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“El éxito es el premio al esfuerzo”, afirma legisladora de Maryland

Barbara Robinson tuvo que superar muchos escollos en la vida y la política

Publicado: 8 de octubre de 2007

Para adentrarse en el mundo de la política en Estados Unidos y postularse a un cargo se necesitan agallas y duro empeño. El Servicio Noticioso desde Washington recoge el caso de tres mujeres muy distintas que aceptaron los riesgos y ganaron. Este es el tercer y último artículo en una serie sobre mujeres que desempeñan su primer mandato en la Asamblea General del estado de Maryland.

Véase también: “Legisladora de Maryland insta a mujeres a participar en el proceso” y “Arduo trabajo y amigos solidarios permitieron a la mujer entrar en política”.

Barbara A. Robinson
Washington -- Barbara Robinson tuvo una cuota grande de mala suerte en su vida: un padrastro abusivo, madre alcohólica, pobreza extrema, agresión sexual y violación, desamparo y una malvada discriminación racial.

En su juventud, la gente le decía que nunca llegaría a ser nada en la vida. Pero Robinson superó todos los contratiempos y ha tenido éxito en los campos del gobierno, los negocios, y en fechas recientes, la política.

“Tenía mucho que demostrar, que era igual de buena que el resto. El éxito es la mejor venganza que uno puede desearle a cualquiera”, dijo Robinson.

Sin embargo, alcanzar el éxito no fue nada fácil. A pesar de una difícil niñez en la Georgia segregada, terminó los estudios secundarios con distinción. Una beca le permitió alejarse de su hogar problemático y asistir a la universidad en Baltimore. Pero después del primer semestre abandonó los estudios porque estaba embarazada del primero de los cinco hijos que tendría con el hombre que sería su esposo durante 46 años. Sin embargo, estaba decidida a terminar sus estudios.

Le tardó 18 años obtener la licenciatura. Para ello, trabajó para conseguir dinero suficiente para pagar la matrícula, asistir a clases hasta que se agotara el dinero y regresar al trabajo para ganar más dinero. Su esposo, que nunca terminó la escuela secundaria, se sintió amenazado por las ambiciones de su esposa.

“Una vez tiró a patadas la puerta del dormitorio para destrozar mis libros de texto”, recordó Robinson. Finalmente ella le dijo: “Me graduaré contigo, o sin ti. Lo que hagas para que abandone la universidad no te dará resultado”. El marido se calmó, y con el tiempo llegó a enorgullecerse con los logros de su esposa.

Pero vivir en una vivienda pública para personas de bajos ingresos no le proporcionaba un entorno social adecuado. La “gente de la calle”, que eran sus amistades inmediatas, se burlaba de sus esfuerzos para mejorarse. Y se dio cuenta que tenía poco en común con sus colegas estudiantes, que procedían de mejores circunstancias.

“Estaba sola. Me tuve que crear un espacio para mi misma. Y lo hice”, relató Robinson.

Robinsón siguió adelante hasta obtener su maestría en administración de justicia penal. Fue la primera mujer, y la primera afroamericana, en el sistema judicial de Maryland en desempeñar los cargos de jefe de administración de la División de Tráfico, vice administradora del Tribunal de Distrito y vice administradora del Tribunal Supremo, que más tarde se denominaría Tribunal de Circuito.

En 1985 montó su propia empresa denominada Strategies, Tactics, and Results Associates Incorporated (STAR). Actualmente, la compañía goza de amplio reconocimiento por su trabajo en el desarrollo de recursos humanos, la capacitación y el trabajo con la industria del transporte. Cinco años después, Robinson fundó SelfPride Incorporated, una organización sin fines de lucro que ofrece centros residenciales, atendidos las 24 horas del día, para personas con discapacidad en el desarrollo, y que ofrece oportunidades de empleo para gente que recibe asistencial social.

A pesar de sus logros, Robinson seguía insatisfecha ante lo que consideraba el racismo sistemático que perjudicaba a los empresarios minoritarios. Por ese motivo, decidió cambiar las cosas “desde adentro”, y se presentó como candidata por un escaño en la Cámara de Delegados de la Asamblea General de Maryland. Con 47 senadores y 141 delegados de 47 distritos, la Asamblea General de Maryland se reúne todos los años durante 90 días para considerar más de 2.300 proyectos de ley, incluyendo el presupuesto anual del estado.

Robinson compitió contra otras 19 personas que pretendían uno de los tres escaños en representación de su distrito de Baltimore. “Eran más jóvenes que yo y tenían mucha más experiencia en política”, dijo al referirse a los demás candidatos. Recordó que en una de sus primeras comparecencias públicas con los otros contrincantes, “me puse nerviosa y me temblaba la voz”. Pero luego se dijo a sí misma: “la vieja combatiente Bárbara Robinson está de vuelta. Voy a ganar”.

A una edad en que la mayoría de las mujeres se dedican a jugar con sus nietos, Robinson alistó la ayuda de sus cinco nietos y respectivos padres para que trabajaran en su campaña. “Le pedí a mis amigos que me ayudaran. Conseguí a 30 voluntarios que trabajaron como si fueran 300”, relató. Financió su campaña con dinero propio. Llamó a puertas en vecindarios peligrosos que otros candidatos rehusaban visitar.

Y así fue como ganó.

“Nadie me avaló. No le debo nada a ningún grupo de presión. Represento a los votantes, y esa es una sensación maravillosa, maravillosa”, indicó.

Al completar el primero de los cuatro años de su mandato Robinson comentó: “mis metas principales son lograr que las pequeñas empresas tengan su parte justa del mercado, ver que las empresas de mujeres tengan su parte justa en el mercado, ver que esas minorías que tienen empresas no solamente tengan su parte justa del mercado, sino que tengan las mismas ventajas para ampliar sus horizontes que gozan aquellas que no son minorías”.

Miembro de lo que ella describe como el “grupo de sabios de más de 60 años”, Robinson admitió con orgullo: “Tengo 69 años, pero todavía no estoy terminada”.

Jane Morse
Redactora del Servicio Noticioso desde Washington

 
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