"Estos informes ordenados por el Congreso
describen el desempeño que otros gobiernos del mundo
registraron en 2007 en lo que respecta a poner en práctica
sus obligaciones internacionales en cuanto a derechos humanos.
Los informes proveen información al gobierno de Estados
Unidos para la formulación de sus políticas
y sirven también de referencia a otros gobiernos,
instituciones intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales,
personas y medios informativos", dice la presentación
del Informe Anual por Países sobre Prácticas
de Derechos Humanos.
El texto completo del Informe por Países
sobre Prácticas de Derechos Humanos 2007 está
disponible, en inglés, en el sitio electrónico
del Departamento de Estado
A continuación una traducción
de la introducción del informe:
(comienza el texto)
Departmento de Estado de Estados Unidos
Informes por Países sobre Derechos Humanos 2007
Difundido por la Oficina de Democracia,
Derechos Humanos y Trabajo
11 de marzo de 2008
Introducción al Informe por Países
sobre Derechos Humanos 2007
El respeto por los derechos y las libertades
fundamentales humanas reflejado en la Declaración
Universal de Derechos Humanos constituye, como dijo el presidente
Bush, “El cimiento de la libertad, la justicia y la
paz en el mundo”. Hoy día, en todos los continentes
hay hombres y mujeres que se esfuerzan con muchas dificultades
y frecuentemente con grandes riesgos por tener el derecho
básico de vivir con dignidad, por seguir los dictados
de sus conciencias y expresar sus pensamientos sin temor,
por elegir a quienes habrán de gobernarlos, por exigir
de sus dirigentes la rendición de cuentas y por tener
igualdad ante la justicia conforme a la ley.
Cada ves se percibe más la democracia
como la forma de gobierno capaz de alcanzar esos derechos
y libertades fundamentales. Ninguna forma de gobierno está
exenta de defectos. La democracia es un sistema de gobierno
del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que se basa
en el principio de que los humanos tienen el derecho inherente
de forjar su propio futuro, pero que son seres con defectos
y que, por lo tanto, debe haber medidas correctivas incorporadas.
Nuestros ciudadanos se enorgullecen de su historia, de que
cada generación, desde que nuestra nación
fuera fundada, luchó para que nuestras costumbres
democráticas se correspondieran con nuestros apreciados
principios, mientras procuramos hacer frente a las injusticias
y los desafíos de cada nueva época.
Al publicar estos informes, el Departamento
de Estado es consciente tanto de las críticas internacionales
como internas sobre el historial estadounidense en lo que
respecta a los derechos humanos. El gobierno de Estados
Unidos seguirá atento y continuará respondiendo
con franqueza a las preocupaciones que existen acerca de
nuestras propias prácticas, incluso las medidas que
hemos adoptado para defender a nuestra nación contra
la amenaza mundial del terrorismo. Nuestras leyes, nuestras
políticas y nuestras prácticas han evolucionado
considerablemente en los años recientes, y seguiremos
esforzándonos en proteger a la población civil
inocente contra los ataques mientras cumplimos nuestro compromiso,
que data de hace mucho, de respetar los derechos y las libertades
fundamentales humanas. Como parte de este esfuerzo, Estados
Unidos presenta a los organismos internacionales informes
de conformidad con las obligaciones contraidas en los varios
tratados sobre derechos humanos de los que es parte.
Tomamos muy en serio todos nuestros compromisos
relacionados con los derechos humanos y, en nuestros esfuerzos
de cumplir de buena fe con esos compromisos, valoramos el
papel vital que desempeñan la sociedad civil y los
medios informativos independientes. No consideramos que
las opiniones expresadas por otros en la comunidad internacional
acerca de nuestro desempeño constituyan una interferencia
en nuestros asuntos internos, y otros gobiernos tampoco
deben considerar como tal las expresiones hechas acerca
de su desempeño. En efecto, conforme a la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, “todos los pueblos
y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos
como las instituciones, inspirándose constantemente
en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación,
el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por
medidas progresivas de carácter nacional e internacional,
su reconocimiento y aplicación universales y efectivos”.
Estos informes ordenados por el Congreso
describen el desempeño que otros gobiernos del mundo
registraron en 2007 en lo que respecta a poner en práctica
sus obligaciones internacionales en cuanto a derechos humanos.
Los informes proveen información al gobierno de Estados
Unidos para la formulación de sus políticas
y sirven también de referencia a otros gobiernos,
instituciones intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales,
personas y medios informativos. El informe sobre cada país
habla por sí mismo. Sin embargo, es posible recabar
de los informes observaciones generales acerca del adelanto
de los derechos humanos y los principios democráticos
en el mundo. Los ejemplos específicos de cada país
que presentamos más adelante tienen por propósito
ser ilustrativos, no exhaustivos.
En 2007, los países que experimentaron
regresiones graves en cuanto a los derechos humanos y la
democracia llenaron los titulares. Algunos países
registraron adelantos significativos a pesar de formidables
y persistentes desafíos, pero una gran mayoría
forcejeaba entre lograr progresos incrementales o sufrir
reveses. Lo que sigue sirve de ilustración:
La toma de posesión en Mauritania
en abril de un presidente elegido en una votación
que la comunidad internacional consideró libre y
justa en su mayor parte señaló la primera
transición del país hacia la democracia en
sus cincuenta años de independencia. Esta votación,
junto con las elecciones parlamentarias de noviembre de
2006, creó un entorno de tolerancia en el que la
participación en la esfera política fue amplia
y crecientemente inclusiva. El nuevo gobierno se concentró
más en abordar los problemas pertinentes a los derechos
humanos, en particular los vestigios de la esclavitud, la
desigual condición política y social de los
moros negros y los afromauritanos, y la repatriación
de los refugiados mauritanos que residen en Senegal.
Ghana celebró en marzo de 2007 su
quincuagésimo aniversario como estado independiente.
Los últimos quince años vieron sucesivas elecciones
democráticas libres y justas, el surgimiento de una
sociedad civil vibrante, y un compromiso para procurar reformas
sostenibles por medio de una administración responsable
de parte de las ramas de su gobierno. Bajo el liderazgo
del presidente Kufuor, a quien la constitución prohíbe
postularse para un tercer período y que hasta hace
poco fue presidente de la Unión Africana (UA), Ghana
ha asumido también un papel activo en fomentar la
democracia y la estabilidad en otros países africanos.
Como parte de un proceso de reforma más
amplio en Marruecos, las elecciones parlamentarias de septiembre
fueron transparentes y estuvieron acompañadas por
una influencia aumentada del Consejo Consultivo de Derechos
Humanos. Si bien los observadores notaron algunos problemas
durante el período de la campaña y hubo informes
sobre una compra de votos y otras manipulaciones, el gobierno
publicó en 48 horas estadísticas de la participación
y los resultados del voto popular por distrito, y todos
los partidos políticos aceptaron como correctos los
resultados finales. Algunas reformas en las prisiones, incluso
su acceso por los organismos no gubernamentales (ONG), se
agregaron al compromiso general del público de crear
una cultura de derechos humanos. Sin embargo, persistieron
algunos problemas de derechos humanos, como las restricciones
a la libertad de prensa y los abusos reportados en el Sahara
Occidental administrado por Marruecos.
Haití sostuvo tres elecciones democráticas
en 2006, incluso la elección de un nuevo presidente
y una elección parlamentaria. Sin embargo en 2007
omitió las requeridas elecciones del Senado.
El gobierno interino de Nepal pospuso dos
veces la elección de una asamblea constituyente después
de que el acuerdo de paz de 2006 pusiera fin a la insurgencia
de toda una década. Si bien los abusos cometidos
por las fuerzas de seguridad disminuyeron considerablemente,
los maoístas y los miembros de la Liga Comunista
de Jóvenes afiliados a los maoístas, así
como otros grupos armados pequeños, frecuentemente
en torno a grupos étnicos, cometieron numerosos abusos
graves de derechos humanos al atacar a civiles, a funcionarios
del gobierno, miembros de grupos étnicos particulares,
al cometer ataques entre ellos mismos, o atacar a maoístas.
Al carecer de respaldo político, la policía
con frecuencia fue reticente a la intervención, particularmente
contra los maoístas. El gobierno adoptó una
medida positiva cuando nombró en septiembre a comisionados
ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos
(CNDH), pero no reveló los paraderos de aproximadamente
700 personas desaparecidas, identificadas en 2006 por la
CNDH y la ONU. La impunidad de los violadores de derechos
humanos, las amenazas contra los medios informativos, los
arrestos arbitrarios y las detenciones prolongadas previas
al juicio, fueron problemas graves.
En Georgia, el avance de los derechos humanos
y de la democracia estuvo desincronizado. El historial de
derechos humanos del gobierno mejoró en algunas áreas
en el transcurso del año. El gobierno inauguró
el Alto Colegio de Justicia para capacitar a los jueces,
y el parlamento aprobó legislación que prohibía
la comunicación entre los jueces y las partes en
un caso fuera del tribunal y un Código Ético
para los jueces. Sin embargo, el respeto por la libertad
de expresión, la libertad de prensa y el derecho
a asamblea sufrió a causa de la crisis política
en el otoño, al enfrentarse la policía y los
manifestantes y al usar el gobierno fuerza excesiva para
poner fin a las manifestaciones, suspender temporalmente
las operaciones de la estación televisiva más
popular, así como de otras dos estaciones, y declarar
un estado de emergencia temporal. El presidente Saakashvili
renunció a consecuencia de la crisis y solicitó
la celebración de elecciones presidenciales anticipadas.
Si bien la democracia y el historial de
derechos humanos en Kirguistán mejoraron considerablemente
nada más pasar las elecciones presidenciales de 2006,
el año 2007 vio una continuación de las condiciones
existentes en 2006 caracterizadas por los esfuerzos del
gobierno para imponer restricciones a la asamblea pacífica,
la detención de los organizadores y los apresurados
cambios a la constitución, el código electoral
y en el gobierno. Si bien el gobierno respetó la
libertad de expresión en términos generales,
la presión ejercida sobre los medios informativos
independientes aumentó. La Organización para
la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y
otros observadores electorales occidentales así como
observadores locales independientes informaron sobre graves
y extensas violaciones en el referéndum constitucional
de octubre, y las elecciones parlamentarias nacionales de
diciembre no llegaron a satisfacer las normas internacionales.
En Rusia, la centralización del poder
en la rama ejecutiva, una Duma estatal sumisa, la corrupción
y selectividad en la aplicación de la ley, los requerimientos
onerosos para la inscripción de las ONG, el hostigamiento
de algunas ONG y las restricciones impuestas a los medios
informativos continuaron erosionando la rendición
de cuentas a sus ciudadanos. Al poseer directamente medios
de información, influir en los propietarios otros
medios principales medios y hostigar e intimidar a los periodistas
para que practiquen la autocensura, el gobierno siguió
debilitando la libertad de prensa en Rusia. Casos de asesinato
de periodistas quedaron sin resolver. Se utilizó
la ley sobre el extremismo para limitar la libertad de expresión
y de asociación. El gobierno restringió severamente
la capacidad de los partidos políticos opositores
y la de algunos candidatos individuales de participar en
el proceso político. Las elecciones de diciembre
para la Duma estatal se distinguieron por problemas durante
el período de la campaña electoral y en el
día de la elección, entre los que figuraron
el abuso de los recursos administrativos, la predisposición
de los medios informativos hacia el partido Rusia Unida
respaldado por el presidente Putin, el hostigamiento de
los partidos de la oposición, la falta de oportunidades
iguales para la oposición en la inscripción
y dirección de las campañas, y fraude en la
votación. Los observadores internacionales concluyeron
que las elecciones no fueron justas y que no cumplieron
con las normas establecidas para una elección democrática.
El historial de derechos humanos continuó siendo
pobre en la República de Chechenia y empeoró
considerablemente en la República de Ingushetia,
donde hubo un aumento en la violencia y los abusos cometidos
por las fuerzas de seguridad.
A pesar del compromiso declarado del presidente
Musharraf hacia una transición democrática,
la situación de los derechos humanos en Pakistán
se deterioró durante una gran parte de 2007. Después
de la suspensión del juez jefe por el presidente
Musharraf en marzo, los abogados y la sociedad civil respondieron
con extensas protestas en apoyo de un poder judicial independiente,
lo que resultó en detenciones en masa. Esto dio motivo
para una huelga prolongada de los abogados. En noviembre,
el presidente Musharraf declaró un estado de emergencia
antes de que la Corte Suprema pronunciara su fallo sobre
si era elegible o no para presentarse a la reelección
como presidente. Durante el estado de emergencia, el presidente
Musharraf suspendió la constitución y despidió
y arrestó a ocho miembros de la Corte Suprema, incluyendo
a su presidente y a cuarenta jueces de tribunales superiores
provinciales. Bajo las medidas de emergencia, las autoridades
pakistaníes arrestaron también a aproximadamente
6.000 trabajadores de los partidos políticos de la
oposición, a defensores de derechos humanos, abogados
y jueces. Al final del año, había todavía
once jueces suspendidos y tres abogados sometidos a arresto
domiciliario, y los medios informativos fueron obligados
a firmar un código de conducta que prohibía
la crítica del gobierno para que pudieran operar.
En el lado positivo, el presidente Musharraf renunció
a fines de noviembre a su cargo de jefe del estado mayor
del ejército, volvió a pronunciar el juramento
presidencial como civil y en diciembre revocó el
estado de emergencia. Los dirigentes de los dos principales
partidos políticos de oposición regresaron
del exterior y se fijó una fecha para las elecciones
parlamentarias. Las elecciones fueron pospuestas más
tarde a consecuencia del asesinato de Benazir Bhutto.
El historial de derechos humanos del gobierno
de Bangladesh empeoró, debido en parte al estado
de emergencia y al aplazamiento de las elecciones. Con las
reglas de poderes de emergencia de 2007, impuestas por el
gobierno en enero y en vigencia durante todo el año,
fueron suspendidos muchos derechos y libertades fundamentales,
entre ellos la libertad de prensa, la libertad de asociación,
y el derecho a fianza. La campaña anticorrupción
iniciada por el gobierno, aunque recibida con el apoyo popular,
produjo motivos de preocupación en lo que respecta
a las garantías legales. Durante la mayor parte del
año el gobierno prohibió las actividades políticas,
si bien la aplicación de esta política fue
irregular. Aunque hubo una reducción significativa
en el número de ejecuciones extrajudiciales llevadas
a cabo por las fuerzas de seguridad, se acusó a las
mismas de haber cometido abusos graves, incluso muertes
de personas que estaban en custodia, arrestos y detenciones
arbitrarias, y hostigamiento de periodistas.
En Sri Lanka, el respeto del gobierno por
los derechos humanos continuó declinando, al crear
el conflicto armado un ciclo creciente de violencia al que
contribuyeron ambos bandos. Informes fidedignos mencionaron
muertes ilegales cometidas por agentes del gobierno, asesinatos
cometidos por perpetradores desconocidos, muertes motivadas
políticamente y reclutamiento de niños soldados
por fuerzas paramilitares asociadas al gobierno, desapariciones,
arrestos y detenciones arbitrarias, y otros numerosos abusos
graves. Las ejecuciones extrajudiciales en la Península
de Jaffna controlada por el gobierno aumentaron. Hubo numerosos
informes de que el ejército, la policía y
grupos paramilitares a favor del gobierno participaron en
ataques armados contra civiles y que se cometieron con impunidad
actos de tortura, secuestro, toma de rehenes y extorsión.
El movimiento de Liberación Tigres de Tamil Eeland,
organización terrorista reconocida que mantuvo el
control de extensas secciones en el norte, continuó
cometiendo ataques contra civiles, torturas, arrestos y
detenciones arbitrarias, y otros abusos.
En 2007, la inseguridad producida por los
conflictos internos y/o transfronterizos continuó
amenazando u obstruyendo los adelantos hechos en lo que
respecta a derechos humanos y democracia. Del mismo modo,
las mejoras en la situación de la seguridad crearon
condiciones más propicias para el progreso en estas
áreas.
Las medidas adoptadas por el gobierno de
Colombia para mejorar la situación de los derechos
humanos y la seguridad produjeron resultados demostrables.
El proceso de la Ley de Justicia y Paz ayudó a aclarar
más de 3.000 crímenes y condujo a la exhumación
de sepulturas en masa, facilitando la identificación
de más de mil restos mortales. Las investigaciones
del Tribunal Supremo y del procurador general de los vínculos
entre políticos y grupos paramilitares implicaron
a un número de dirigentes elegidos, de los que varios
se encontraban en la cárcel al final del año.
Una orden del Ministerio de Defensa dio como resultado la
transferencia de aproximadamente 600 casos de derechos humanos
del sistema de justicia militar a los tribunales civiles.
En Iraq, la constitución y la ley
proveen un marco para el libre ejercicio de los derechos
humanos, y muchos ciudadanos contribuyeron a los esfuerzos
de ayudar a crear instituciones, tanto civiles como de seguridad,
para proteger esos derechos. Sin embargo, la violencia sectaria,
étnica y extremista, junto con el desempeño
débil del gobierno en su capacidad de sostener el
imperio de la ley, resultaron en graves y extendidos abusos
de los derechos humanos y en la creación de números
grandes de refugiados y de personas desplazadas internamente.
El año comenzó con el período semestral
más mortífero de la guerra, seguido de una
reducción grande en el número de muertes civiles
durante la segunda mitad del año, al afianzarse una
nueva estrategia. Con la ayuda de nuevos refuerzos militares,
la violencia declinó al afianzarse un cese del fuego
ordenado por algunas milicias chiítas y al enfrentarse
grupos de vigilantes ciudadanos a los extremistas. En el
transcurso del año, las instituciones del gobierno
se vieron grandemente sobrecargadas y encararon dificultades
para responder con éxito a los desafíos presentados
por los extensos abusos de los derechos humanos y por los
ataques perpetrados por terroristas de Al Qaida y los grupos
extremistas en Iraq. Los grupos terroristas continuaron
atacando a civiles y a las fuerzas de seguridad.
A pesar del gran progreso registrado después
de la caída del Talibán en 2001, el historial
de los derechos humanos en Afganistán siguió
siendo pobre debido a una insurgencia mortífera,
a instituciones gubernamentales y tradicionales débiles,
a la corrupción y el tráfico de drogas y a
las dos décadas y media de conflicto en el país.
Aunque el gobierno aumentó su autoridad en los centros
provinciales, el Talibán o las facciones que operan
fuera de la autoridad gubernamental controlaron algunas
zonas. Durante el año murieron más de 6.500
personas como resultado de la insurgencia, incluso por ataques
suicidas, bombas callejeras y violencia relacionada con
combates, un aumento drástico comparado con el año
anterior. Continuaron los abusos perpetrados por las fuerzas
de seguridad nacionales, incluso las ejecuciones extrajudiciales,
los arrestos y detenciones arbitrarias, la impunidad oficial
y la tortura. Sin embargo, el gobierno actuó para
aumentar el profesionalismo de su ejército y su fuerza
policial. Una mayor supervisión de la policía
por observadores internos y externos ayudó a prevenir
los abusos, y el adiestramiento en cuestiones de derechos
humanos pasó a ser un elemento regular para el personal
policial y militar.
El progreso de la democracia y los derechos
humanos en Líbano continuó enfrentando oposición
en la forma de una campaña de violencia y asesinatos
y esfuerzos con respaldo extranjero para impedir el funcionamiento
del gobierno. Los grupos militantes continuaron sus esfuerzos
de aterrorizar a figuras públicas y políticas,
entre los que figuró una serie de ataques con carros
bombas y asesinatos perpetrados en el curso del año.
El conflicto de Nahr al-Barid de mayo a septiembre entre
las fuerzas armadas libanesas y el grupo terrorista Fatah
al-Islam resultó en la muerte de 168 soldados libaneses
y aproximadamente 42 civiles y en el desplazamiento interno
de unos 30.000 refugiados palestinos. La oposición
libanesa, respaldada por fuerzas externas, siguió
bloqueando la elección de un presidente al negarse
a permitir que se reúna el parlamento. Sin embargo,
el Gabinete libanés, liderado por el primer ministro
Fouad Siniora, siguió trabajando intensamente para
asegurar el funcionamiento del gobierno.
En la República Democrática
del Congo, se realizaron históricas y democráticas
elecciones presidenciales y legislativas en 2006, concluyendo
con ellas el proceso de transición iniciado en 2002
que puso fin a la destructiva guerra civil y al conflicto
regional. A pesar de este evento histórico, continuó
habiendo problemas significativos en materia de derechos
humanos. El historial de derechos humanos del gobierno siguió
siendo pobre en 2007. La libertad de prensa declinó
y la corrupción oficial siguió siendo endémica.
El conflicto armado continuó en ciertas regiones
orientales ricas en minerales, donde las fuerzas de seguridad
y los grupos armados actuaron con impunidad durante el año,
cometiendo numerosos y graves abusos, entre ellos el asesinato
de civiles, la violencia sexual extrema, reclutamiento y
empleo de niños soldados y el hostigamiento de observadores
de derechos humanos de la ONU. Sin embargo, el gobierno
congolés llegó en noviembre a un acuerdo con
el gobierno de Ruanda sobre una manera de lidiar con los
grupos armados en el Congo occidental, incluso con las Fuerzas
de Liberación Democrática de Ruanda.
Con la ayuda de la ONU y de la comunidad
internacional, se restauró el orden en Timor-Leste
tras la violencia de 2006, y el país realizó
con éxito dos rondas de elecciones democráticas:
las elecciones presidenciales de abril y mayo y las elecciones
parlamentarias de junio. El gobierno inició reformas,
incluso una reestructuración de la policía
nacional, pero continuó dependiendo fuertemente de
las fuerzas de seguridad externas que no estaban bajo su
control directo. Aunque el poder judicial registró
cierto progreso hacia la reforma, continuó dependiendo
fuertemente de personal y ayuda internacionales. A pesar
de los esfuerzos para tratar con las rivalidades regionales,
personales y políticas que constituían la
raíz de los desórdenes en el país,
la ininterrumpida presencia de renegados armados al final
del año continuó planteando una amenaza significativa
para el desarrollo democrático de Timor-Leste.
La firma en marzo del acuerdo político
de Ouagadougou, en la Costa de Marfil, mediado por el presidente
Compaore de Burkina Faso, fue recibida con grandes esperanzas.
El presidente Gbagbo de Costa de Marfil y Guillaume Soro,
anteriormente líder rebelde de las Fuerzas Nuevas,
procedieron rápidamente a formar un gobierno de transición,
pero algunos aspectos claves del proceso de paz –
entre ellos el desarme de las facciones armadas, la reunificación
del país, la determinación de la ciudadanía
de personas carentes de documentación y los preparativos
para celebrar elecciones para identificar a un nuevo presidente
– han procedido lenta y esporádicamente en
un ambiente de débil voluntad política.
En Uganda, las condiciones de seguridad
y de los derechos humanos han mejorado en forma significativa
después de que las fuerzas militares expulsaron en
2005 al rebelde Ejército de Resistencia del Señor
(LRA) de la región norteña del país
y de iniciarse en 2006 conversaciones de paz, mediadas por
el gobierno de Sudán Meridional. No se reportaron
ataques de parte del LRA en 2007. Aproximadamente 400.000
ugandeses retornaron en 2006 y 2007 a sus casas o a lugares
cercanos, con otros dispuestos a regresar si se mantenía
el alto el fuego. La mejor condición de seguridad
en el norte ha eliminado virtualmente la práctica
conocida como “traslado nocturno”, con la que
los niños se trasladaban todas las noches desde las
zonas de conflicto o los campos de personas desplazadas
hacia los centros urbanos para evitar ser secuestrados por
el LRA.
Los países donde el poder estaba
concentrado en las manos de gobernantes que no rinden cuentas
continuaron siendo los violadores más sistemáticos
de los derechos humanos en el mundo.
El régimen represivo norcoreano continuó
controlando casi todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos,
denegándoles la libertad de palabra, prensa, asamblea
y asociación, y restringiendo la libertad de movimiento
y los derechos de los trabajadores. Informes sobre ejecuciones
extrajudiciales, desapariciones y detenciones arbitrarias,
incluso de presos políticos, continuaron surgiendo
del aislado país. Se ha sabido de refugiados forzosamente
repatriados que sufrieron castigos graves y que posiblemente
fueron torturados. También se continuó recibiendo
informes sobre ejecuciones públicas.
El pésimo historial de los derechos
humanos en Birmania continuó empeorando. En el transcurso
del año, el régimen siguió llevando
a cabo ejecuciones extrajudiciales y fue responsable de
desapariciones, detenciones arbitrarias e indefinidas, violaciones
sexuales y torturas. En septiembre, las fuerzas de seguridad
asesinaron a por lo menos treinta manifestantes y arrestaron
a más de 3.000 personas durante una brutal aplicación
de medidas enérgicas contra manifestantes pacíficos,
entre ellos monjes y los que protestaban en favor de la
democracia. A pesar de las promesas de entablar un diálogo,
el régimen no cumplió su promesa de iniciar
una discusión genuina con la oposición democrática
y con los grupos de minorías étnicas. Desafiando
las solicitudes del Consejo de Seguridad de la ONU y de
la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático
para la liberación pronta de todos los presos políticos,
el régimen mantuvo el encarcelamiento de los líderes
de la oposición, entre ellos la laureada con el premio
Nóbel de la Paz, Aung San Suu Kyi, quien continuó
sometida a arresto domiciliario.
El régimen iraní violó
la libertad de expresión y de reunión, intensificando
sus medidas enérgicas contra disidentes, periodistas,
activistas en pro del derecho de la mujer, activistas laborales
y aquellos que no estaban de acuerdo con el régimen,
por medio de arrestos y detenciones arbitrarias, tortura,
secuestros, uso de fuerza excesiva y denegación generalizada
de juicios públicos justos. El régimen continuó
deteniendo y abusando de las minorías étnicas
y religiosas. Las autoridades emplearon el apedreo como
método de ejecución y como sentencia en casos
de supuesto adulterio a pesar de una moratoria gubernamental
de 2002 que prohibía esa práctica. El régimen
siguió apoyando a movimientos terroristas y extremistas
violentos en Siria, Iraq y Líbano y exhortó
a la destrucción de un estado miembro de la ONU.
El historial de los derechos humanos en
Siria empeoró este año, y el régimen
continuó cometiendo abusos graves, como el arresto
de un número creciente de activistas, organizadores
de la sociedad civil y otros críticos del régimen.
En diciembre, el régimen sentenció a prisión
a varios miembros reconocidos de la comunidad pro derechos
humanos, incluso un número de dirigentes del Consejo
Nacional por la Declaración de Damasco. El régimen
siguió sometiendo a juicio a algunos presos políticos
en los tribunales penales. Por ejemplo, en abril y en mayo,
respectivamente, las autoridades condenaron en los tribunales
penales a los activistas pro derechos humanos Anwar al-Bunni
y Michel Kilo, acusándolos de “debilitar el
sentimiento nacional durante el tiempo de la guerra”.
El régimen sirio continúa apoyando a grupos
terroristas internacionales y extremistas violentos, facilitando
sus actividades desestabilizadoras y sus abusos de los derechos
humanos en Líbano, los territorios palestinos y en
otras partes.
El año 2007 fue el peor hasta ahora
para los defensores de los derechos humanos en Zimbabwe.
A pesar de las recientes iniciativas de líderes regionales
para resolver la crisis en curso, el ataque gubernamental
a los derechos humanos y la democracia aumentó significativamente.
El régimen de Mugabe aceleró su campaña
para limitar la oposición política. La corrupción
y la impunidad oficiales mantuvieron su expansión.
Las fuerzas de seguridad hostigaron, golpearon y arrestaron
arbitrariamente a partidarios de la oposición y críticos
que actuaban con las ONG de derechos humanos, a los medios
informativos, y al movimiento obrero organizado, así
como a los ciudadanos comunes y corrientes. Informes recientes
de organizaciones independientes que operan en Zimbabwe
mencionan 8.000 casos de abusos de los derechos humanos
en 2007, incluyendo unas 1.400 agresiones de las que fueron
objeto los estudiantes, y por lo menos 1.600 casos de arrestos
y detenciones ilegales. Grupos de derechos humanos informaron
que la tortura física y psicológica perpetrada
por agentes de seguridad y partidarios del gobierno aumentó
durante el año. Las víctimas informaron sobre
palizas con látigos y cables, suspensiones y descargas
eléctricas.
Cuba siguió bajo el control totalitario
con el presidente interino Raúl Castro y el primer
secretario del Partido Comunista, Fidel Castro. El régimen
continuó denegando a los ciudadanos los derechos
y libertades democráticas fundamentales, incluso
el derecho de cambiar su gobierno, el derecho de ser sometido
a un juicio justo, la libertad de expresión, la libertad
de prensa, la libertad de reunión, la libertad de
movimiento y la libertad de asociación. Aunque la
cifra estimada de presos políticos disminuyó
a 240 de los 283 de que se informó en el año
anterior, las condiciones en las prisiones siguieron siendo
duras y amenazantes para la vida, y las autoridades golpearon,
hostigaron y formularon amenazas de muerte contra disidentes,
tanto dentro como fuera de las prisiones. De los 75 activistas,
periodistas, organizadores de sindicatos y figuras de la
oposición, todos ellos pacíficos, arrestados
y declarados culpables en el 2003, 59 seguían en
prisión. Los ataques de turbas dirigidas por el gobierno
contra disidentes destacados disminuyeron en número
e intensidad en comparación con años anteriores,
pero la tasa de arrestos y detenciones por períodos
breves de ciudadanos comunes y corrientes, por expresar
disidencia con el régimen, parecieron aumentar.
En Bielorrusia el gobierno autoritario de
Lukashenko restringió las libertades de prensa, expresión,
reunión, asociación y religión. Numerosos
activistas y partidarios de la democracia fueron arrestados
y declarados culpables de acusaciones políticamente
motivadas. Uno de los oponentes de Lukashenko en las elecciones
presidenciales del 2006, Alexander Kozulin, sigue siendo
un preso político. En enero Lukashenko consolidó
aún más su dominio a través de elecciones
locales que no llegaron a satisfacer las normas internacionales.
Por segundo año, la Asamblea General de las Naciones
Unidas aprobó una resolución que condena la
situación de los derechos humanos en Bielorrusia
y solicita de la liberación inmediata e incondicional
de todos los presos políticos y otras personas detenidas
por ejercer o promover los derechos humanos.
El presidente autoritario Karimov y la rama
ejecutiva del gobierno dominaron la vida política
en Uzbekistán y ejercieron un control casi completo
sobre las otras ramas. Las fuerzas de seguridad rutinariamente
torturaron, golpearon y de otras maneras maltrataron a detenidos
durante interrogatorios, con el fin de obtener confesiones
o información que les pudiera incriminar, y se produjeron
varias muertes de presos en custodia de los que se alegaba
que eran miembros de organizaciones consideradas amenazantes
por el régimen. En noviembre, la Comisión
de las Naciones Unidas contra la Tortura concluyó
que la tortura y los abusos eran sistemáticos durante
todo proceso de investigación. El gobierno trató
de controlar completamente todos las ONG y la actividad
religiosa.
El historial de derechos humanos del gobierno
de Eritrea siguió siendo deficiente. Hubo restricciones
graves de las libertades de expresión, prensa, reunión,
asociación y religión, particularmente de
los grupos religiosos no aprobados por el gobierno. Las
autoridades siguieron cometiendo numerosas violaciones graves,
incluso el recorte de los derechos de los ciudadanos de
cambiar su gobierno mediante un proceso democrático;
las ejecuciones ilegales cometidas por las fuerzas de seguridad;
la tortura y palizas a presos, algunas de las cuales resultaron
en muertes; el arresto y tortura de los evasores del servicio
nacional, algunos de los cuales, según se informa,
murieron por causas desconocidas mientras se encontraban
detenidos; condiciones carcelarias severas y que constituyen
una amenaza para la vida; arrestos de familiares de evasores
del servicio nacional; interferencia del ejecutivo en el
poder judicial; y el uso de un sistema especial de tribunales
para limitar el debido proceso legal.
El historial de derechos humanos de Sudán
siguió siendo horripilante, con continuos informes
de ejecuciones extrajudiciales, torturas, palizas y violaciones
sexuales por parte de las fuerzas de seguridad gubernamentales
y su milicia sustituta en Darfur. A pesar de la firma del
Acuerdo de Paz para Darfur en 2006, la violencia aumentó
en 2007 y la región se hundió aún más
en el caos a medida que el gobierno continuaba con el bombardeo
aéreo de aldeas, los grupos rebeldes se dividían
y aumentaban sus ataques y se intensificaba la guerra entre
tribus. Se cree que desde 2003 por lo menos 200.000 personas
murieron debido a la violencia, el hambre y las enfermedades.
El gobierno de Estados Unidos calificó el conflicto
de genocidio y civiles inocentes siguieron sufriendo sus
efectos durante el año. Al terminar el año
el prolongado conflicto había convertido en desplazados
internos a más de dos millones de personas, además
de otras 231.000 que cruzaron la frontera con Chad, donde
buscaron refugio. El gobierno obstruyó los esfuerzos
internacionales para desplegar una fuerza mixta de mantenimiento
de la paz de la Unión Africana (UA) y las Naciones
Unidas (UN), y las fuerzas de seguridad del gobierno obstruyeron
la ayuda humanitaria destinada a salvar vidas. Cada vez
con más frecuencia los trabajadores de los servicios
humanitarios fueron blancos de la violencia. De acuerdo
con las Naciones Unidas 13 trabajadores de derechos humanos
fueron muertos, 59 fueron atacados, 61 fueron arrestados
y detenidos y 147 fueron secuestrados durante el año.
Algunos países autoritarios que han
emprendido reformas económicas han experimentado
un rápido cambio social, pero no han efectuado reformas
políticas democráticas y siguen denegándoles
a sus ciudadanos derechos humanos básicos y libertades
fundamentales.
Por ejemplo, el historial de China en materia
de derechos humanos en general siguió siendo deficiente
en 2007. Se acentuaron los controles de la libertad religiosa
en zonas del Tibet y en la región autónoma
Uigur de Xinyiang y en Pekín empeoró el tratamiento
dado a los que presentan peticiones. El gobierno siguió
vigilando, hostigando, deteniendo, arrestando y apresando
a activistas, escritores, periodistas, abogados defensores
y a sus familias, muchos de los cuales trataban de ejercer
sus derechos conforme a la ley. Aunque el gobierno emprendió
algunas reformas importantes, tales como la restitución,
por parte del Supremo Tribunal Popular, de la revisión
de las sentencias de pena de muerte en los casos sometidos
para ejecución inmediata, los esfuerzos para reformar
o abolir el sistema de reeducación mediante el trabajo
siguieron estancados. Ciertos nuevos reglamentos temporales
mejoraron para los periodistas extranjeros las condiciones
generales de la tarea informativa, pero la aplicación
de estos reglamentos no fue constante, lo que entorpeció
la labor de algunos periodistas extranjeros. En el año
2007 se observó un incremento de los esfuerzos para
controlar y censurar Internet, y el gobierno acentuó
las restricciones a la libertad de expresión y la
prensa nacional. El gobierno continuó vigilando,
hostigando, deteniendo, arrestando y poniendo en prisión
a periodistas, escritores de Internet y bloggers o comentaristas
de bitácora. Las ONG informaron que 29 periodistas
y 51 disidentes cibernéticos y usuarios de Internet
continuaban presos a fines de año. Hubo un aumento
del 20 por ciento, en relación con el año
2006, en las sentencias de culpabilidad de ciudadanos conforme
a la excesivamente amplia ley de seguridad del estado, que
a menudo se usa para silenciar a los críticos del
gobierno. En diciembre el bien conocido activista de derechos
humanos Hu Jia fue arrestado en su casa bajo la sospecha
de “incitar a la subversión contra el poder
del estado”. Se informó que, al mismo tiempo,
su mujer y su hija, que es una bebé, fueron emplazadas
en arresto domiciliario. Las ONG, tanto locales como internacionales,
tuvieron que enfrentarse a intensos escrutinios y restricciones.
Para que en cualquier democracia el progreso
se efectúe y se sostenga, deben estar presentes tres
elementos esenciales que se refuerzan mutuamente.
Uno: procesos electorales libres y justos.
Las elecciones democráticas son hitos en un viaje
hacia la democratización. Pueden ayudar a poner a
un país en el camino de la reforma, echar los cimientos
de la institucionalización de la protección
de los derechos humanos y el buen gobierno y abrir el espacio
político para la sociedad civil. Pero las elecciones
libres e imparciales implican más que una emisión
y recuento honestos de papeletas el día de la votación.
El camino hasta la votación debe permitir una competencia
real de las fuerzas pacíficas que se oponen al gobierno
en el poder y el pleno respeto de los derechos fundamentales
de expresión, reunión pacífica y asociación.
Esto significa que a los partidos políticos se les
debe permitir organizarse y presentar, a través de
una prensa libre, mítines y discursos, la perspectiva
que ofrecen.
Dos: Instituciones de gobierno responsables,
representativas y parte del estado de derecho. Más
allá de un proceso de elecciones libres y justas,
las democracias deben tener instituciones de gobierno representativas,
a las que se pueda pedir cuentas de su gestión, transparentes,
que incluyan partidos políticos basados en ideas,
no sólo en personalidades o en identificaciones tribales
o étnicas, así como legislaturas y poderes
judiciales independientes que puedan actuar para asegurar
que los líderes que ganan elecciones democráticamente
gobiernen democráticamente una vez que asuman el
cargo. La aplicación del estado de derecho elaborado
por representantes democráticamente elegidos debe
reemplazar las culturas de corrupción. La democracia
puede verse frágil en países donde las instituciones
del gobierno son débiles o están exentas de
controles, la corrupción predomina y no ha tenido
lugar una reconciliación entre elementos étnicos
o tribales o entre los que por largo tiempo han carecido
de derechos y las élites acomodadas. Los países
pobres que adoptan políticas de buen gobierno que
promueven el crecimiento e invierten en su pueblo tienen
mayores probabilidades de usar con prudencia la ayuda que
reciben para su desarrollo y alcanzar sus metas de desarrollo,
ganándose así la confianza y apoyo de sus
ciudadanos. Un país con un gobierno responsable,
representativo, que ofrece igual protección bajo
la ley, es uno en el que los extremistas violentos tienen
menos probabilidades de prosperar.
Y tres: sociedades civiles vibrantes, independientes,
que incluyan a partidos políticos sin obstáculos,
ONG y medios informativos libres. Una sociedad civil abierta
y adaptable ayuda a mantener la honradez de las elecciones
y los elegidos, a mantener encarrilada la construcción
de la democracia y a mantener la contribución de
los ciudadanos al éxito de sus países.
En Venezuela los esfuerzos de un líder
que fue elegido democráticamente pero intenta socavar
las instituciones democráticas e intimidar a la sociedad
civil tropezaron con una resistencia vigorosa. El presidente
Chávez emprendió en 2007 esfuerzos para consolidar
el poder en la rama ejecutiva y debilitar las instituciones
democráticas, los medios informativos independientes
y la sociedad civil. Invocó una ley que permite la
suspensión de las transmisiones de telecomunicación,
y en mayo el gobierno rehusó renovar la licencia
de difusión de Radio Caracas Televisión, lo
que, en efecto, forzó a dejar de emitir al aire a
una de las pocas redes que contaban con una audiencia nacional
y seguían siendo independientes. El presidente Chávez
propuso también cambios en la constitución
que habrían extendido la duración y eliminado
los límites al número de períodos presidenciales,
habrían marginado a otros funcionarios elegidos,
le habrían dado al presidente un mayor control sobre
la economía y limitado el financiamiento extranjero
de las ONG nacionales. Decenas de miles de ciudadanos se
reunieron en manifestaciones públicas, en ocasiones
violentas, tanto a favor como en contra de las revisiones
propuestas. Los seguidores del gobierno hostigaron y trataron
de intimidar a la oposición, especialmente a los
estudiantes, disparando contra grupos en los mítines
e hiriendo a un número no precisado de personas.
Finalmente, en un referéndum celebrado en diciembre,
los cambios propuestos fueron rechazados por un margen estrecho,
resultado que el presidente Chávez aceptó.
Luego de las severamente viciadas elecciones
de abril, hubo señales positivas de que la frágil
democracia de Nigeria no había sido derrotada por
el extendido fraude y los incidentes de violencia que distinguieron
los comicios presidenciales legislativos y a nivel de estados
celebrados en abril. En los tribunales establecidos para
atender más de 1.200 peticiones que ponían
en tela de juicio los resultados electorales en todos los
niveles, el poder judicial reafirmó su independencia,
lo que condujo a la anulación de cierto número
de resultados de gobernadores y senadores. En respuesta
a una fuerte presión, el gobierno creó un
comité para recomendar reformas a la Comisión
Nacional Electoral Independiente, cuyos demorados preparativos
socavaron significativamente la credibilidad de las elecciones.
La Comisión de Delitos Económicos y Financieros
continuó su labor de investigación de supuesta
corrupción a todos los niveles de gobierno, pero
la reasignación de su presidente, dispuesta a fin
de año, se percibió ampliamente como un golpe
a los esfuerzos contra la corrupción.
En agosto el gobierno interino de Tailandia
celebró un referéndum sobre una nueva constitución
– un hito importante en el regreso de Tailandia a
la democracia tras el golpe de 2006. En diciembre se efectuaron
elecciones parlamentarias, que se consideraron generalmente
libres e imparciales, a pesar de las alegaciones de compra
de votos, intimidación e irregularidades menores.
Los resultados extraoficiales de la elección demostraron
que el Partido del Poder Popular (PPP), había ganado
una mayoría de escaños. El liderazgo del PPP
estaba estrechamente afiliado al ex primer ministro Thaksin
Shinawatra. A fines de año, el mayor reto que encaraba
el país seguía siendo consolidar su regreso
al gobierno elegido y tratar las causas subyacentes del
golpe mediante el fortalecimiento del control civil de los
militares; el apuntalamiento de las instituciones democráticas;
la demostración de respeto a la libertad de expresión
y de prensa; el logro de progresos en la investigación
de las violaciones de los derechos humanos, incluyendo las
muertes extrajudiciales y desapariciones durante las campañas
contra la insurgencia y los narcóticos; y la lucha
contra la corrupción oficial.
La violenta secuela de las arduamente disputadas
elecciones presidenciales, parlamentarias y de gobiernos
locales llevadas a cabo en Kenia en diciembre, sacaron a
relucir debilidades fundamentales en las instituciones democráticas
de Kenia, tales como la concentración de poderes
en la presidencia y la necesidad reconocida de una reforma
constitucional. Los observadores electorales concluyeron
que, si bien la votación y el proceso de conteo de
votos cumplieron en general con las normas democráticas,
hubo serias irregularidades en la computación de
los resultados. Turbas y policías asesinaron a una
cantidad desconocida de personas de varios orígenes
étnicos, y decenas de miles quedaron desplazados
en diciembre durante la violencia que siguió a las
elecciones.
Para la sociedad civil y los medios independientes,
las libertades de expresión, asociación y
reunión pacífica equivalen al oxígeno.
Sin estas libertades fundamentales, la democracia se ve
privada de su aliento vital. Lamentablemente, en 2007 gobiernos
de todas las regiones abusaron de su poder e hicieron uso
indebido de la ley en contra de las ONG, periodistas y otros
activistas de la sociedad civil. Además de las restricciones
y/o la represión de la sociedad civil y los medios
informativos previamente mencionadas en esta introducción,
citamos también, a modo de ilustración, lo
siguiente:
En Egipto, activistas políticos de
oposición, periodistas y ONG continuaron abogando
a favor de reformas y criticaron al gobierno, a pesar de
los intentos gubernamentales de frustrarlos. El gobierno
siguió manteniendo como preso político al
ex candidato a la presidencia Ayman Nour, acusando a periodistas
de difamación, deteniendo a bloggers de Internet
y restringiendo significativamente la libertad de asociación.
En septiembre, siete editores de periódicos independientes
fueron declarados culpables de acusaciones que iban desde
citar erróneamente al ministro de Justicia hasta
difamar al presidente y a altos funcionarios del oficialista
Partido Demócrata Nacional. Durante el año,
la policía detuvo a varios bloggers activos en Internet,
durante períodos de varios días. En septiembre
el gobierno ordenó la clausura de una ONG, la Asociación
de Ayuda Legal para los Derechos Humanos, por aceptar fondos
de donantes extranjeros sin la aprobación del gobierno;
la organización había desempeñado un
papel en la revelación de varios casos de tortura
cometidos por personal de seguridad.
Durante el año, el alcance de la
libertad de los medios informativos en Azerbaiyán
se deterioró significativamente. Los observadores
consideraron que las declaraciones de culpabilidad y el
encarcelamiento de ocho periodistas ese año, y de
un periodista que estaba en prisión desde el año
2006, tuvieron motivos políticos. (Siete de estos
periodistas fueron luego puestos en libertad en 2007. Los
otros dos siguen en prisión). Otro periodista cuyo
arresto se consideró políticamente motivado
seguía en detención previa al juicio. Dos
periódicos que el gobierno suspendió en mayo
seguían cerrados a fines de año. Aumentó
la cantidad de demandas por difamación que amenazan
la viabilidad financiera de los medios impresos. Los periodistas
han seguido sujetos a hostigamiento, amenazas y actos de
violencia física que parecían estar conectados
con sus críticas al gobierno o a funcionarios públicos
específicos.
En Ruanda la libertad de prensa declinó
cuando el gobierno puso en vigor leyes excesivamente amplias
y vagamente definidas. Hubo crecientes ocasiones en las
que el gobierno hostigó, declaró culpables,
multó e intimidó a periodistas independientes
que expresaron puntos de vista que se consideraron críticos
del gobierno sobre asuntos delicados, o que se creyó
que habían violado la ley o las normas periodísticas
vigiladas por un consejo regulador semi independiente. Numerosos
periodistas se autocensuraron.
En Vietnam la actividad de las ONG se mantuvo
limitada debido a que el gobierno vigila estrechamente las
organizaciones. La sociedad civil quedó constreñida
por la continua represión gubernamental de los disidentes,
lo cual resultó en el arresto de varios activistas
de derechos humanos y democracia y en la interrupción
de organizaciones de oposición nacientes, lo que
hizo que varios disidentes huyeran del país. El gobierno
y las organizaciones de masas controladas por el Partido
Comunista monopolizaron todos los medios impresos, de radiodifusión
y electrónicos y bloquearon una variedad de sitios
en la Web que se ocupan de noticias internacionales y derechos
humanos. Sin embargo, algunas organizaciones mediáticas
empujaron cada vez más lejos los límites de
la censura.
En Túnez, a lo largo del año
el gobierno siguió intimidando, hostigando, arrestando,
encarcelando y atacando físicamente a periodistas,
líderes sindicales y aquellos que trabajan con ONG.
El gobierno también siguió imponiendo restricciones
al financiamiento con fondos extranjeros de organizaciones
no aprobadas por el gobierno. El escritor y abogado Mohammed
Abbou, hecho prisionero en 2005 por colocar en Internet
artículos que criticaban al presidente Ben Ali, fue
puesto en libertad, pero no se le permite viajar fuera del
país.
En Kazajstán los canales de difusión
de los medios de tendencia a la oposición siguieron
enfrentándose al hostigamiento gubernamental, incluyendo
investigaciones específicas en materia tributaria
y reguladora, a presión indebida sobre las compañías
de prensa y al alegado bloqueo de sitios Web. En noviembre
el gobierno se comprometió públicamente a
reformar su ley electoral con ayuda de la OSCE, a liberalizar
los requisitos de inscripción de partidos políticos
y a enmendar la ley de medios informativos, teniendo en
cuenta las recomendaciones de la OSCE para reducir la responsabilidad
penal de la difamación a través de los medios
y liberalizar los procedimientos de inscripción de
los medios.
Si bien los desafíos siguen siendo
formidables, 2007 fue testigo de esfuerzos internacionales
concertados a niveles mundial y regionales, en apoyo de
los derechos humanos y la democracia:
Resoluciones que se refieren específicamente
a determinados países, aprobadas por la Asamblea
General de las Naciones Unidas, condenaron la situación
de los derechos humanos en Corea del Norte, Belarús,
Irán y Birmania, y las obligaciones de los gobiernos
de proteger y fomentar los derechos humanos y las libertades
democráticas sigue siendo uno de los temas centrales
dentro de la Tercera Comisión de la Asamblea.
La brutal represión por parte del
régimen birmano de las manifestaciones pacíficas
de monjes y partidarios de la democracia provocó
una sesión especial del Consejo de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas, en otros casos con fallos y contraproducente;
así como la aprobación en octubre de una Declaración
Presidencial que solicita la pronta liberación de
todos los presos políticos, la “creación
de las condiciones necesarias de un diálogo auténtico
con Daw Aung San Suu Kyi y todas las partes y grupos étnicos
a los que concierne”, y de “todas las medidas
necesarias para atender las cuestiones políticas,
económicas, humanitarias y de derechos humanos que
le interesan a su pueblo”.
El desafío de proteger y adelantar
los derechos humanos y los principios democráticos
en todo el mundo requiere enfoques innovadores.
El Fondo de las Naciones Unidas para la
Democracia, propuesto por el presidente Bush en su discurso
ante la Asamblea General en 2004, sigue creciendo a pasos
agigantados. Para fines de 2007, el fondo tenía un
total de 36 millones de dólares e incluía
proyectos que iban siendo identificados para una segunda
vuelta de otorgamiento de donaciones. La cantidad de propuestas
presentadas aumentó de 1.300 en 2006 a 1.800 en 2007.
Una de las prioridades fue financiar proyectos en apoyo
de los esfuerzos de las ONG en las democracias emergentes,
tales como el Centro Internacional para la Transición
Democrática, en Hungría, y para apoyar la
participación civil en la Iniciativa del Gran Medio
Oriente y el Norte de África.
La cuarta reunión ministerial de
la Comunidad mundial de Democracias tuvo lugar en Bamako,
Mali, en noviembre, y exploró la relación
recíproca entre la democracia y el desarrollo. Los
ministros decidieron crear un Secretariado Permanente y
publicaron la Declaración de Bamako que destaca la
función esencial de la sociedad civil en la promoción
de la democracia.
Las organizaciones a nivel regional también
avanzaron a grandes pasos en la promoción de los
derechos humanos y el fortalecimiento de sus capacidades
institucionales para llevar a la práctica sus compromisos
de derechos humanos de un modo más efectivo.
La Organización de los Estados Americanos
(OEA) puso en acción una red de 100 ejercientes de
la democracia con experiencia en los temas de reforma legal,
judicial, y electoral y participación ciudadana.
Esta red ayudará a los gobiernos elegidos de la región
a responder a los desafíos del gobierno democrático.
La Unión Africana (UA) continuó
desarrollando organismos y mecanismos para llevar adelante
su programa de derechos humanos y democracia, incluida la
aprobación en enero de la Carta Africana sobre Democracia,
Elecciones y Gobernabilidad. La carta incluye los compromisos
de los gobiernos africanos en materia de pluralismo político,
elecciones libres e imparciales, así como el estado
de derecho y el buen gobierno.
Inspiradas por la Comunidad de Democracias,
la OEA y la UA se reunieron en Washington en julio para
crear el Puente a la Democracia OEA-UA. A través
del Puente compartirán las prácticas óptimas
y lecciones aprendidas con miras a aplicar sus respectivas
cartas democráticas y fortalecer las instituciones
democráticas en ambas regiones.
En su reunión de noviembre en Singapur,
los líderes de la Asociación de Naciones del
Sudeste Asiático (ASEAN) aprobaron una nueva carta
que propone la creación de un organismo de derechos
humanos y autoriza a los ministros de Relaciones Exteriores
de la ASEAN a determinar los términos de referencia
del organismo.
En el Gran Medio Oriente y el Norte de África,
los grupos no gubernamentales continuaron con sus actividades
relacionadas con el Foro del Futuro, que culminó
con el Foro Paralelo de la Sociedad Civil en Sanaa, Yémen,
en diciembre. El encuentro reunió a más de
300 líderes de la sociedad civil de toda la región.
Los participantes emitieron un informe que identifica los
puntos de referencia de la reforma y establece planes de
acción para el 2008 con fines de tratar los temas
críticos de la libertad de expresión y la
concesión de facultades políticas a la mujer.
La OSCE, pionera regional en el establecimiento
de normas y la creación de instituciones en el campo
de los derechos humanos y la democracia, resistió
los esfuerzos constantes de algunos de los estados participantes
con el propósito de disminuir la integridad de la
observación electoral tal como la lleva a cabo su
Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos
Humanos. Al decidir no aceptar la invitación del
gobierno ruso, fuertemente condicionada, de observar las
elecciones parlamentarias en diciembre, la OSCE defendió
el principio de la observación electoral sin obstáculos
y con credibilidad por parte de cuerpos independientes.
Los esfuerzos de Estados Unidos para promover
los derechos humanos y las libertades democráticas
en todo el mundo reflejan los valores centrales del pueblo
estadounidense. Adelantan también nuestros intereses
principales. Como ha dicho el presidente Bush: “La
libertad es el derecho no negociable de todo hombre, mujer
y niño, y el camino hacia la paz perdurable en nuestro
mundo es la libertad”.
Unimos nuestros valores con nuestros intereses
cuando trabajamos en asociación con las democracias
hermanas y los defensores de los derechos humanos para construir
sistemas democráticos y exponer abusos, para promover
la tolerancia y proteger los derechos de las minorías
étnicas y religiosas y los derechos de los trabajadores,
para promover la igualdad de derechos para la mujer y para
detener la trata de seres humanos. Nuestros valores y nuestros
intereses nunca están mejor sincronizados que cuando
apoyamos el desarrollo de sociedades civiles vibrantes,
independientes, cuando trabajamos para asegurar que haya
elecciones libres e imparciales y para fortalecer las democracias
basadas en el derecho. Cuando quiera que los defensores
de los derechos humanos son blanco de la represión,
nuestros valores, que por largo tiempo hemos contemplado,
y nuestros intereses a largo plazo están mejor servidos
cuando demostramos, con palabras y con hechos, nuestra permanente
solidaridad con ellos.
(termina el texto)