Este es el primero de una serie de artículos sobre
la transformación del actual sistema de suministro
eléctrico de EE.UU. en un sistema inteligente propio
del siglo XXI.
Un supervisor trabaja en la
sala de control de la empresa eléctrica
Edison en el sur de California, en 2007. | |
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Washington — Siguiendo el ejemplo de varios países
de Europa y la cuenca del Pacífico, los organismos
técnicos y reguladores del gobierno de Estados Unidos,
empresas de suministro eléctrico, abastecedores de
energía y empresas privadas están trabajando
en la conversión de las antiguas redes de suministro
en una “red inteligente” propia del siglo XXI.
La tarea entraña transformar una infraestructura
que consta de distintos elementos –construida en su
mayor parte antes de que los microprocesadores reconfigurasen
el panorama industrial– en una red distribuida interoperable
que interactúe con los consumidores, que detecte
y repare sus propios problemas y que integre fácilmente
otras fuentes de energía renovable, como la solar
y eólica.
La transformación completa, que tardará entre
20 y 25 años y supone la restructuración total
de la infraestructura eléctrica de Estados Unidos,
ya ha comenzado, y la administración Obama ha respaldado
el proyecto con 4.500 millones de dólares procedentes
de los 787.000 millones de la Ley de Recuperación
y Reinversión en Estados Unidos, promulgada el 17
de febrero.
“La inversión que hacemos hoy permitirá
crear una nueva red de suministro eléctrico, que
sea inteligente y permita el uso mucho más amplio
de la energía alternativa”, dijo el presidente
Obama al firmar la ley en Colorado.
KILOVATIOS HORA
Nada en esta tarea será sencillo, según declararon
a America.gov varios especialistas en energía que
participan en la enorme empresa. El sistema –la máquina
interconectada más grande del planeta y uno de los
logros de ingeniería más importantes del siglo
XX– es una infraestructura planificada y controlada
centralmente, que abarca 50 estados, cada uno con sus propias
normas y procesos.
Con los años, y en especial en la última
década, algunos de los componentes físicos
de la red se han actualizado y alambrado. La tecnología
que se construyó en las décadas de 1960 y
1970 está revestida con una creciente infraestructura
de tecnología informática y tecnologías
basadas en Internet. Éstas aumentan la capacidad
operativa de la red, pero también la dejan abierta
a los ataques cibernéticos.
En la actualidad, la electricidad en Estados Unidos se
genera en grandes centrales eléctricas centralizadas
alimentadas por turbinas impulsadas por vapor o agua. La
energía se multiplica a voltajes elevados para su
transmisión a larga distancia y cables de alto voltaje
distribuyen electricidad a las subestaciones, que a continuación
reducen el voltaje para su utilización en viviendas
y edificios.
La electricidad luego pasa por una serie de transformadores
y a continuación por cables hasta que llega al consumidor
a través del tendido. Las empresas de energía
miden la cantidad de electricidad utilizada y cobran a sus
clientes en función del uso que hagan.
Según el Departamento de Recursos Energéticos,
una vivienda normal estadounidense consume como promedio
920 kilovatios hora al mes. (Un kilovatio hora es una unidad
de energía equivalente a un kilovatio de energía
utilizado durante una hora). El costo promedio de la electricidad
es de 10 centavos de dólar por kilovatio hora, aunque
está al alza debido al aumento de los precios del
combustible y los frecuentes apagones eléctricos.
Un técnico repara el
alambrado de Gulfport (Mississippi), tras el
huracán Katrina en 2005. | |
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Debido al envejecimiento de la red estadounidense, “se
ha producido un aumento del tres por ciento en la duración
de los apagones y del 4 por ciento en la frecuencia anual
de los apagones en los últimos cinco años”,
declaró Robert Gilligan, vicepresidente de transmisión
y distribución en GE Energy Infrastructure, parte
de la empresa General Electric, ante una comisión
del Congreso, el 25 de febrero. “Los apagones eléctricos
y los cortes de calidad energética le cuestan más
de 100.000 millones de dólares a las empresas estadounidenses”.
Esos costos se trasladan a los consumidores.
“Si seguimos el mismo camino es posible que veamos,
en un futuro próximo, un aumento de entre el 50 y
100 por ciento en el costo de la electricidad cada siete
años”, dijo a America.gov Steve Pullins, presidente
de Horizon Energy Group.
EL EJEMPLO DE DINAMARCA
Pullins explicó que a mediados de la década
de 1980 las tarifas de electricidad en Dinamarca eran de
las más altas de Europa, entre 12 y 13 centavos de
dólar por kilovatio hora, con un precio proyectado
de un dólar para el año 2005, un estimado
que preanunciaba la bancarrota del país.
Al igual que Estados Unidos hoy, en ese momento Dinamarca
tenía grandes plantas eléctricas centralizadas
e importaba electricidad y gas natural desde Alemania y
Suecia.
La pequeña nación escandinava también
estaba incrementando sus empresas de energía eólica.
“Los daneses decidieron que tenían que hacer
algo totalmente distinto”, dijo Pullins. Combinaron
sus recursos eólicos con varias plantas relativamente
pequeñas generadoras de calor y electricidad (CHP),
plantas de gas natural que producían electricidad
y vapor o agua caliente para la calefacción.
“Si el viento disminuía podían aumentar
la producción de las CHP. En los últimos 20
años han pasado de tener unas pocas centrales eléctricas
grandes a tener un sistema muy distribuido. Utilizan CHP
de 4, 10 y 25 megavatios distribuidos geográficamente
por todo el país”.
Los daneses también distribuyeron las unidades de
CHP eólicas según los niveles de electricidad
–unidades de alto voltaje y bajo voltaje– lo
cual les permite ordenar las fuentes eólicas de CHP
en baterías que pueden combinarse en racimos, de
acuerdo al tamaño y las necesidades de cada zona.
En la actualidad, los consumidores de Dinamarca pagan unos
20 centavos de dólar por kilovatio hora. El país
sigue dependiendo de fuentes externas para gas natural,
pero exporta electricidad a Alemania y Suecia.
Pullins considera la evolución de Dinamarca como
uno de los mejores ejemplos de la colaboración entre
el gobierno y el sector privado para transformar la distribución
de electricidad. “Es un buen ejemplo para Estados
Unidos, 20 años después estamos pasando por
los mismos desafíos difíciles que encaró
Dinamarca a mediados de los años ochenta”.
Pullins agregó que la estructura normativa estadounidense,
así como los distintos requisitos de los 50 estados,
harían más difícil un cambio parecido
en Estados Unidos, pero que las posibilidades serían
enormes.
“Ninguna de estas transiciones será sencilla.
Van a ser difíciles en términos de normativa,
políticas y tecnología, pero no podremos conseguir
ninguno de los objetivos nacionales a menos que hagamos
esas cosas. Tenemos que hacerlo”, agregó.