Aún cuando el mundo reconoce la importancia central,
e indiscutible, de la libertad de prensa, los periodistas
con frecuencia se hallan en peligro. Desde que esta fecha
fuera celebrada por primera vez hace dieciséis años
62 periodistas han sido asesinados. Apenas una tercera parte
de esas muertes estuvo ligada al peligro de la cobertura de
guerras; la mayor parte de las víctimas fueron reporteros
locales cubriendo temas como el delito, la corrupción
y la seguridad nacional en sus países de origen. A
estas cifras trágicas se agregan los cientos más
que cada año confrontan la intimidación, la
censura y el arresto arbitrario, culpable no de otra cosa
que la pasión por la verdad y la tenacidad en la creencia
en que una sociedad libre depende de una ciudadanía
informada”, indica el texto de la declaración
emitida por el presidente el 1 de mayo de 2009.
A continuación una traducción de la declaración
del presidente:
(comienza el texto)
LA CASA BLANCA
Oficina del Secretario de Prensa
1 de mayo de 2009
Declaración del presidente con ocasión del
Día Internacional de la Libertad de Prensa
El 3 de mayo de cada año se conmemora el Día
Internacional de la Libertad de Prensa, lo que nos recuerda
a todos la importancia vital de esta libertad fundamental.
Es un día en el que celebramos el indispensable papel
que desempeñan los periodistas al denunciar los abusos
de poder, y en el que lanzamos la alarma ante la creciente
cantidad de periodistas silenciados con la muerte o la cárcel
por su intento de llevar al público la información
diaria.
A pesar de que el Día Internacional de la Libertad
de Prensa se viene celebrando tan sólo desde 1993
sus raíces en la comunidad internacional son profundas.
En 1948, cuando los pueblos de todo el mundo emergían
de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, los países
vieron adecuado consagrar en la Declaración Universal
de los Derechos Humanos el principio que establece que “[t]odo
individuo tiene derecho a la libertad de opinión
y de expresión; este derecho incluye el de no ser
molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir
informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación
de fronteras, por cualquier medio de expresión”
Aún cuando el mundo reconoce la importancia central,
e indiscutible, de la libertad de prensa, los periodistas
con frecuencia se hallan en peligro. Desde que esta fecha
fuera celebrada por primera vez hace dieciséis años
692 periodistas han sido asesinados. Apenas una tercera
parte de esas muertes estuvo ligada al peligro de la cobertura
de guerras; la mayor parte de las víctimas fueron
reporteros locales cubriendo temas como el delito, la corrupción
y la seguridad nacional en sus países de origen.
A estas cifras trágicas se agregan los cientos más
que cada año confrontan la intimidación, la
censura y el arresto arbitrario, culpable no de otra cosa
que la pasión por la verdad y la tenacidad en la
creencia en que una sociedad libre depende de una ciudadanía
informada. En todos los rincones del mundo hay periodistas
encarcelados, o que están siendo constantemente hostigados:
desde Azerbayán a Zimbabwe, Birmania a Uzbekistán,
Cuba a Eritrea. Los ejemplos emblemáticos de esta
desagradable realidad son figuras como J.S. Tissainayagam
en Sri Lanka, o Shi Tao y Hu Jia, en China. También
nos preocupan mucho los ciudadanos de nuestro país
actualmente detenidos en el exterior, personas como Roxana
Saberi, en Irán y Euna Lee y Laura Ling en Corea
del Norte.
Hoy añado mi voz de apoyo y admiración de
todos aquellos hombres y mujeres de la prensa, que trabajan
para exponer la verdad e incrementar la rendición
de cuentas en todo el mundo. Al hacerlo recuerdo las palabras
de Thomas Jefferson:"Siendo la opinión del pueblo
la base de nuestros gobiernos, el principal primer objetivo
debe ser sostener ese derecho; y si de mí dependiera
decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos
o periódicos sin un gobierno, yo no vacilaría
un momento en preferir lo segundo”.
(termina el texto)