(A continuación se incluye una traducción del
artículo de opinión de la secretaria de Estado
Condoleezza Rice publicado en el diario
Wall Street Journal
de 7 de abril. Es de dominio público y no hay restricciones
a su republicación).
La cuestión del comercio con Colombia
Por Condoleezza Rice
No es todos los días que nuestro gobierno, con una
medida audaz, pueda reforzar la competitividad de los trabajadores
de Estados Unidos, respaldar a un aliado democrático
a punto de lograr perdurables éxitos nacionales;
debilitar a quienes siembran la inestabilidad y la autocracia
en nuestro hemisferio y enviar una señal inequívoca
al mundo entero de que Estados Unidos es un líder
mundial capaz y confiable, que no actúa sólo
en interés propio, sino también en el interés
de sus amigos.
Todo esto es lo que podemos ganar si el Congreso aprueba
el acuerdo de libre comercio que nuestra administración
ha negociado con Colombia. Hemos tenido ya bastante tiempo
para deliberar. Pronto llegará el momento de la decisión.
Con valor y sacrificio en poco más de una década,
los colombianos han sacado a su país del borde del
fracaso y la han puesto en el umbral de la paz y la prosperidad.
Estados Unidos ha estado con ellos en cada paso del trayecto.
Con nuestro sostenido apoyo bipartidista, iniciado por el
presidente Clinton y el Congreso en la década de
1990 y ampliado por el presidente Bush y el Congreso a partir
del año 2001, el gobierno democrático y el
pueblo de Colombia han recuperado su país de las
FARC, un grupo narcoterrorista que, como indican las preocupantes
noticias recientes, ha estado recibiendo ayuda desde más
allá de las fronteras de Colombia.
Hoy, a medida que la guerra ha cedido ante una creciente
seguridad, los colombianos, que por miedo antes escapaban
de sus hogares, ahora están retornando por miles.
Las instituciones democráticas y el estado de derecho
son más fuertes y abarcan más. El desempleo
y la pobreza tienen los niveles más bajos en más
de una década y la economía creciente está
creando buenos puestos de trabajo para los colombianos dentro
su propio país. En resumen, Colombia se está
convirtiendo otra vez en un país normal.
En febrero pude ver de primera mano parte de este progreso
cuando visité Medellín junto a nueve miembros
demócratas del Congreso. Una vez conocida en el mundo
como capital del crimen y sede de Pablo Escóbar,
Medellín hoy es un lugar con vecindarios seguros,
negocios florecientes, y una esperanza palpable cubre la
ciudad. Medellín no es sino un reflejo de las decisiones
valientes y difíciles que el gobierno de Colombia
está tomando para todo el país. La aprobación
del acuerdo de libre comercio reforzaría esas decisiones
acertadas y permitiría a Colombia ampliar la prosperidad
y la justicia social para beneficio de más personas.
La transformación de Colombia en una democracia
cada vez más estable y próspera es una de
las grandes victorias del mundo en derechos humanos. Incluso
este progreso ha estado acompañado de crímenes
violentos, incluyendo el asesinato de líderes sindicales
y de otras personas inocentes. Esto es inaceptable para
nosotros y lo es para el presidente Álvaro Uribe,
cuyo gobierno trabaja por presentar a los culpables ante
la justicia y proteger a todos los colombianos. Desde el
año 2002 el asesinato de sindicalistas ha disminuido
en casi un 80 por ciento. Sin embargo, como el presidente
Uribe dijo correctamente, cuando se trata de asesinatos
y crímenes contra los colombianos inocentes, su meta
es llegar a “cero”.
Colombia es una democracia en funcionamiento. El hecho
de que nuestro amigo siga siendo imperfecto y todavía
confronte desafíos abrumadores nos debe impulsar
a no quitarle nuestro apoyo, sino a aumentarlo para ayudar
a las instituciones legales y democráticas de Colombia
a que funcionen con más rendición de cuentas,
con más efectividad y con más transparencia,
y eso es exactamente lo que lograría este acuerdo
de comercio.
Para los trabajadores de Estados Unidos este acuerdo es
un arreglo mucho mejor del que tienen ahora. Este momento
más del 90 por ciento de los productos colombianos
ingresan a Estados Unidos libres de aranceles, mientras
que nuestras exportaciones a Colombia pagan aranceles de
hasta el 35 por ciento. Este acuerdo nivelaría el
campo de juego para los trabajadores de Estados Unidos,
permitiéndoles enviar el producto de su trabajo a
Colombia en las mismas condiciones con que los colombianos
nos envían sus productos a nosotros. El resultado,
según la Comisión de Comercio Internacional
de Estados Unidos sería un aumento anual de casi
1.100 millones de dólares en exportaciones de Estados
Unidos a Colombia.
Más allá de nuestros intereses económicos,
este acuerdo también profundizaría nuestro
interés nacional de contar con un hemisferio libre
y pacífico. Actualmente algunos en las Américas
quieren inclinar la región hacia el autoritarismo.
Es un sistema que ya ha fallado antes y que volverá
a fallar. La única pregunta es cuanto más
daño provocará mientras tanto, y eso en gran
parte depende de nosotros, de si apoyamos a la gran mayoría
de los pueblos de las Américas que hoy creen, como
nosotros, que la seguridad y la justicia social se consiguen
mejor con la libertad y el estado de derecho, con el comercio
libre y justo, y con la gobernabilidad democrática
responsable. Colombia comparte estos valores, y nosotros
hemos invertido miles de millones de dólares en el
éxito de nuestro aliado. ¿Cómo es posible
retirarse ahora?
La suerte de este acuerdo plantea preguntas incluso más
amplias: ¿cómo trata Estados Unidos a sus
amigos, especialmente cuando están presionados y
bajo ataque? ¿Seguiremos participando como un líder
mundial o retrocederemos unilateralmente? ¿Hemos
de definir nuestro papel en el mundo en base a la confianza
en nuestros propios principios, o por la capitulación
ante temores sin fundamento? Los ojos de muchos países,
especialmente en nuestro propio hemisferio, están
puestos sobre nosotros y que nadie piense que las decisiones
que tomemos no vayan a tener eco en todo el mundo.
Durante más de una década, la política
de Estados Unidos hacia Colombia ha demostrado claramente
que republicanos y demócratas pueden trabajar juntos,
colocar el interés nacional por encima de las políticas
partidistas y aplicar una estrategia efectiva para lograr
metas decisivas a largo plazo. Es el momento de redactar
el próximo capítulo en este venerable relato
bipartidista. Debemos aprobar este acuerdo de libre comercio
con Colombia por el éxito de nuestros dos pueblos.