Washington – Ha aumentado el reconocimiento de que existe
un vínculo entre el cambio climático y la salud,
hecho que ha alentado las iniciativas de los profesionales
de salud pública, quienes conforman la primera línea
de respuesta, para asegurar que los sistemas de atención
de la salud y las poblaciones del mundo estén preparadas
para lo peor.
Científicos de todo el mundo coinciden en que el
clima está cambiando como consecuencia de la actividad
humana, y que el clima afecta las funciones biológicas
esenciales para la vida.
El 7 de abril, el lema del Día Mundial de la Salud
de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue
“Proteger la salud frente al cambio climático”.
En Estados Unidos, el lema de la Semana Nacional de Salud
Pública, que se celebró del 7 al 11 de abril,
fue “Cambio climático: nuestra salud en equilibrio”.
El 9 de abril, una comisión de la Cámara de
Representantes de Estados Unidos escuchó las declaraciones
de expertos en materia del clima y la salud en torno a este
mismo tema.
“El sistema de salud pública será la
primera línea de respuesta contra las posibles condiciones
de urgencia causadas por el cambio climático”,
declaró a la Comisión Selecta sobre Dependencia
Energética y Calentamiento Mundial de la Cámara
el doctor Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación
Estadounidense de Salud Pública (APHA). “Desempeñará
también un papel fundamental en informar, educar
y facultar al país para que lleve a cabo los cambios
necesarios para mitigar el problema”.
La APHA, agregó Benjamin, ha tenido una política
sobre cambio climático y salud desde 1995.
POLÍTICA ENERGÉTICA EQUIVALE A POLÍTICA
DE SALUD
Según la OMS, ya se siente los efectos de las enfermedades
susceptibles al clima que matan a millones en todo el mundo.
La desnutrición causa más de 3,5 millones
de muertes al año, las enfermedades diarreicas causan
la muerte de más de 1,8 millones de personas anualmente,
y la malaria es la causa de casi un millón de muertes.
Otros acontecimientos recientes anticipan un futuro con
un clima alterado: la ola de calor en Europa en 2003 causó
la muerte de 70.000 personas; los brotes de fiebre amarilla
en África; el huracán Katrina de 2005 mató
a 1.800 personas y desplazó a miles; la malaria en
los altiplanos de África Oriental; y las epidemias
de cólera en Bangladesh.
“El calentamiento mundial difiere de muchas otras
amenazas a la salud”, indicó el doctor Jonathan
Patz, profesor del Departamento de Ciencias de Salud Poblacional
y del Instituto Nelson, ambos en la Universidad de Wisconsin,
en Madison, “porque, a diferencia de las toxinas o
los microbios, el cambio climático afecta múltiples
formas de exposición dañina a nuestra salud”.
Los cambios de política necesarios para enfrentar
este problema, declaró ante la comisión, serán
grandes si la nación considera seriamente proteger
al público de los efectos del cambio climático.
“La política energética se convierte
ahora en lo mismo que la política de salud pública”,
indicó Patz.
Por ejemplo, la reducción del consumo de combustibles
fósiles –en parte, haciendo más práctico
que la gente se traslade a pie, en bicicleta o en transporte
público, en vez de usar el automóvil–,
reducirá la contaminación del aire, mejorará
la condición física personal y reducirá
las emisiones de gases de efecto invernadero, al igual que
el posterior calentamiento mundial.
“Los retos que plantea el cambio climático
exigen urgentemente mejoras en la infraestructura de salud
pública, la conservación de la energía
y las políticas de planificación urbana”,
añadió. “Como tal, el cambio climático
puede plantear enormes riesgos a la salud y oportunidades
directas a través de mejoras en la condición
física, reducción de la obesidad y mejoras
en la calidad del aire”.
PROTECCIÓN DE LA SALUD PÚBLICA
En todo el mundo, funcionarios de salud pública
evalúan las medidas vigentes y determinan las necesidades
futuras para proteger la salud ante el cambio climático,
con un enfoque en mujeres y niños en los países
en desarrollo, así como otras poblaciones vulnerables.
Por ejemplo, la OMS y sus socios, entre estos el Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), la
Organización para la Alimentación y la Agricultura
(FAO) y la Organización Meteorológica Mundial
de las Naciones Unidas (OMM), están elaborando un
plan de trabajo y una estrategia de investigación
para obtener mejores valores sobre la escala y la naturaleza
de la vulnerabilidad de la salud, y para identificar estrategias
y herramientas de protección de la salud, lo cual
incluye mejores sistemas de vigilancia y predicción,
así como mejores servicios de salud básica.
En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención
de Enfermedades (CDC), encabezan las iniciativas dirigidas
a anticipar los efectos del cambio climático en la
salud, asegurar de que existan sistemas para detectar y
observar los efectos, y tomar las medidas para preparar,
responder y controlar los riesgos relacionados.
Los científicos de los CDC ya cuentan con la experiencia
necesaria en vigilancia de enfermedades, salud ambiental,
sistemas y modelos de información geográfica,
así como en planificación y capacitación
en preparación, indicó el doctor Howard Frumkin,
director del Centro Nacional para la Salud Ambiental y de
la Agencia para el Registro de las Enfermedades y Sustancias
Tóxicas del CDC. Esta agencia ha identificado las
siguientes formas de satisfacer los retos de salud que representa
el cambio climático:
• Junto con socios a nivel local y estatal, mejorar
los sistemas de vigilancia de las enfermedades que se transmiten
a través de los alimentos, el agua, los insectos,
las enfermedades zoonóticas (que se pueden transmitir
de animales a personas), así como otras enfermedades;
• Desarrollar la capacidad de investigación
al aumentar la cantidad de personal experimentado en epidemiología,
ecología de enfermedades infecciosas, preparación
para casos de desastre, modelos y predicción, climatología
y ciencias de la salud y comunicación.
• Apoyar la capacidad de las universidades de investigar
los vínculos entre el cambio climático y la
salud pública.
• Proporcionar ayuda técnica y de comunicación
sobre los efectos del cambio climático en la salud
a los profesionales de la salud, agencias de salud locales
y estatales, universidades, profesores de ciencia, grupos
comunitarios, funcionarios locales y estatales, organizaciones
religiosas, la industria y al público.
“Si bien necesitamos hacer más hincapié
en la preparación de la salud pública para
el cambio climático, muchos de nuestros programas
vigentes y experiencia científica, proporcionan una
base sólida para seguir adelante”, dijo Frumkin
a la comisión.
Para más información sobre el cambio climático
y la salud, visite los sitios web del CDC
y de la OMS.