Para adentrarse en el mundo de la política
en Estados Unidos y postularse a un cargo se necesitan agallas
y duro empeño. El Servicio Noticioso desde Washington
recoge el caso de tres mujeres muy distintas que aceptaron
los riesgos y ganaron. Este es el tercer y último
artículo en una serie sobre mujeres que desempeñan
su primer mandato en la Asamblea General del estado de Maryland.
Véase también: “Legisladora
de Maryland insta a mujeres a participar en el proceso” y “Arduo trabajo y amigos
solidarios permitieron a la mujer entrar en política”.
Barbara A. Robinson |
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Washington -- Barbara Robinson tuvo
una cuota grande de mala suerte en su vida: un padrastro abusivo,
madre alcohólica, pobreza extrema, agresión
sexual y violación, desamparo y una malvada discriminación
racial.
En su juventud, la gente le decía
que nunca llegaría a ser nada en la vida. Pero Robinson
superó todos los contratiempos y ha tenido éxito
en los campos del gobierno, los negocios, y en fechas recientes,
la política.
“Tenía mucho que demostrar,
que era igual de buena que el resto. El éxito es
la mejor venganza que uno puede desearle a cualquiera”,
dijo Robinson.
Sin embargo, alcanzar el éxito no
fue nada fácil. A pesar de una difícil niñez
en la Georgia segregada, terminó los estudios secundarios
con distinción. Una beca le permitió alejarse
de su hogar problemático y asistir a la universidad
en Baltimore. Pero después del primer semestre abandonó
los estudios porque estaba embarazada del primero de los
cinco hijos que tendría con el hombre que sería
su esposo durante 46 años. Sin embargo, estaba decidida
a terminar sus estudios.
Le tardó 18 años obtener la
licenciatura. Para ello, trabajó para conseguir dinero
suficiente para pagar la matrícula, asistir a clases
hasta que se agotara el dinero y regresar al trabajo para
ganar más dinero. Su esposo, que nunca terminó
la escuela secundaria, se sintió amenazado por las
ambiciones de su esposa.
“Una vez tiró a patadas la
puerta del dormitorio para destrozar mis libros de texto”,
recordó Robinson. Finalmente ella le dijo: “Me
graduaré contigo, o sin ti. Lo que hagas para que
abandone la universidad no te dará resultado”.
El marido se calmó, y con el tiempo llegó
a enorgullecerse con los logros de su esposa.
Pero vivir en una vivienda pública
para personas de bajos ingresos no le proporcionaba un entorno
social adecuado. La “gente de la calle”, que
eran sus amistades inmediatas, se burlaba de sus esfuerzos
para mejorarse. Y se dio cuenta que tenía poco en
común con sus colegas estudiantes, que procedían
de mejores circunstancias.
“Estaba sola. Me tuve que crear un
espacio para mi misma. Y lo hice”, relató Robinson.
Robinsón siguió adelante hasta
obtener su maestría en administración de justicia
penal. Fue la primera mujer, y la primera afroamericana,
en el sistema judicial de Maryland en desempeñar
los cargos de jefe de administración de la División
de Tráfico, vice administradora del Tribunal de Distrito
y vice administradora del Tribunal Supremo, que más
tarde se denominaría Tribunal de Circuito.
En 1985 montó su propia empresa denominada
Strategies, Tactics, and Results Associates Incorporated
(STAR). Actualmente, la compañía goza de amplio
reconocimiento por su trabajo en el desarrollo de recursos
humanos, la capacitación y el trabajo con la industria
del transporte. Cinco años después, Robinson
fundó SelfPride Incorporated, una organización
sin fines de lucro que ofrece centros residenciales, atendidos
las 24 horas del día, para personas con discapacidad
en el desarrollo, y que ofrece oportunidades de empleo para
gente que recibe asistencial social.
A pesar de sus logros, Robinson seguía
insatisfecha ante lo que consideraba el racismo sistemático
que perjudicaba a los empresarios minoritarios. Por ese
motivo, decidió cambiar las cosas “desde adentro”,
y se presentó como candidata por un escaño
en la Cámara de Delegados de la Asamblea General
de Maryland. Con 47 senadores y 141 delegados de 47 distritos,
la Asamblea General de Maryland se reúne todos los
años durante 90 días para considerar más
de 2.300 proyectos de ley, incluyendo el presupuesto anual
del estado.
Robinson compitió contra otras 19
personas que pretendían uno de los tres escaños
en representación de su distrito de Baltimore. “Eran
más jóvenes que yo y tenían mucha más
experiencia en política”, dijo al referirse
a los demás candidatos. Recordó que en una
de sus primeras comparecencias públicas con los otros
contrincantes, “me puse nerviosa y me temblaba la
voz”. Pero luego se dijo a sí misma: “la
vieja combatiente Bárbara Robinson está de
vuelta. Voy a ganar”.
A una edad en que la mayoría de las
mujeres se dedican a jugar con sus nietos, Robinson alistó
la ayuda de sus cinco nietos y respectivos padres para que
trabajaran en su campaña. “Le pedí a
mis amigos que me ayudaran. Conseguí a 30 voluntarios
que trabajaron como si fueran 300”, relató.
Financió su campaña con dinero propio. Llamó
a puertas en vecindarios peligrosos que otros candidatos
rehusaban visitar.
Y así fue como ganó.
“Nadie me avaló. No le debo
nada a ningún grupo de presión. Represento
a los votantes, y esa es una sensación maravillosa,
maravillosa”, indicó.
Al completar el primero de los cuatro años
de su mandato Robinson comentó: “mis metas
principales son lograr que las pequeñas empresas
tengan su parte justa del mercado, ver que las empresas
de mujeres tengan su parte justa en el mercado, ver que
esas minorías que tienen empresas no solamente tengan
su parte justa del mercado, sino que tengan las mismas ventajas
para ampliar sus horizontes que gozan aquellas que no son
minorías”.
Miembro de lo que ella describe como el
“grupo de sabios de más de 60 años”,
Robinson admitió con orgullo: “Tengo 69 años,
pero todavía no estoy terminada”.
Jane Morse
Redactora del Servicio Noticioso desde Washington
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