Ishmael Beah | |
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“Creo que los niños tienen la resistencia
para superar sus sufrimientos si tienen la oportunidad”.
-- Ishmael Beah, de su libro, “Ocurrió hace mucho:
recuerdos de un niño soldado” (
A Long Way
Gone: Memoirs of a Boy Soldier)
Washington -- Ishmael Beah vio e hizo algunas cosas horribles
durante la guerra civil que destruyó Sierra Leona,
cuando apenas era más un adolescente.
Sin embargo, con algo de apoyo y buena suerte, ahora puede
tender la mano y ayudar a otrosniños, que también
se vieron forzados a combatir.
A los 12 años Beah perdió a su familia cuando
la guerrilla rebelde, conocida como el Frente Revolucionario
Unido, atacó su pueblo. Al huir de la masacre, anduvo
perdido por los campos durante casi un año, junto
a otros chicos de su edad. Finalmente su pequeño
grupo llegó a una base del ejército gubernamental,
donde los muchachos fueron reclutados como soldados para
luchar en la guerra.
Adoctrinado para creer que defendía su país
y obligado a ingerir una combinación de narcóticos
para que se sintiera feroz, Beah descubrió que “matar
era tan fácil como beber agua”, escribió
en su libro A Long Way Gone.
Al los 15 años UNICEF lo rescató de los campos
de batalla y lo alojó en una instalación administrada
por una organización no gubernamental llamada “Niños
asociados con la guerra”. Con el tiempo, llegó
a Estados Unidos donde terminó el colegio universitario
y escribió sus agudas memorias, que han sido objeto
de clamor internacional.
Hoy, Beah, a los 28 años de edad, es encargado de
UNICEF para ayudar a los niños afectados por la guerra
y viaja por el mundo intentando buscando el apoyo de gobiernos
e instituciones privadas para rehabilitar y reintegrar antiguos
niños soldados a la sociedad.
LUZ DE ESPERANZA
“La gente piensa que cuando a uno le ocurre esto
en la niñez, ya está acabado, que no puede
recuperarse”, dijo Beah al Servicio Noticioso
desde Washington. “Eso no es cierto”.
Con la atención y el apoyo apropiado, los niños
ex combatientes pueden darle sentido a sus vidas, dijo.
Beah admite que tuvo más suerte que otras y que
su historia es considerada por el público como un
"relato exitoso”, pero destacó que quiere
"que la gente sepa que no soy el único, que
también otras personas, para que la gente conozca
la variedad de historias que han salido bien”.
Con este fin, dijo Beah, trabaja para formar una asociación
de niños soldados que puedan hablar públicamente
sobre la manera de ayudar a otros niños que sean
víctimas y que “sirvan de modelo a la gente
joven que está avanzando en este proceso de recuperación”.
“Todos sanamos de distinta forma”, explicó
Beah, y añadió que algunos preferirían
olvidar lo que pasó antes que revivir los horrores
al hablar sobre ellos.
En cuanto a sus propios y terribles recuerdos, dijo Beah:
“Hable o no hable sobre eso, siempre está en
mi mente. Es parte de mi existencia. Mi vida está
marcada por esas experiencias. He vivido para transformarlas
y vivo bien con ellas. Así que para mí, siempre
van a estar y prefiero usarlas de forma que beneficien a
otros”.
Beah dijo que cuando él y otros compañeros
niños ex combatientes hablan “no se hace en
términos sensacionalistas, sino de modo que uno no
se repita lo negativo. Casi siempre hablamos del elemento
de transformación que existe”.
Dijo que espera poder presentar al público su asociación
de niños ex combatientes en los próximos meses.
DESAFÍOS PRINCIPALES
Al hablar sobre su trabajo actual con UNICEF, Beah dice
que la mayoría de los gobiernos que no tienen el
problema de los niños soldados no están muy
interesados en el asunto, y que los gobiernos o grupos rebeldes
que utilizan a los niños “no desean hablar
mucho sobre el asunto porque no quieren mostrar que su historial
de derechos humanos es terrible por permitir que se utilice
a los niños”.
Los líderes responsables por los niños soldados
deben enfrentarse a la justicia, urgió Beah. “No
se puede llevar ante la justicia a todos los que tienen
que ver con una guerra, pero hay que ir tras los que las
orquestan, los ‘peces gordos’, la gente que
realmente sabe lo que esto va a causar en la sociedad y
lo hace”, declaró.
Presentar a estos líderes ante la justicia “sienta
un precedente de que si alguien hace esto, no hay lugar
en el mundo en el que pueda esconderse, de que le van a
ir a buscar”, explicó Beah. “El Tribunal
Penal Internacional está intentando hacer esto, con
el máximo alcance, pero necesitamos más apoyo”.
HACERLO PERSONAL
Beah recomendó que los individuos o grupos interesados
en ayudar a niños ex combatientes “dedicar
un tiempo intentando para enterarse de qué pueden
hacer para ayudar a otros, y no sólo ser un ‘donante
a ciegas’”.
Individuos con destrezas específicas, como ser en
orientación o en cuidados psicológicos, pueden
hallar modos de trabajar con los niños ex combatientes
que intentan hacer una vida normal.
“Hay que hacerlo auténtico y personal”,
dijo Beah. “Es la única forma en la que uno
puede hacer algo sostenible”.