dependencia
de los productos básicos o de un solo tipo de exportación
tiende a concentrar la riqueza en las manos de unos pocos
y deja a la gente demasiado vulnerable a los cambios desfavorables
de la economía.
De manera que en Ghana, por ejemplo, el petróleo
trae grandes oportunidades y ustedes han sido muy responsables
al prepararse para tener nuevos ingresos, pero como tantos
saben en Ghana, el petróleo no puede convertirse
simplemente en un nuevo cacao. De Corea del Sur a Singapur
la historia muestra que los países prosperan cuando
invierten en su gente y en su infraestructura (aplausos);
cuando promueven múltiples industrias de exportación,
desarrollan una fuerza laboral experta y crean espacio para
empresas pequeñas y medianas que generan empleo.
Mientras África se esfuerce por hacer realidad esta
promesa, Estados Unidos responderá extendiendo más
nuestra mano. Al reducir los costos que van a consultores
y administradores occidentales, queremos poner más
recursos en manos de quienes los necesitan, mientras se
capacita a la gente para que haga más por sí
mismos. (Aplausos). Esa es la razón por la cual nuestra
iniciativa de seguridad alimentaria de 3.500 millones de
dólares se concentra en métodos y tecnologías
nuevas para los agricultores, no simplemente enviar productores
o bienes estadounidenses a África. La ayuda no es
un fin en sí misma. El propósito de la asistencia
extranjera debe ser la creación de las condiciones
para que no haga falta más ayuda. Quiero ver que
el pueblo de Ghana no sólo sea autosuficiente para
tener alimentos, deseo verles exportando alimentos a otros
países y ganando dinero. Ustedes pueden hacer eso.
(Aplausos).
Ahora bien, Estados Unidos también puede hacer más
que promover el comercio y las inversiones. Los países
ricos debemos abrir nuestras puertas a los bienes y servicios
de África de una manera significativa. Ese será
un compromiso de mi gobierno. Y donde haya buen gobierno
podremos ampliar la prosperidad a través de asociaciones
públicas y privadas que inviertan en mejores carreteras
y electricidad; creación de capacidad para entrenar
a la gente para crear un negocio, servicios financieros
que no sólo llegan a las ciudades sino también
a las áreas pobres y rurales. Esto también
responde a nuestros propios intereses… porque si se
levanta a la gente de la pobreza y se crea riqueza en África,
¿saben qué? Se abrirán mercados nuevos
para nuestros propios productos. De manera que es bueno
para los dos.
Un área que ofrece tanto un peligro innegable como
una promesa extraordinaria es la de la energía. África
emite menos gases de efecto invernadero que cualquier otra
parte del mundo, pero es la más amenazada por el
cambio climático. Un planeta que se calienta propagará
enfermedades, reducirá los recursos acuáticos
y agotará las cosechas, generando condiciones que
crearán más hambruna y conflictos. Todos nosotros,
particularmente el mundo desarrollado, tenemos la responsabilidad
de reducir estas tendencias, mitigándolas y cambiando
la manera en que utilizamos la energía. Pero también
podemos trabajar con los africanos para tornar esta crisis
en oportunidad.
Juntos podemos trabajar asociados en beneficio de nuestro
planeta y de la prosperidad, y ayudar a los países
a aumentar el acceso a la energía, al tiempo que
evitamos la fase más sucia del desarrollo. Piensen
en eso: a través de África hay abundante energía
eólica y solar, energía geotérmica
y biocombustibles. Desde el valle del Rift hasta los desiertos
del norte de África, desde las costas occidentales
hasta los cultivos de Sudáfrica: los dones inagotables
de África pueden generar su propia energía
al tiempo que exporta energía limpia, lucrativa,
al exterior.
Estas medidas son más que cifras de crecimiento
en una hoja de cálculo. Se trata de que personas
jóvenes con educación puedan conseguir trabajo
para sostener una familia; de que un agricultor pueda llevar
sus productos al mercado; de que un empresario emprendedor
con una idea buena pueda iniciar un negocio. Se trata de
la dignidad del empleo; se trata de la oportunidad que debe
existir para los africanos en el siglo XXI.
Así como el gobierno es vital para la oportunidad,
también es crítico para el tercer aspecto
del que quiero hablar: fortalecer la salud pública.
En años recientes se han hecho progresos enormes
en partes de África. Muchas más personas con
VIH/SIDA viven productivamente y obtienen las medicinas
que necesitan. Acabo de ver una maravillosa clínica
y hospital concentrada particularmente en la salud materna.
Pero todavía son demasiados los que mueren por enfermedades
que no deberían matarlos. Cuando mueren niños
por la picadura de un mosquito, y las madres mueren al dar
a luz, sabemos que hay que progresar más.
Sin embargo, debido a los incentivos, con frecuencia ofrecidos
por los países donantes, más médicos
y enfermeras africanos se van al extranjero o trabajan en
programas que se concentran en una sola enfermedad; y esto
crea necesidades en la atención primaria y en la
prevención básica. Mientras tanto, los individuos
africanos también tienen que tomar decisiones responsables
que prevengan la propagación de enfermedades, al
tiempo que promueven la salud pública en sus comunidades
y países.
De manera que por todo África vemos ejemplos de
personas que enfrentan estos problemas. En Nigeria una campaña
interreligiosa de cristianos y musulmanes ofrece un ejemplo
de cooperación para enfrentar la malaria. Aquí
en Ghana y a través de África vemos ideas
innovadoras para satisfacer las necesidades de atención,
por ejemplo mediante iniciativas de salud que usan la comunicación
por Internet para permitir que los médicos de las
grandes ciudades apoyen a los de los pueblos pequeños.
Estados Unidos apoyará estos esfuerzos a través
de una estrategia de salud global, integral, porque en el
siglo XXI tenemos que actuar por nuestra conciencia pero
también por nuestro interés común,
porque cuando un niño muere en Accra por una enfermedad
que se puede prevenir, eso nos hace de menos en todas partes;
y cuando en cualquier rincón del mundo hay enfermedades
sin control sabemos que pueden propagarse a través
de océanos y continentes.
Y es por eso que mi gobierno ha comprometido 63.000 millones
de dólares para hacer frente a estos desafíos:
63.000 millones de dólares. (Aplausos). Sobre la
base de las fuertes acciones del presidente Bush continuaremos
la lucha contra el VIH/SIDA. Buscaremos la meta de poner
fin a las muertes por malaria y tuberculosis y trabajaremos
para erradicar la polio. (Aplausos). Lucharemos… combatiremos
las enfermedades tropicales ignoradas. Y no nos enfrentaremos
solos a las enfermedades… invertiremos en sistemas
de salud pública que promuevan el bienestar y se
concentren en la salud de las madres y de los niños.
(Aplausos).
Ahora bien, al asociarnos en busca de un futuro más
saludable, también debemos detener la destrucción
causada no sólo por la enfermedad sino también
por los seres humanos, de manera que el último aspecto
que trataré es el conflicto.
Permítanme que sea claro: África no es la
caricatura grosera de un continente en guerra perpetua.
Pero si somos sinceros, para demasiados africanos el conflicto
es una parte de su vida, algo tan constante como el sol.
Hay guerras por tierras y hay guerras por recursos. Y todavía
es demasiado fácil para quienes no tienen conciencia
manipular a comunidades enteras para que vayan a la guerra
por religiones y entre tribus.
Estos conflictos son una piedra de molino atada al cuello
de África. Ahora bien, todos tenemos muchas identidades:
de tribu y de etnia; de religión y de nacionalidad.
Pero definirse como alguien que se opone a otro que pertenece
a una tribu diferente, o que rinde culto a un profeta diferente,
es algo que no tiene cabida en el siglo XXI. (Aplausos).
La diversidad de África debería ser una fuente
de fuerza, no una causa de división. Todos somos
hijos de Dios. Todos compartimos aspiraciones comunes: vivir
en paz y seguridad; tener acceso a la educación y
a las oportunidades; amar a nuestras familias y a nuestras
comunidades y a nuestra fe. Esa es nuestra humanidad común.
Es por eso que debemos defender la humanidad en nuestro
medio. Nunca se ha justificado, nunca es justificable apuntar
a inocentes en nombre de una ideología. (Aplausos).
Forzar a los niños a matar en guerras es la sentencia
de muerte de una sociedad. Condenar a las mujeres a la violación
continua y sistemática es la marca última
de la criminalidad y de la cobardía. Debemos dar
testimonio del valor de cada niño en Darfur y a la
dignidad de cada mujer en el Congo. Ninguna fe o cultura
debería condonar los ultrajes contra ellos. Y todos
nosotros debemos esforzarnos por lograr la paz y la seguridad
necesarias para el progreso.
Los africanos están ante este futuro. Aquí
también, en Ghana, vemos como ustedes ayudan a señalar
el camino hacia adelante. El pueblo de Ghana debería
enorgullecerse de sus contribuciones a los esfuerzos de
pacificación del Congo hasta Liberia y al Líbano
(aplausos) y de sus esfuerzos para resistir el flagelo del
comercio la droga. (Aplausos). Recibimos de buen grado las
medidas que están tomando organizaciones como la
Unión Africana y ECOWAS para resolver mejor los conflictos,
para mantener la paz y para apoyar a los necesitados. Y
fomentamos la visión de una estructura de seguridad
regional fuerte que pueda traer fuerzas transnacionales
eficaces para que actúen cuando sea necesario.
Estados Unidos tiene la responsabilidad de trabajar con
ustedes como socio para hacer avanzar esta visión,
no sólo con palabras sino con apoyo que fortalezca
la capacidad africana. Cuando hay genocidio en Darfur o
terroristas en Somalia, estos no son problemas africanos
simplemente… son desafíos de seguridad mundiales
y exigen una respuesta mundial.
Y es por eso que estamos aquí listos para asociarnos
por medio de la diplomacia, la asistencia técnica
y el apoyo logístico, y respaldaremos los esfuerzos
para hacer responsables a los criminales de guerra. Y permítanme
ser claro: Nuestro Comando de África no está
concentrado en establecer una avanzada en el continente,
sino en enfrentar estos desafíos comunes para hacer
avanzar la seguridad de Estados Unidos, de África
y del mundo. (Aplausos).
En Moscú hablé de la necesidad de un sistema
internacional en el que se respeten los derechos universales
de los seres humanos y se opongan las violaciones de esos
derechos. Y eso debe incluir un compromiso de apoyar a quienes
resuelvan los conflictos pacíficamente, sancionando
y deteniendo a quienes no lo hagan, y ayudando a quienes
hayan sufrido. Pero en última instancia serán
las democracias vibrantes como las de Botswana y Ghana las
que hagan retroceder las causas de conflicto y hagan avanzar
las fronteras de la paz y de la prosperidad.
Como dije antes, el futuro de África depende de
los africanos.
El pueblo de África está listo para reclamar
ese futuro. Y en mi país, los afroestadounidenses,
incluidos muchos inmigrantes recientes, han prosperado en
todos los sectores de la sociedad. Lo hemos hecho a pesar
de un pasado difícil y hemos extraído fuerza
de nuestra herencia africana. Sé que los africanos,
con instituciones fuertes y una voluntad firme, pueden realizar
sus sueños en Nairobi y Lagos, Kigali, Kinshasa,
Harare, y aquí mismo en Accra. (Aplausos).
Ustedes saben, hace 52 años, los ojos del mundo
estaban puestos en Ghana. Y un joven predicador llamado
Martin Luther King viajó aquí, a Accra, para
ver arriar la bandera británica e izar la bandera
de Ghana. Esto fue antes de la marcha a Washington o del
éxito del movimiento de los derechos civiles en mi
país. Le preguntaron al Dr. King cómo se sintió
al ver el nacimiento de un país. Y él respondió:
“renueva mi convicción en el triunfo último
de la justicia”.
Ahora ese triunfo tiene que ganarse una vez más,
y lo deben ganar ustedes. (Aplausos). Y le hablo particularmente
a los jóvenes de toda África y de aquí
mismo en Ghana. En lugares como Ghana la gente joven constituye
más de la mitad de la población.
Y esto es lo que ustedes deben saber: el mundo será
lo que ustedes hagan de él. Ustedes tienen la capacidad
de exigir responsabilidad a sus gobernantes y de crear instituciones
que sirvan al pueblo. Ustedes pueden servir en sus comunidades
y aprovechar su energía y educación para crear
nueva riqueza y establecer nuevas conexiones con el mundo.
Ustedes pueden conquistar la enfermedad y terminar los conflictos
y realizar el cambio desde abajo hacia arriba. Ustedes pueden
hacerlo. Sí, ustedes pueden, (aplausos), porque en
este momento la historia está en marcha.
Pero estas cosas pueden hacerse sólo si todos ustedes
asumen responsabilidad por su futuro. Y eso no será
fácil. Llevará tiempo y esfuerzo. Se sufrirá
y se producirán reveses. Sin embargo les puedo prometer
algo: Estados Unidos estará con ustedes a cada paso
del camino, como socio y como amigo. (Aplausos). La oportunidad,
sin embargo, no vendrá de ninguna otra parte. Debe
venir de las decisiones que tomen todos ustedes, de las
cosas que hagan ustedes, de la esperanza que ustedes tienen
en sus corazones.
Ghana, tu herencia es la libertad. Ahora es tu responsabilidad
construir sobre los cimientos de la libertad. Y si lo haces
miraremos hacia atrás dentro de años a lugares
como Accra y diremos que este fue el momento en que se realizó
la promesa; este fue el momento en que se forjó la
prosperidad, cuando se superó el dolor y comenzó
una nueva era de progreso. Este puede ser el momento en
que presenciamos el triunfo de la justicia una vez más.
Sí, se puede. Muchísimas gracias. Que Dios
les bendiga. Gracias. (Aplausos).
(termina la transcripción)