Washington – El 4 de abril de 1968, en la ciudad
de Memphis, Tennessee, la bala de un asesino terminó
con la vida de Martin Luther King, el principal arquitecto
y líder del movimiento pacífico de los derechos
civiles en Estados Unidos. Tenía 39 años de
edad. Los médicos forenses indicaron que King murió
como si hubiese tenido el corazón de una persona
de 60 años, dado que llevó consigo la carga
de muchos durante mucho tiempo. Unos 100.000 estadounidenses
estuvieron de pie afuera de la iglesia al momento de su
funeral.
Un día antes, como parte su “campaña
por los pobres”, King se encontraba haciendo campaña
a favor de los trabajadores sanitarios, que eran principalmente
de la raza negra, se declararan en huelga. Su último
discurso se basó mucho en sus estudios, de toda la
vida, de la Biblia. Y probaría ser profético:
Bien, no se que sucederá ahora; hay días
difíciles por venir. Pero no es importante para mí
ahora, porque he subido a la cima. Y no me preocupo. Como
cualquier otra persona, me gustaría tener una vida
larga, en que la longevidad tenga su lugar. Pero eso no
me preocupa ahora. Sólo quiero hacer la voluntad
de Dios. Él me permitió subir a la cima de
la montaña. Y desde ahí pude ver la Tierra
Prometida. Puede que no llegue ahí con ustedes. Pero
quiero que sepan esta noche que nosotros, como pueblo, llegaremos
a la Tierra Prometida. Y estoy feliz esta noche; no estoy
preocupado por nada; no tengo temor a ningún hombre.
Mis ojos han visto la gloria del advenimiento del Señor.
El año de 1968 hubo conmoción política
en todo el mundo. Sólo dos meses después en
Estados Unidos, el 5 de junio, otro asesino acabó
con la vida del senador Robert Kennedy, que como fiscal
general proporcionó ayuda oportuna a activistas de
los derechos civiles.
DÍAS DE IRA
El asesinato de Martin Luther King provocó amotinamientos
en Washington, al igual que en más de 100 ciudades
de Estados Unidos, amenazando convertir la lucha pacífica
de los afroestadounidenses en una violenta confrontación
racial. Aún antes del trágico suceso el movimiento
parecía experimentar una transformación, que
muchas de las personas más allegadas a King observaban
con ansiedad.
En mayo de 1966 Stokley Carmichael, veterano de muchas
campañas de inscripción de electores se estableció
como el nuevo líder del Comité Coordinador
Estudiantil No Violento (SNCC), la principal organización
estudiantil del movimiento de derechos civiles y cuyo liderazgo
crecía cada vez más, impaciente con la paulatina
estrategia de Martín Luther King y sus seguidores.
Durante un discurso en Greenwood, Mississippi, Carmichael
hizo un llamado al movimiento Poder Negro (Black Power).
Si bien personas como Thurgood Marshall y Martin Luther
King buscaban la integración racial, Carmichael buscaba
la separación. La integración, pronunció,
era “una mala excusa para mantener la supremacía
anglosajona”.
Mientras tanto, el Partido Pantera Negra (algunos relatos
adjudican el origen del nombre a un emblema visual para
electoras analfabetas en las campañas de inscripción
de electores en Alabama), fundado en Oakland, California,
en octubre de 1966 por los activistas Huey P. Newton y Bobby
Seale, empleaba miembros armados, conocidos como “panteras”
para vigilar a oficiales de policía que, ellos pensaban,
trataban de manera injusta a personas de la raza negra.
Si bien el partido disfrutó brevemente cierta popularidad,
debido a sus programas de servicios sociales, los altercados
armados con la policía local dieron como resultado
la muerte o encarcelamiento de prominentes panteras, lo
que causó que muchos estadounidenses se opusieran
a los métodos violentos del partido, que causó
una fragmentación de los Panteras Negras. El movimiento
disminuyó gradualmente en un laberinto de bandos
y recriminaciones mutuas.
Sin embargo, muchos temían que el asesinato de King
aumentaría la influencia de militantes dentro del
movimiento. En ese momento, algunos cuestionaban la obra
realizada por King. Pero la “Tierra Prometida”
que King describió, estaba, en muchas maneras, mucho
más cerca de lo que parecía durante los amotinamientos
de abril de 1968.
CONSENSO DE LOS ESTADOUNIDENSES
La experiencia histórica afroestadounidense siempre
será única. Pero la significativa aplicación
federal del derecho de voto, brindó a los estadounidenses
de la raza negra con los recursos que los inmigrantes y
otros grupos minoritarios han usado para buscar –
y alcanzar –, desde hace mucho tiempo, el Sueño
Americano. En Estados Unidos, los electores ejercen un poder
político real. Con el voto, en el tiempo, la igualdad
legal y política para los afroestadounidenses ha
producido frutos en casi todas las ramas de la vida.
Por ejemplo, John R. Lewis, del grupo activista de los
derechos civiles Viajeros de la Libertad (Freedom Riders),
fue violentamente golpeado por una muchedumbre en la ciudad
de Montgomery, Alabama, en 1961. En la actualidad, representa
al 5º Distrito del Congreso del Estado de Georgia en
la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Casi
50 de sus colegas en el Congreso son afroestadounidenses
y algunos de ellos ejercen un fuerte poder político
como presidentes de influyentes comisiones en el Congreso.
En 1963, Denise McNair se encontraba entre las niñas
que murieron cuando integrantes de un grupo racista bombardearon
la iglesia bautista de la 16ª Calle en Birmingham.
En 2005, su amiga Condoleezza Rice ocupó el cargo
de secretaria de Estado de la nación.
La tasa de graduación de estudiantes de la raza
negra de las escuelas secundarias se ha triplicado desde
1966 y la tasa de pobreza se ha reducido casi a la mitad
en ese mismo periodo de tiempo. La expansión de la
clase media negra es un desarrollo social que se percibe
ampliamente, como la gran cantidad de empresarios exitosos,
catedráticos, literarios y personas del medio artístico
que son afroestadounidenses.
Aunque el pueblo estadounidense continúa luchando
con los asuntos raciales, esos asuntos difieren profundamente
de los asuntos que enfrentaron Thurgood Marshall, Martin
Luther King y la generación del movimiento de derechos
civiles.
Indudablemente, el movimiento de derechos civiles forzó
al pueblo estadounidense a confrontar directamente la contradicción
entre sus ideales y la realidad de segregación y
desigualdad. Al hacerlo, impulsó a la nación
en la ruta hacia una igualdad racial completa, en un camino
que todavía se recorre.
Probablemente, la medida más importante de progreso
es el surgimiento – no el último entre los
jóvenes estadounidenses que construirán el
futuro de la nación – de un amplio y profundo
consenso de que las vergonzosas historias de esclavitud,
segregación y desventaja, se deben relegar a solamente
eso: historia.
El material usado arriba fue adaptado de
Libre al fin: el movimiento de derechos civiles en Estados
Unidos, un libro que será publicado en el sitio
de America.gov
durante el verano de 2008.