Ben Bradlee en su oficina en el Washington Post. | |
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Washington – El ex editor ejecutivo del periódico
Washington Post, Ben Bradlee, afirma que los buenos
periodistas son los que trabajan intensamente para descubrir
la verdad o para “acercarse” lo más posible
a la verdad.
En la actualidad, como vicepresidente general del Post,
Bradlee indicó que “existen muchos obstáculos
terribles en el camino” de un reportero que busca
una buena historia basada en hechos verídicos. El
reportero debe enfrentar a la naturaleza humana cuando en
algunas ocasiones “la gente, que son las fuentes noticiosas,
miente deliberadamente, o la gente miente porque no sabe
la verdad y piensa que la sabe. No es lo más fácil
en el mundo descifrar cuando alguien está mintiendo”,
expresó Bradlee, entrevistado en su oficina en antelación
al Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de
mayo.
Bradlee, editor ejecutivo del Washington Post
de 1968 a 1991 y que en su periódico dirigió
la cobertura informativa del escándalo de Watergate
en la década de 1970, indicó que cuando los
editores o el dueño del periódico no frenan
a los reporteros, éstos realizan su mejor trabajo
en encontrar artículos de interés periodístico.
El término libertad de prensa casi se ha convertido
en “tedioso”, afirmó Bradlee, al explicar
que el término se ha convertido también en
una expresión corriente para debatir la independencia
de los reporteros para buscar sus notas.
A ese respecto, indicó que la cuestión de
los reporteros que “rinden voluntariamente”
su independencia para reportar noticias en tiempos de guerra,
cae en “territorio peligroso”.
La mayoría de los reporteros y editores, señaló
Bradlee, son renuentes a retener una historia, a menos que
los intereses de seguridad nacional predominen. Pero Bradlee
añadió que los gobiernos exageran las denuncias
de amenazas a la seguridad nacional para intentar suprimir
artículos que no sean favorables.
En Estados Unidos, la libertad de prensa está protegida
bajo la Primera Enmienda a la Constitución y enfrenta
pocas restricciones, excepto en situaciones que puedan comprometer
la seguridad nacional. En años recientes, los grupos
de libertad de prensa han criticado a la administración
Bush por lo que consideran un uso muy frecuente de esta
excepción.
Bradlee reiteró que él nunca hubiese trabajado
para un periódico en que se sintiese presionado para
suprimir noticias por temor de “insultar” a
un funcionario gubernamental. Tales leyes contra los insultos,
que intentan aislar a los funcionarios públicos de
la crítica de los medios de comunicación,
se han instituido en muchos países del mundo.
Se puede justificar el retener una nota, expresó
Bradlee, en casos que involucren, por ejemplo, publicar
la fecha de partida de un despliegue rutinario de tropas
en el extranjero. De todas maneras, la mayoría de
la gente no está interesada en conocer ese tipo de
información, agregó Bradlee.
Una historia que Bradlee retuvo, de manera temporal, involucró
un dispositivo estadounidense de rastreo submarino de información
con nombre-código Ivy Bells, que durante la Guerra
Fría reveló la posición y movimiento
de submarinos de la Unión Soviética. Las autoridades
estadounidenses colocaron un dispositivo en forma de campana
sobre cables de comunicación soviéticos a
lo largo del fondo del océano. Por años, el
dispositivo capturó información vital para
el gobierno de Estados Unidos.
La información fue descubierta por el reportero
del Post, Robert Woodward, que fue socio de Carl
Bernstein, también integrante del periódico,
en dar la noticia del escándalo de Watergate.
Los soviéticos estaban tan seguros de que sus submarinos
no eran detectados, que descuidaron de proteger el código
de sus mensajes para que no fuese descifrado, afirmó
Bradlee.
Bradlee dijo que, originalmente, decidió estar en
contra de publicar la nota porque de otra manera “hubiese
privado a nuestro país de una enorme y efectiva arma
en contra de un enemigo común”.
Con el tiempo, su periódico publicó la historia,
pero sólo después de que la Operación
Ivy Bells fue expuesta por un empleado de bajo nivel de
la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y anunciada
por una de las redes principales de televisión estadounidense.
Bradlee detalla la Operación Ivy Bells en su exitosa
autobiografía, que publicó en 1995 titulada
The Good Life: Newspapering and Other Adventures
(La Buena Vida: Haciendo Periódicos y Otras Aventuras).
Aunque está retirado de sus responsabilidades como
editor ejecutivo, el sentimiento de Bradlee pertenece todavía
al único diarios para el que trabajó. Es evidente
por el hecho de que aún visita todos los dias su
oficina en el séptimo piso en el edificio del Post.
Bradlee admite que es un “adicto” a la sala
de prensa del quinto piso, donde gusta de analizar las notas
de los reporteros y editores del periódico. Bradlee
se considera, a la edad de 86 años, “una escala
en el recorrido” para los reporteros más jóvenes
del periódico que le piden consejos al afamado periodista.
Sin embargo, Bradlee no extiende sus visitas a la sala
de prensa porque sabe que los reporteros “tienen algo
que hacer. Estoy muy conciente de eso”.
Bradlee inició su carrera periodística, después
de terminar su servicio en la Segunda Guerra Mundial, cuando
fundó un periódico semanal llamado The
New Hampshire Sunday News, antes de ser reportero del
Washington Post y, posteriormente, de la revista
Newsweek.
El consejo de Bradlee a los reporteros aspirantes es que
vayan “lejos de su pueblo” u buscar un empleo
en un periódico lejos de “mamá, papá
y los amigos”, donde “no tengan su mente concentrada”
en los acontecimientos locales. El reubicarse en un área
diferente, expresó, brinda a los periodistas una
perspectiva fresca y positiva sobre las noticias que ocurren
en esa comunidad.
Lo que le emociona sobre el periodismo, indicó Bradlee,
es que el “esfuerzo por obtener una buena historia
tiene su recompensa". Orgullosamente señala
el ejemplo del trabajo del Post durante 30 meses
en la década de 1970, cuando el periódico
publicó unos 400 artículos sobre el escándalo
de Watergate.
Ver también el artículo “Famoso
editor Ben Bradlee dice que los periódicos están
aquí para quedarse”.